Política

La UE se resigna a otro bloqueo

En la capital comunitaria pocos esperaban una solución milagrosa al nudo gordiano del Brexit, pero el discurso de May resultó decepcionó a los más pesimistas.

En la capital comunitaria pocos esperaban una solución milagrosa al nudo gordiano del Brexit, pero el discurso de May resultó decepcionó a los más pesimistas.

La montaña parió un ratón. Un ratón de tan pequeño tamaño que resulta difícil de divisar en el horizonte. En la capital comunitaria pocos esperaban una solución milagrosa al nudo gordiano del Brexit, pero el discurso de Theresa May resultó tan carente de nuevas ideas que incluso decepcionó a los más pesimistas. El Ejecutivo comunitario ni siquiera se molestó ayer en emitir una breve reacción vía comunicado o escueto tuit de tres líneas y emplazó al día de hoy a la hora de realizar posibles valoraciones.

En las horas anteriores a la sesión en la Cámara de los Comunes, la prensa británica daba por seguro que la primera ministra presentaría como idea estrella un acuerdo bilateral entre Londres y la República de Irlanda sobre el «backstop» (solución de emergencia para evitar una frontera dura entre las dos Irlandas) e incluso una revisión de los Acuerdos de Viernes Santo para la paz en el Ulster firmados. Si era un globo sonda por parte de Downing Street, la iniciativa nacía ya muerta y no llegó a ver la luz. Antes del discurso, tanto las autoridades irlandesas como el negociador jefe de los Veintisiete, Michel Barnier, dejaron claro que cualquier solución sobre Irlanda pasa por el aval de los Veintisiete y que el acuerdo de divorcio no puede ser renegociado. Si Londres quiere dividir y vencer no se saldrá con la suya.

Según las fuentes consultadas por LA RAZÓN, nada ha cambiado en las últimas horas. Bruselas tan solo está dispuesta a ofrecer una relación futura más ventajosa e introducir cambios en la declaración política sobre este apartado, si Reino Unido dinamita sus «líneas rojas» y apuesta –en un pacto nacional que incluya tanto a conservadores como a laboristas– por la permanencia en el mercado único (modelo Noruega) o en la unión aduanera (Turquía). Un triple salto mortal de la estrategia negociadora británica que no tiene visos de producirse en el corto plazo ante la negativa de los «tories» y la calculada ambigüedad del laborista Jeremy Corbyn.

Ante el panorama nada halagüeño, Bruselas se prepara con resignación para un nuevo período de bloqueo en las negociaciones, con el imparable avance de las agujas del reloj como espada de Damocles. Ni siquiera el discurso de May deja sobre la mesa un calendario claro sobre cuándo piensa acudir a Bruselas para intentar renegociar el acuerdo. Debido la falta de avances al otro lado del Canal de la Mancha, nada indica que los Veintisiete vayan a dar un paso al frente y mostrar algún as en la manga. Tampoco van a ofrecer una nueva prórroga del artículo 50 más allá del 29 de marzo del 2019, si no viene acompañada de un plan claro por parte de Westminster.

Antes de que May pronunciara su discurso, el jefe de la diplomacia española, Josep Borrell, defendió ayer desde Bruselas la necesidad de que la «premier» presentara algo «sustantivamente diferente» y alertó sobre la posibilidad de «cronificar el problema» si se dilatan los plazos «sine die». Como único punto positivo, la eliminación de la tasa de 75 euros a los ciudadanos europeos para recibir el estatus de asentado. El coordinador del Brexit para la Eurocámara, Guy Verhofstadt, se felicitó vía Twi-tter por el anuncio y calló sobre todo lo demás.