La última baza de May para pactar el Brexit

La «premier» británica trata de abortar hoy otro motín en su Gabinete con una nueva propuesta de acuerdo definitivo con Bruselas.

La «premier» británica trata de abortar hoy otro motín en su Gabinete con una nueva propuesta de acuerdo definitivo con Bruselas.

Si en política una semana es un mundo, en las negociaciones del Brexit media hora puede ser toda una eternidad. Apenas quedan cuatro meses para que Reino Unido abandone el bloque comunitario tras 45 años de pertenencia y, a día de hoy, aún no hay atisbo de un acuerdo de divorcio. Nadie sabe con certeza qué es lo que va a pasar porque cuando en Bruselas se ven señales de posible «fumata blanca», en Londres, de repente, todo se viene abajo con una dimisión, una amenaza de revuelta contra la primera ministra, Theresa May, o una masiva manifestación demandando otro referéndum.

La única certeza es que el reloj de arena corre con ritmo desafiante. En este sentido, May está desesperada por conseguir algún tipo de avance que pueda desbloquear las negociaciones y fuerce la ansiada cumbre europea extraordinaria del 25 de noviembre para conseguir cerrar un pacto con los Veintisiete que pueda ser luego ratificado en el Parlamento de Westminster.

De ahí que sea tan importante la reunión que la líder «tory» mantendrá hoy con su Gabinete. Los ministros continúan en una guerra civil que no permite acercar posturas respecto al «backstop» o la solución de emergencia que debe existir para que, en caso de que las futuras negociaciones sobre las relaciones comerciales fracasen, no haya una frontera dura entre la República de Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte.

Si en esta semana May no consigue poner de acuerdo a los suyos, la próxima cumbre europea podría retrasarse hasta diciembre, por lo que las posibilidades de que el eventual acuerdo de divorcio pueda luego ratificarse en Westminster y el Parlamento Europeo antes del 29 de marzo se reducen considerablemente.

El diario económico «The Financial Times» citaba al negociador jefe de la UE, Michel Barnier, asegurando que el acuerdo estaba «casi listo» a expensas de que May lograse obtener en Reino Unido el apoyo suficiente. Sin embargo, el «The Daily Telegraph» aseguraba que en la reunión rutinaria de este martes del Gabinete, los ministros iban a ser informados sobre los planes de contingencia para un escenario de «no pacto» con Bruselas.

Anoche May advirtió de que no firmará un acuerdo a «cualquier precio» y de que todavía quedan obstáculos «significativos». «Las dos partes queremos llegar a un acuerdo, pero aquello que estamos negociando es inmensamente difícil», admitió.

El ambiente, sin duda alguna, será bastante tenso, ya que se trata de la primera reunión del Ejecutivo tras la inesperada dimisión el pasado viernes de Jo Johnson como secretario de Estado de Transportes. Se trata del hermano menos conocido del popular y controvertido Boris Johnson, que en julio también presentó su dimisión como ministro de Asuntos Exteriores en protesta por el Plan de Chequers de May sobre las futuras relaciones de Londres con el bloque.

Los dos hermanos han mantenido dos perfiles muy opuestos respecto al Brexit. Mientras que Jo es pro UE y pidió el voto por la permanencia en el referéndum de 2016, Boris fue la estrella indiscutible de la campaña euroescéptica. Sin embargo, ahora ambos hermanos coinciden en una cosa: el divorcio que está negociando la «premier» no es por el que votaron los británicos.

En su carta de dimisión, Jo aseguró que Reino Unido va camino de un «Brexit incoherente que nos va a dejar atrapados en una relación subordinada con la UE». Se trata de un gran varapalo para la líder «tory», ya que demuestra que el acuerdo de divorcio que está tratando de cerrar con Bruselas no cuenta ni con el apoyo de los «remainers» ni con el de los «brexiters», por lo que tiene difícil sacarlo adelante en Westminster.

Un segundo referéndum

Pero aún hay más, en su declaración Jo matizó que la única solución para arreglar el caos actual es volver a plantear un segundo referéndum para que sea el pueblo quien –dos años después del primer plebiscito y ahora que empieza a dibujarse cuáles serían las futuras relaciones con el bloque– tenga la última palabra. Su postura otorga aún más impulso al moméntum que vive ahora la campaña pro UE «People's Vote», donde, por cierto, también está implicada Rachel Johnson, la hermana de esta peculiar familia política británica. Downing Street asegura por activa y por pasiva que bajo ninguna circunstancia se celebrará un segundo plebiscito.

Aunque el 95% del acuerdo está prácticamente cerrado, el «backstop» sobre la cuestión irlandesa representa el principal escollo. La propuesta de la UE –de mantener a Irlanda del Norte en la unión aduanera y el mercado único hasta que se encuentre una solución a la frontera de Irlanda–es inaceptable para Londres porque significaría que la provincia británica tendría diferentes regulaciones respecto al resto de Reino Unido. La propuesta de May pasa por dejar a todo Reino Unido en la unión aduanera europea hasta una fecha tope de 2021. Pero Bruselas se niega a que un plan de emergencia tenga un límite temporal determinado.