El puerto petrolero libio de Ras Lanuf sigue ardiendo tras el ataque del Estado Islámico

El humo sale de los depósitos del puerto libio de Ras Lanuf.
El humo sale de los depósitos del puerto libio de Ras Lanuf.

Los bomberos siguen tratando de controlar el incendio que consume parte de los depósitos petroleros de la terminal de Ras Lanuf, que fue atacada hace 48 horas por terroristas del Estado Islámico.

Los bomberos siguen tratando de controlar el incendio que consume parte de los depósitos petroleros de la terminal de Ras Lanuf, que fue atacada hace 48 horas por terroristas del Estado Islámico.

En declaraciones a Efe, el coronel Bashir abu Dafira, portavoz de las fuerzas de Seguridad en la vecina localidad de Ajdabiya, explicó que aún se trabaja para apagar el fuego en los cinco depósitos que se incendiaron durante el ataque.

"En la zona todavía hay combates y ataques"del Estado Islámico, aseguró la fuente, que se quejó de la falta de apoyo tanto del gobierno de Trípoli como de sus rivales en Tobruk y de la propia comunidad internacional, "que dice que esta combatiendo contra el terrorismo".

Según fuentes de seguridad en Ajdabiya, el ataque lo cometió un grupo armado que logró penetrar en el puerto y hacer detonar un explosivo que afectó a cinco de los 12 depósitos.

Los yihadistas emprendieron hace más de una semana una ofensiva para tratar de hacerse con el control de los puertos petroleros de Sidrá y Ras Lanuf, los más importantes del país, que tienen bajo asedio.

Libia es un Estado fallido, víctima de la guerra civil y el caos, desde que en 2011 la comunidad internacional apoyara militarmente el alzamiento rebelde contra la dictadura de Muamar al Gadafi.

Desde las últimas elecciones, el poder está dividido entre Tobruk y Trípoli, gobiernos a los que apoyan distintos grupos islamistas, señores de la guerra, líderes tribales y contrabandistas de armas, petróleo, personas y drogas.

Del enfrentamiento se aprovechan grupos yihadistas vinculados al EI y a la organización de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que han ganado terreno y extendido su influencia al resto del norte de África.

Los yihadistas controlan la ciudad oriental de Derna, vecina con Egipto, y la costera de Sirte, a unos 450 kilómetros de la capital, y han logrado penetrar también en la disputada Bengazi y en el extrarradio de Sabratah, localidad a medio camino entre Trípoli y la frontera con Túnez.