La ampliación del Canal, en su etapa final tras superar la crisis financiera

La ampliación del Canal de Panamá se encuentra en su etapa final tras superar un año complicado por dos paralizaciones totales de las obras, una de ellas debida a un conflicto entre el consorcio ejecutor y la administración de la vía interoceánica. El proyecto, con un valor global de 5.250 millones de dólares, está desarrollado en más de un 80 %, y se espera que esté terminado a finales de 2015, y las nuevas esclusas operativas a inicios de 2016, ha dicho la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).

La ampliación ha superado varios escollos desde su inicio en 2007, pero este año sufrió dos paralizaciones, la primera por un conflicto contractual entre la ACP y el Grupo Unidos por el Canal (GUPC), liderado por la española Sacyr y a cargo de la construcción del nuevo juego de esclusas, y la segunda por una huelga nacional de los obreros de la construcción.

Las obras acumulan un retraso de 18 meses respecto a la fecha de finalización prevista inicialmente, fijada para mediados de este año, poco antes del Centenario del Canal celebrado el pasado agosto.

La paralización total del proyecto en febrero pasado fue el corolario de una ralentización de los trabajos por parte de GUPC que comenzó a finales de 2013.

El consorcio argumentaba que costes extraordinarios calculados en 1.600 millones de dólares, derivados de imprevistos atribuibles a información geológica "inexacta"de la ACP, le había dejado sin liquidez.

La ACP nunca aceptó la cifra de sobrecostos presentada por el GUPC por considerarla "desproporcionada y no sustentada", y amenazó con rescindir el contrato que habían firmado en 2009 por 3.118 millones de dólares para el diseño y construcción de las nuevas esclusas.

El administrador de la ACP, Jorge Quijano, siempre mantuvo la postura de que el consorcio debía utilizar los mecanismos previstos en el contrato para los reclamos económicos, que incluyen una especie de arbitraje internacional donde ahora mismo se resuelve una de esas reclamaciones, de cerca de 500 millones de dólares, según la información disponible.

"Lo único que estamos pidiendo es ayuda (...) lo que ambos (GUPC y ACP) decimos es que vamos a respetar estrictamente el contrato, que tiene unos mecanismos de cómo se solucionan"las reclamaciones económicas, aunque "tardan más"que la ejecución de la obra, dijo en enero pasado en una entrevista exclusiva con Efe el presidente de Sacyr, Manuel Manrique.

El conflicto contractual se solventó en marzo con un "acuerdo conceptual"que se firmó formalmente el 1 de agosto pasado y que incluye, entre otros, una financiación adicional para el GUPC por 400 millones de dólares así como el desembolso de un nuevo adelanto por parte de la ACP de 100 millones de dólares.

La paralización dejó a la ACP un lucro cesante de unos 300 millones de dólares, según Quijano, y generó en Panamá un sentimiento de unidad nacional en torno a la vía interoceánica, por donde pasa cerca del 6 % del comercio mundial.

Pero cuando comenzaba a retomarse el ritmo de trabajos en la ampliación estalló, el 23 de abril pasado, una huelga nacional obrera por reivindicaciones contractuales que volvió a detener las obras durante 15 días.

Sobre el impacto de esa nueva paralización de los trabajos de la ampliación nunca se informó oficialmente, aunque Quijano llegó a decir que el Canal perdía un millón de dólares diarios por el nuevo conflicto.

El GUPC dijo por su parte que presentaría "oportunamente"una reclamación, porque el paro obrero escapaba "completamente de su responsabilidad y control".

Desde entonces, tanto la ACP como el GUPC aseguran que el proyecto de las nuevas esclusas avanza a pleno ritmo y sin contratiempos.

Las últimas cuatro compuertas, del total de 16 del nuevo juego de esclusas, llegaron en noviembre pasado y fueron recibidas por el presidente panameño, Juan Carlos Varela, que calificó el momento de histórico.

Las compuertas son estructuras monumentales, con dimensiones máximas de 33 metros de altura, 10 metros de ancho y 4.232 toneladas de peso.

La ampliación permitirá el paso de barcos Postpanamax, de hasta 12.600 contenedores, casi el triple de lo actual, y abrirá un nuevo mercado para el Canal: el transporte de gas natural licuado (GNL) por parte de empresas de Japón, el segundo usuario más frecuente de la vía.

"Esta es una oportunidad para el Canal y también para Japón para suplirse de energía. Para ellos representa una vía más corta cuando transportan producto estadounidense desde el Golfo de México", dijo Quijano el pasado 20 de noviembre en Tokio.