La conexión rusa marca a la ultraderecha austriaca

El escándalo del FPÖ podrá restar fuerzas a la extrema derecha en los comicios de hoy y en las legislativas adelantadas a septiembre.

El canciller austriaco, el conservador Sebastian Kurz, afronta una moción de censura mañana en el Parlamento
El canciller austriaco, el conservador Sebastian Kurz, afronta una moción de censura mañana en el Parlamento

El escándalo del FPÖ podrá restar fuerzas a la extrema derecha en los comicios de hoy y en las legislativas adelantadas a septiembre.

En agosto, antes de continuar su viaje a Berlín para reunirse con Angela Merkel, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, asistió a la boda de la ministra de Exteriores de Austria. En medio de grandes medidas de seguridad, Karin Kneissl, que asumió la cartera como independiente, pero propuesta y apoyada por el ultranacionalista Partido Liberal (FPÖ), se casó con el empresario Wolfgang Meilinger. Como obsequio a los novios, el presidente ruso presentó la actuación de un coro de diez Cosacos del Don. Una visita que, aun corta y excusada en el ámbito privado, levantó multitud de controversias. De hecho, el gesto de proximidad en el que no faltó un baile con la novia despertó críticas dentro y fuera de Austria, que presidía la UE y que, en base a su neutralidad constitucional, intentaba mediar en el conflicto entre Ucrania y Rusia. No obstante, el hecho –que levantó el interés tanto de la prensa tradicional como de las revistas de crónica social–, no pasó desapercibido para muchos analistas que ya entonces vieron en Rusia el espejo en el que se miraron los populistas austriacos, así como algunos de sus amigos europeos. Un reflejo que estalló hace unos días a raíz de un vídeo grabado en 2017 en Ibiza en el que se ve al ya ex líder del FPÖ, Heinz-Christian Strache, negociando con representantes de un supuesto oligarca ruso la concesión de contratos públicos a cambio de donaciones al partido. Solo la ministra de Exteriores sobrevivió al cambio de gabinete porque supo bailar el vals con Putin; del resto, cayeron todos.

El FPÖ es cercano al partido del mandatario ruso desde hace años y en el vídeo de Ibiza queda más que claro cuán lejos ha llegado esa cercanía. Una cuestión que, según medios alemanes como Deutsche Welle, se basa en la admiración de los ultraderechistas hacia Putin «porque quieren ser como él: liberarse del lastre de la democracia, gobernar con poder absoluto, ser señores sobre la vida y la muerte, sobre fiscales y jueces, y especialmente ser ricos, muy ricos».

Es evidente que la derecha austriaca ha mantenido estrechos lazos con el Kremlin durante años. Una relación que se intensificó a partir de 2007, cuando el FPÖ comenzó a felicitar regularmente al partido de Putin por sus victorias e incluso, un año después, cuando apoyó la intervención militar rusa en Georgia. Siguieron invitaciones al Kremlin e incluso las controvertidas visitas de los políticos del FPÖ a Chechenia. En 2016, incluso firmaron un acuerdo de cooperación entre ambos partidos. Cuanto más aislada estaba Rusia a nivel internacional, más fuertes se volvieron los contactos. Así lo asegura en declaraciones a DW, Anton Shekhovtsov, un investigador ucraniano centrado en la influencia de Moscú sobre los extremistas de derecha en Europa. «Las organizaciones y partidos extremistas de derecha están entre las pocas fuerzas políticas en Europa que aún coopera con el Kremlin», asegura. Una cooperación ansiada por Rusia que, más que nunca, necesita aliados en Europa y de la que formaron parte los políticos del FPÖ cuando se reunieron con la supuesta sobrina de un oligarca ruso.

De esa cita ya se conocen los nombres de los perjudicados, pero no la autoría. El Kremlin indicó que Rusia «no tiene nada que ver» con el escándalo y la revista alemana «Der Spiegel», uno de los medios que primero airearon el caso, no ha querido dar más detalles sobre la procedencia de una grabación que ha puesto en jaque, y a escasos días de las elecciones europeas, al Gobierno austriaco, pero sobre todo la posición de los partidos populistas europeos. De hecho, y aunque hay opiniones divergentes en cuanto a si el escándalo del FPÖ en Austria costará hoy votos a la derecha populista, se da por seguro que habrá un efecto, aunque es difícil predecir su magnitud. El FPÖ, por lo pronto, modificó de inmediato su campaña tras estallar el escándalo. Su candidato al Parlamento Europeo, Harald Vilimsky, presenta ahora a su partido como víctima de una campaña de «medios izquierdistas».