Política

La corrupción acorrala a Erdogan y fuerza la dimisión de tres ministros

El primer ministro turco se ve obligado a reformar la mitad de su Ejecutivo

El primer ministro turco, Tayyip Erdogan, ayer, en un encuentro con miembros de su partido en Ankara
El primer ministro turco, Tayyip Erdogan, ayer, en un encuentro con miembros de su partido en Ankara

El primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan, se encuentra de nuevo en aprietos, golpeado por un enorme escándalo de corrupción que está haciendo temblar los cimientos de su Gobierno, que siempre había ofrecido una imagen de rectitud basada en sus valores islámicos y que ayer tuvo que ser reestructurado. Tres ministros del gabinete de Erdogan presentaron su dimisión ayer después de que sus hijos se hayan visto implicados en un gran caso de corrupción urbanística y financiera. Un alto directivo del banco público Halkbank también ha caído, después de que la Policía turca encontrara en su casa más de tres millones de euros en efectivo guardados en cajas de zapatos, según muestran las imágenes difundidas por los medios locales.

Cerca de un millón de euros fue encontrado también en la vivienda del hijo del ministro del Interior, Muammer Guler, que dimitió ayer por la mañana, seguido del titular de Economía, Zafer Caglayan, y del ministro de Medio Ambiente, Erdogan Bayraktar. Este último pidió a Erdogan que dimita también, ya que el jefe del Ejecutivo estaría plenamente informado de varios de los proyectos inmobiliarios que están siendo investigados.

Pero el primer ministro no tiene ninguna intención de hacerlo: desde que estalló el escándalo el pasado 17 de diciembre, Erdogan ha mantenido su típica actitud desafiante y arrogante y, lejos de asumir responsabilidades, ha dicho que las investigaciones se enmarcan en una campaña para desacreditar al Gobierno y sus logros. El crecimiento económico y el desarrollo que ha experimentado Turquía bajo el mando del partido islamista AKP no han estado exentos de polémica, pero Erdogan siempre ha presumido de liderar un Gobierno libre y justo, en una región donde la corrupción es la norma. Ayer se limitó a anunciar una inminente remodelación de su gabinete, y al igual que hiciera en la crisis desatada por las protestas antigubernamentales del pasado mes de junio, asegura que existe una gran conspiración contra él, en la que participan la judicatura, la Policía, los medios de comunicación e incluso entes internacionales. Erdogan ha apuntado hacia la propia embajada estadounidense en Ankara y contra su viejo enemigo, Fetulá Gulen, destacado pensador islamista, que se encuentra exiliado en EE UU pero que cuenta supuestamente con una amplia red de seguidores en las instituciones estatales.

El ministro de Economía, Caglayan, también habla de un «plan» contra el Ejecutivo y el partido AKP en el comunicado que emitió ayer anunciando su dimisión. «Dejo mi puesto para arruinar este plan y que la verdad salga a la luz», escribió el titular de Economía, asegurando que el dinero encontrado en posesión de su hijo procedía de la venta de una mansión. Tanto Erdogan como sus ministros han denunciado que las investigaciones son parciales y las pruebas están falsificadas, mientras que el Ejecutivo ha empezado una campaña en contra de los oficiales que han trabajado en este caso. La macroinvestigación se ha llevado a cabo de forma secreta hasta que empezaron los registros y arrestos, que cogieron por sorpresa a los implicados y al propio Gobierno. Desde entonces, los dirigentes políticos han apartado de sus cargos a decenas de mandos y agentes policiales que han participado en la operación, incluido el jefe de la Policía de Estambul, acusado de «abuso de poder», así como otros considerados «enemigos» y que estarían vinculados a Gulen. A la Prensa se le ha prohibido entrar a las sedes de la Policía, en un intento de esconder el conflicto que está sacudiendo esta institución que, junto al Ejército –tradicional guardián del laicismo en Turquía– y a la judicatura, ha sido hostil o no del todo fiel al Gobierno islamista de Erdogan.

Este gran escándalo deja en evidencia al partido gobernante a pocos meses de las elecciones municipales, que serán una prueba clave para Erdogan, después de que sobreviviera a la denominada «primavera turca», gracias al apoyo de una mayoría de la población que ha confiado en el AKP en los últimos diez años. Ante el descontento general, a última hora de ayer, el primer ministro turco se vio en la obligación de convocar una rueda de prensa para aunciar la remodelación de su Gobierno. 10 nuevos ministros entraron a formar parte del nuevo Ejecutivo, con el que pretenden aplacar las críticas generalizadas. Erdogan anunció la nueva composición del gabinete tras una reunión de casi hora y media con el presidente, Abdullah Gül, y apareció ante las cámaras visiblemente desmejorado. Las horas de incertidumbre entre las dimisiones y los nuevos nombramientos demostraron que el escándalo ha dejado a Erdogan en entredicho incluso entre sus correligionarios. Entre los nuevos nombres no hay ningún peso pesado del AKP, el partido en el Gobierno, excepto Bekir Bozdag, hasta ahora viceprimer ministro y ahora transferido a Justicia. Mevlüt Çavusoglu, entre 2010 y 2012 presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, será el nuevo titular de Asuntos Europeos, en reemplazo de Egemen Bagis, hasta ahora uno de los ministros más influyentes del gabinete. También cambian los titulares de Familia, Transportes, Infraestructuras y Ciencia, y se nombra un nuevo viceprimer ministro, un total de diez cambios sobre los 25 cargos ministeriales.

La avaricia rompió el saco

Zafer Caglayan ministro de Economía

Fue el primero en anunciar su marcha acosado por varios escándalos de corrupción.

Muammer Güler ministro de Interior

Dice que puso su cargo a disposición de Erdogan hace una semana. Su hijo guardaba un millón de euros en su casa.

Erdogan Bayraktar ministro de Medio Ambiente y Urbanismo

Fue el último en confirmar su salida y el único que también deja su escaño en el Parlamento.