Grecia se queda sola ante una situación límite

Alberga a más de 36.000 migrantes, concentrados en la frontera, Atenas y las islas

Un grupo de refugiados ondea una bandera alemana en la frontera entre Grecia y Macedonia, cerca de Idomeni
Un grupo de refugiados ondea una bandera alemana en la frontera entre Grecia y Macedonia, cerca de Idomeni

Alberga a más de 36.000 migrantes, concentrados en la frontera, Atenas y las islas

La decisión de los líderes europeos de mantener cerrada la ruta de los Balcanes deja a Grecia en una situación límite. A la depauperada situación económica se suma ahora una crisis humanitaria que amenaza con convertir al país en un lugar de acogida permanente. De hecho, para albergar a los más de 36.000 refugiados y migrantes atrapados en su territorio, el Gobierno anunció ayer la puesta en marcha inmediata de 15 nuevos centros de acogida.

Uno de los centros de tensión es el paso fronterizo de Idomeni que conecta con Macedonia y que continúa desbordado: 14.000 personas malviven, sin apenas mantas ni comida, en tiendas de campaña que se montan en el barro a la espera de que se abra una frontera que ayer estuvo cerrada. Hace dos días, según fuentes policiales griegas, sólo cruzaron unos 160 sirios e iraquíes, las únicas nacionalidades que tienen permitido el paso. Eso sí, unos y otros deben proceder de zonas de combate, ya que los orignarios de las capitales –Damasco y Bagdad– o de otras zonas del país tienen vetada la entrada, ya que las autoridades macedonias las consideran zonas seguras. Así lo confirma a este periódico Babar Baloch, miembro del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR): los originarios de «ciertas zonas de Siria e Irak» están siendo rechazados sin que se les proporcionen «argumentos consistentes», dice.

Manal llegó desde Damasco y no entiende cómo su antiguo hogar, donde su marido fue asesinado, puede considerarse un enclave seguro. Se confiesa de-sesperada y dice que no esperaba esta respuesta de Europa, que, en su opinión, se está posicionando al lado del presidente sirio Bashar al Asad. Para dar una respuesta a personas como él, el Ejecutivo de Alexis Tsipras ha planeado la puesta en marcha de 17.500 nuevas plazas en centros que se ubicarán en los alrededores de Atenas y en la región central, donde se hacinan la mayoría de los llegados. Con los recintos de la capital desbordados, la única opción para muchos es dormir en el puerto de El Pireo, donde hay más de 3.000 personas, y adonde a diario llegan nuevos migrantes que desembarcan procedentes de las islas. «Los voluntarios nos ayudan mucho. Nos dan comida y leche, pero es difícil dormir aquí, en el suelo, y el agua de las duchas está congelada», cuenta Roshem, una mujer siria que viaja junto a sus dos hijas y su marido. Vigila en todo momento sus pertenencias, que se amontonan en torno a las mantas que les sirven de cama.

La familia Abdo lleva cinco días en El Pireo y asegura que se quedará hasta que la situación en Idomeni mejore. Saben por amigos que allí las condiciones son aún peores. «Al menos aquí no nos falta comida y tenemos un techo», afirma Roshem, que acto seguido se despide corriendo porque se va con sus hijas a casa de una voluntaria. Les han ofrecido darse una ducha caliente.

La gravedad de la situación ha movido a muchos griegos como Efi a acercarse hasta el puerto para prestar su ayuda. «Buscaba en internet colectivos que ayudasen a refugiados y vi que había necesidad de gente en El Pireo, así que no me lo pensé. Cogí un tren y un autobús, porque vivo lejos, y me puse a preguntar qué necesitaban», cuenta esta profesora de francés, que explica que reparten ropa y comida que preparan a base de lo que la gente les lleva.

El centro de Elinikón, en el antiguo aeropuerto de Atenas, es otro punto de acogida. Alberga en tres pabellones a más de 4.000 personas. Otros duermen al raso en la plaza de Victoria, probablemente el lugar más duro y adonde muchos griegos se acercan para llevarles comida y artículos de aseo. Éste y el de El Pireo son sus primeros destinos tras alcanzar las islas. Pero los botes continúan cruzando el Egeo desde Turquía. En las islas hay aún más de 7.000 solicitantes de asilo esperando llegar al continente. Si se cumplen las peores previsiones, en semanas podría haber en suelo griego 100.000 personas atrapadas.