Kirchner se resiste a dejar el poder en manos de Scioli

La presidenta «coloca» a su séquito en las listas del Congreso para mantener su influencia

El candidato oficialista, Daniel Scioli, en el mitin de cierre de campaña
El candidato oficialista, Daniel Scioli, en el mitin de cierre de campaña

Dos mil novecientos veintidós días después de asumir la presidencia, Cristina Fernández de Kirchner dejará el poder de Argentina el próximo 10 de diciembre y el rumbo que tomará su carrera política es incierto. Alejada de la Casa Rosada, la sede del Gobierno, los partidarios de su gestión esperan que desde su residencia en la provincia patagónica de Santa Cruz, a 2.500 kilómetros al sur de Buenos Aires, marque el camino que recorrerá el todavía gobernante Frente para la Victoria (FpV), el espacio fundado en 2003 por su esposo, el fallecido Néstor Kirchner, y que muchos esperan que conduzca el hijo mayor del matrimonio, Máximo.

En julio, la presidenta desestimó la posibilidad de competir en los comicios que mañana podrían definir a su sucesor. Cuando se especuló con que buscaría lograr un sitio en el Parlamento de Mercosur (Parlasur) o dirigir el bloque legislativo en el Congreso, ella se echó a un lado. Antes de hacerlo tomó una decisión fundamental para la continuidad o no de su proyecto: impulsó como único candidato de su espacio a Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, el distrito más extenso, poblado y poderoso económicamente del país. Su determinación frenó las aspiraciones presidenciales del ministro del Interior, Florencio Randazzo, que pregonaba ser el elegido de la jefa de Estado contra Scioli en las elecciones primarias del 9 de agosto. A cambio, la mandataria logró que el candidato a vicepresidente de Scioli fuese Carlos Zanini, su incondicional secretario Legal y Técnico, el mismo cargo que había ocupado en la gestión de Néstor Kirchner (2003-2007).

Cristina Fernández y Scioli han mantenido históricas disputas en los últimos doce años. Es por eso que se pensó que el gobernador bonaerense no obtendría el respaldo político del kirchnerismo. Por el contrario, la presidenta le despejó el camino interno y hasta lo acompañó en numerosos actos de campaña. Pese a esto, en sus últimos discursos Scioli realizó anuncios de medidas que pondrá en práctica si llega a presidir Argentina que no parecen seguir el trazo del kirchnerismo. Mantendrá en su futuro gabinete a unos pocos funcionarios actuales, pasará a gran parte de sus colaboradores en la provincia de Buenos Aires al Gobierno central y no deja lugares libres relevantes para que sean ocupados por dirigentes políticos de La Cámpora, la agrupación juvenil que conduce Máximo Kirchner y que tiene en sus filas, entre otros nombres, al ministro de Economía, Axel Kicillof.

Los kirchneristas «puros» esperan que la mano de la jefa de Estado se note en la Cámara de Diputados. Para eso gestionó con el propio Scioli ubicar en los lugares más importantes de los candidatos legislativos a los jóvenes que la acompañaron en gran parte de su segundo tramo de Gobierno.

Durante sus ocho años de gestión, Cristina Fernández de Kirchner ha sufrido la muerte de su esposo (hace un lustro), vivió el nacimiento de dos nietos y padeció algunos problemas de salud: fue operada dos veces, una de ellas por un cáncer en la tiroides. Oficialistas y opositores coinciden en que, para bien o para mal, esta política de raza de 62 años nunca ha dejado sueltas las riendas políticas del país.