Hillary quiere a Obama en su campaña, pero Al Gore no quiso a Bill

Clinton ve en esta campaña a un Obama capaz de apelar a los indecisos y afianzar su bueno relación con la comunidad afroamericana

El presidente de EEUU, Barack Obama, hará campaña junto a Hillary Clinton, pero no todos los candidatos presidenciales han recurrido a los mandatarios en el cargo como compañía en su periplo electoral, como ocurrió con Al Gore y su marido, Bill Clinton.

El presidente de EEUU, Barack Obama, hará campaña junto a la aspirante demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, pero no todos los candidatos presidenciales han recurrido a los mandatarios en el cargo como compañía en su periplo electoral, como ocurrió con Al Gore y su marido, Bill Clinton.

Clinton ve en esta campaña a un Obama capaz de mejorar sus números, apelar a los votantes indecisos y afianzar su bueno relación con la comunidad afroamericana, un nicho electoral que la ex secretaria de Estado domina, pero el mandatario puede mejorar.

Uno de los grandes logros del presidente cuando ganó las elecciones presidenciales en 2008 fue devolver a los demócratas algunos distritos y condados que habían sido históricamente republicanos, como es el caso de la localidad de Green Bay, en Wisconsin, donde Clinton y Obama se estrenarán este miércoles en un mitin conjunto.

Así, la ex secretaria de Estado no ha dudado en buscar la ayuda del presidente para los cinco meses que restan de campaña, aprovechando sus altos índices de aprobación y su más que demostrada destreza electoral.

Sin embargo, no todos los aspirantes presidenciales han echado mano de los mandatarios que se encontraban en el cargo cuando hacían campaña por llegar a la Casa Blanca, como ocurrió, sin ir más lejos, con el expresidente Bill Clinton (1993-2001) y quien fuera su vicepresidente en la Casa Blanca, Al Gore, en 2000.

El día que Gore declaró formalmente su candidatura a la Presidencia en junio de 1999, la cadena ABC transmitió una entrevista con él en la que se distanció repetidamente del entonces presidente, expresando su decepción por el comportamiento de Clinton con Monica Lewinsky, la becaria de la Casa Blanca con la que había tenido relaciones personales.

Gore hizo campaña alejado de Clinton, quien pasó sus últimos meses en el cargo ocupado únicamente en temas del Gobierno, una decisión que, según dijeron en ese tiempo sus amigos más cercanos, frustraba al exmandatario.

Clinton, conocido por sus dotes oratorias, creía firmemente que podía ser de ayuda a Gore en la carrera tan ajustada contra George W. Bush, y que finalmente perdió en un agónico recuento en Florida, el pistoletazo de salida para ocho años de Gobierno republicano.

Con el paso de los años, las rencillas entre Clinton y Gore parecen no haberse solucionado y, pese a la gran relación que el vicepresidente mantenía con la entonces primera dama, Gore aún no ha dado su respaldo oficial a Hillary Clinton para que se convierta en la próxima inquilina en la Casa Blanca.

Algo similar ocurrió con la candidatura del senador republicano John McCain en 2008, cuando se enfrentaba a un joven senador Barack Obama al término de los dos mandatos de Bush (2001-2009), aunque en este caso la distancia tenía más que ver con una cuestión estratégica.

Las dos legislaturas de George W. Bush, en las que Estados Unidos vivió los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York y las consiguientes guerras en Afganistán e Irak, se sumaban a la incipiente crisis económica a la que se enfrentaba el país, por lo que el senador no quiso que le identificaran con el presidente.

Conscientes de ello, el día que Bush hizo formal su apoyo al senador, los demócratas publicaron un vídeo haciendo hincapié en que un mandato de McCain únicamente implicaría el continuismo de los años anteriores, un discurso totalmente opuesto al mensaje de esperanza que enarbolaba la campaña de Obama en aquella disputa.

Las circunstancias a las que se enfrenta Hillary Clinton hoy son totalmente distintas, ya que no sólo abraza las comparaciones con el actual presidente, sino que manifiesta abiertamente que si llega a la Casa Blanca será para proteger y continuar el legado de Obama.