La presión de la calle pone contra las cuerdas a Hiriri en Líbano

Los jóvenes llevan once días movilizados para protestar contra la corrupción, la crisis económica y la división sectaria del país de los cedros.

Una pareja de recién casados atraviesa una manifestación antigubernamental en Beirut / Reuters
Una pareja de recién casados atraviesa una manifestación antigubernamental en Beirut / Reuters

Los jóvenes llevan once días movilizados para protestar contra la corrupción, la crisis económica y la división sectaria del país de los cedros.

El primer ministro libanés, Saad Hariri, ha intentado, a toda costa, salvar el barco poniéndose a tapar agujeros, pero ha hecho aguas. La dimisión del Ejecutivo libanes es cuestión de días, lo que aguante la paciencia en la calle En la esfera política se está hablando ya de un Gobierno transitorio que podría estar encabezado por el ex primer ministro Najib Mikat, según una fuente diplomática europea. Pero en la calle el nombre que suena con más fuerza es Ziyad Baroud, antiguo ministro del Interior. Baroud ha calado fuerte en la sociedad civil por su lucha por la descentralización, la reforma de la ley electoral y la construcción de instituciones civiles libanesas.

Desde Trípoli en el norte hasta Nabatiyeh en el sur, cientos de miles de libaneses han salido a las calles de todo el país para exigir la «caída del régimen». Por primera vez en mucho tiempo, los libaneses juntos, sin importar la secta y ni la tendencia política, han hecho tambalear los cimientos del poder.

Desde hace años, Líbano está como una olla exprés a punto de estallar. La inestabilidad económica y la lacra de la corrupción han llevado a una crisis crónica al país del Cedro que arrastra una deuda de 86.000 millones de dólares. Dicen los manifestantes que ha sido el propio agotamiento y la desconfianza total en un Gobierno que, en este caso, ni siquiera se trata de los mismos perros con diferente collar, sino que son los mismos perros de siempre.

Miles de jóvenes están hartos de que las nuevas generaciones «no tengan futuro». Que el hecho de pertenecer a una confesión religiosa marque sus vidas. «Queremos acabar con el sistema sectario. Todos somos libaneses y tenemos los mismos derechos. No hemos aprendido nada de la guerra civil», critica Mohamed.

Además, la crisis se agudizó por los desacuerdos entre partidos a la hora de aprobar los presupuestos de 2020, y así poder liberar los 11.000 millones de dólares acordados por la comunidad internacional en forma de donaciones y créditos blandos, a Líbano a cambio de reformas económicas en la Conferencia del Cedro de París en 2018.

El carácter pacifico de las manifestaciones se ha intentado destruir en varias ocasiones por grupos de simpatizantes de Hizbolá exaltados. Tanto el Movimiento Amal como la milicia proiraní están en contra de la disolución del Gobierno libanes y sus seguidores se han enfrentado a los manifestantes antigubernamentales en varias ciudades. El secretario general de Hizbulá, Hasan Nasrala, advirtió este mismo viernes de que la caída del Gobierno iba a provocar un vacío institucional y el caos.

Tras su discurso, las fuerzas antidisturbios formaron un cordón en la Plaza de Riad El Solh para sacar a manifestantes violentos que buscaban la confrontación con el resto de libaneses que llevan desde hace once días en las calles para protestar pacíficamente contra la corrupción y la crisis económica. Los seguidores de Hizbulá abandonaron la plaza cantando consignas de «ya Abu Hadi», en referencia a Nasrala, mientras los manifestantes gritaban: «¡Queremos la caída del régimen. De todos ellos!».

«Nuestras demandas son claras. Primero de todo queremos la renuncia inmediata de todo el Gobierno y después de la Presidencia, y que se disuelva el Parlamento. Queremos un Gobierno de transición formado por tecnócratas y elecciones anticipadas. No nos iremos hasta haberlo conseguido», explica a LA RAZÓN un cabecilla de las protestas.

A medida que pasan los días, los edificios abandonados de la guerra civil se han transformado en espacios públicos donde se dan charlas, clases magistrales o se hacen intervenciones artísticas. En el emblemático edificio del Huevo, el antiguo cine modernista del Beirut Center, los profesores de la Universidad Americana de Beirut (AUB) están dando charlas magistrales a alumnos y a todos que quieran atenderlas. «Aunque estamos sin clases desde que comenzaron las protestas, aquí estoy aprendiendo más que en la universidad. Los jóvenes libaneses necesitábamos algo así, una revolución, para despertar y ser mejores el día de mañana», señala Sahara, estudiante de Derecho en la AUB.