«Hay pánico a una réplica. La mitad de la gente duerme en la calle»

Voluntarios y servicios de emergencia se afanan por encontrar supervivientes
Voluntarios y servicios de emergencia se afanan por encontrar supervivientes

Asier lleva meses de mochilero por varios países de la zona. El terremoto, que se ha cobrado la vida de 2.500 personas, le sorprendió durante la mañana del sábado cuando volvía desde el circuito del Annapurna hasta Pokhara, donde se encuentra. «Medio Pokhara está durmiendo en la calle. Aquí hay luz y agua, no falta de nada. Los cimientos son buenos. Ha aguantado bastante bien», indica a LA RAZÓN Asier, quien imagina que en Katmandú la situación es bien distinta. Se ha criado en Colmenar Viejo y, a sus 34 años, se nota que tiene un espíritu aventurero y valiente, pues no sólo no piensa volver hoy en el avión que ha fletado Exteriores, sino que ha prolongado su visado otros quince días. «Otros dos españoles y yo queremos irnos a Katmandú, pero a ayudar», afirma Asier. «En cuanto pasen los temblores» pondrá rumbo a la zona cero del peor terremoto en Nepal de los últimos 80 años. En Pokhara «hay rumores de que va a haber otro seísmo y la gente está bastante paranoica», aunque, según Asier, sobre todo están preocupados por sus familiares y amigos en Katmandú. En la capital nepalí, viven regularmente más de sesenta españoles, aunque hay, al igual que Asier, alrededor de 200 turistas se encontraban en Nepal de viaje. Entre los residentes hay unos seis o siete que trabajan en la constructora Grupo San José. Están al frente de una importante obra de ampliación y remodelación del aeropuerto internacional de Katmandú. Ingenieros, un jefe de obra, un topógrafo, un financiero... Ayer estaban en sus oficinas esperando a ser trasladados. Además, como confirma tanto el padre del ingeniero Miguel Ángel Higuera como la constructora, sus oficinas acogieron durante la noche a más españoles para que hoy, a primera hora, puedan salir de vuelta a Madrid. Al cierre de esta edición una treintena de españoles se encontraba allí, quince relacionados con San José (algunos trabajadores llevan tiempo en Nepal y se fueron con sus familias) y otros quince españoles que no tienen nada que ver con la empresa constructora. «Mi hijo está muy cansado, está agotado. Lo que han vivido ha sido durísimo. Estoy deseando que vuelva», explica a este periódico Miguel Higuera. «Lleva cuatro años fuera de España [antes de Nepal estuvo en India y Timor Oriental] y en los últimos cinco meses ha tenido una fiebre tifoidea, una intoxicación... Y ahora lo del terremoto... Es que es un chico muy lanzado, yo lo entiendo, pero tiene que salir de allí», confiesa Higuera desde su hogar en Córdoba. Aun así, da gracias porque está vivo. «En cuánto me enteré del terremoto, me puse como loco para intentar dar con él, hasta que por fin lo localizamos y gracias a Dios pudimos hablar». El seísmo también sorprendió a tres becarios del ICEX de la oficina de Nueva Delhi y a la mujer de uno de ellos. Estaban de vacaciones, pues está a tan sólo una hora y cuarenta minutos en vuelo desde India. Aterrizaron en Katmandú y a las pocas horas se produjo el terremoto de 7,8 grados. Desde el ICEX confirman que los cuatro están sanos y salvos. Desde el Everest, Javier Camacho ha narrado su dura experiencia a través de su blog. Ayer, él y su compañero alpinista Ricardo Fernández pasaron la noche en la tienda comedor y «tuvieron que salir dos veces para refugiarse porque la tierra volvía a temblar débilmente». No han tenido la suerte de localizar tan rápido a sus seres queridos los familiares de los 114 turistas que el Gobierno español tampoco ha sido capaz de encontrar. Paloma González, la pareja del montañero asturiano Sabino Fernández, todavía no ha hablado con él. «Hemos movilizado a nuestra gente, a los conocidos allí, a los sherpas, y hemos hablado con el Gobierno del Principado y con la Embajada en Nueva Delhi, pero todavía nada, no sabemos nada de él y de sus tres compañeros montañeros asturianos». Sabino forma parte de un grupo de cuatro asturianos montañeros, Ensidesa, que se encontraba en el valle de Langtang y Kiamjin Gonba cuando tuvo lugar el terremoto. Sus familias tienen esperanzas y reconocen que las comunicaciones son difíciles después del seísmo y más si estaban en un Parque Natural a 80 kilómetros de Katmandú. «Somos optimistas», asegura Paloma desde Avilés. «Espero que el martes, cuando termina la ruta, puedan ponerse en contacto con nosotros».