Internacional

La hora de la verdad en el Brexit

Hasta los parlamentarios británicos más radicalmente rupturistas con la UE son conscientes de que el tiempo de las tácticas dilatorias como parte de la estrategia negociadora con la UE ya ha concluido

Hasta los parlamentarios británicos más radicalmente rupturistas con la UE son conscientes de que el tiempo de las tácticas dilatorias como parte de la estrategia negociadora con la UE ya ha concluido

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A tan sólo unas horas del Consejo Europeo en que se debía decidir la posición de la Unión Europea respecto de una salida del Reino unido sin acuerdo, se alcanzó un acuerdo sobre la frontera de Irlanda del Norte con la República de Irlanda y el resto de la UE. Sin conocer con detalle el acuerdo y a tenor de las declaraciones tanto del presidente de la Comisión, Juncker, como del primer ministro británico, Johnson, el acuerdo alcanzado permitiría abordar el escenario de un Brexit con acuerdo, período transitorio regulado y compromiso de un futuro acuerdo comercial mutuamente ventajoso.

De una parte se mantendría la libre circulación de bienes y servicios entre las dos Irlandas aunque permitiendo que Reino Unido pudiese fijar los impuestos, especialmente el IVA, en Irlanda del Norte, de otra se mantendría la frontera exterior de la UE con el resto de Reino Unido. Además, esta solución sería transitoria mientras se negociara el nuevo acuerdo comercial y, en todo caso, podría concluirse a partir de 2020 por una decisión mayoritaria del parlamento norirlandés, dando así garantías a los unionistas de que no serían rehenes de Bruselas.

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Sin embargo, el acuerdo está muy lejos de ser una realidad jurídica decisiva. De momento ha sido aprobado por el Consejo Europeo, algo previsible ya que esta modificación del pacto originario se ha realizado por el negociador europeo, Michel Barnier, dentro del mandato y las directrices que se aprobaron con su nombramiento. Ello significa que los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros no tienen motivos para cuestionar las condiciones negociadas salvo que se causase un perjucio grave e irreversible a alguno de ellos o al sistema institucional, algo poco probable. Además, si se hubiera producido algún intento obstruccionista por algún país habría sido abortado por el eje París-Berlín.

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Mas problemático se vislumbra el proceso de aprobación por Westminster. La experiencia de estos meses demuestra que las rivalidades dentro del Partido Conservador, gracias a las cuales Johnson ha llegado a ser primer ministro, unidas al antagonismo con el Partido Laborista, con un líder cuestionado por algunas de sus bases, y unos parlamentarios unionistas celosos de su poder local podría dar al traste con el acuerdo alcanzado.

No obstante hasta los parlamentarios británicos más radicalmente rupturistas con la UE son conscientes de que el tiempo de las tácticas dilatorias como parte de la estrategia negociadora con la UE, ya ha concluido. En tan sólo unos días la opción del Brexit sin acuerdo se puede convertir de la opción más probable a la situación definitiva e irreversible. En este escenario parece razonable esperar que la postura intransigente del líder laborista Corbyn se atempere ante el peligro de convertirse en el único responsable del Brexit duro y sus consecuencias. Una abstención de algunos de sus parlamentarios daría cierto margen a la posición de Johnson.

Por su parte los unionistas norirlandeses, enfrentados al Gobierno y una mayoría del Partido Conservador más cohesionados en torno a la última reforma del acuerdo y sin una oposición firme de los laboristas, tendrían poco margen de maniobra parlamentaria. Por tanto, sin descartar el escenario de un posible rechazo de Westminster, parece más realista esperar una aprobación por la mínima. Si ello fuese así el Parlamento europeo avalaría las modificaciones del actual Acuerdo de salida, ya que nadie en la UE quiere un Brexit duro. Porque guste o no, el proceso para la salida de Reino Unido de la UE ha llegado a su estadio final.