El Rey Juan Carlos I y Nelson Mandela hombres del destino para la UNESCO

Óleo de Simón Bolívar, de la autora Irene Iribarren, que integra la muestra «El sueño de Simón Bolívar»
Óleo de Simón Bolívar, de la autora Irene Iribarren, que integra la muestra «El sueño de Simón Bolívar»

Con motivo de la Fiesta Nacional, instituido como Día de la libertad en Sudáfrica, que conmemora hoy el veinte aniversario de la Democracia, conviene recordar el simbolismo que tuvo el «Premio Internacional Simón Bolívar de la UNESCO», concedido en 1983 a un Mandela estando encarcelado y a Don Juan Carlos I, Rey de España, que fue quien lo recogió en solitario, galardón que les fue otorgado a ambos por haber efectuado, «actividades que hayan contribuido a la libertad, independencia y dignidad de los pueblos». La vida de Madiba como le llamaban cariñosamente los sudafricanos se extinguió en diciembre de 2013 y ahora el largo reinado de Don Juan Carlos toca a su fin en junio de 2014. Dos estadistas que soñaron ver a sus pueblos conquistando la dignidad. Mandela terminando con el oprobioso régimen del apartheid que constituía una afrenta a los más elementales derechos humanos y Don Juan Carlos acabando con una dictadura y tratando de poner siete candados al quebranto y barbarie de la guerra civil española y unificar las dos Españas. No era fácil desmontar el régimen autocrático y conseguirlo sin pagar un alto precio de derramamiento de sangre y desgarro social. Elegir al presidente Suárez para pilotar este proceso fue una maniobra genial. Solucionar el dilema entre revolución o ruptura, le consagró como un maestro de la alta política. La UNESCO supo elevar a símbolos la trayectoria de estos dos grandes hombres acumulando sus gestas y el impacto de su liderazgo en sus dos países. Mandela ha sido homenajeado y recordado en todo el mundo. Tuve ocasión de conocerle y compartir con él una larga cena en el Hotel Ritz de Madrid, representando al Comité Antiapartheid de España junto a los lideres sindicales Camacho y Redondo en el verano de 1983 y lo que más me llamó la atención fue su petición de visitar Toledo y su famoso Alcázar que había consagrado la figura de un coronel que sacrificó a su mismo hijo antes que a sus ideales. Era un hombre consciente de su papel histórico y que aspiraba a la reconciliación entre las diferentes comunidades de su país. Don Juan Carlos ha comulgado también toda su vida inspirado por su padre Don Juan en los ideales de la reconciliación de todos los españoles. Ambos prohombres deseaban también prosperidad y bienestar para sus países y por ello han sido honrados y admirados por la comunidad mundial. Sirvan estas líneas como un pequeño homenaje a un Rey de España que alcanzó fama en los cinco continentes llevando el nombre de su país a todos los rincones del planeta y cuya bandera ha sido la dignidad nacional.