Kim, dispuesto a dialogar con Trump

Washington confía en que la oferta, conocida a través de Seúl, conduzca a la desnuclearización de Corea del Norte tras meses de tensión

Washington confía en que la oferta, conocida a través de Seúl, conduzca a la desnuclearización de Corea del Norte tras meses de tensión.

Los Juegos Olímpicos trajeron los primeros síntomas de un posible deshielo entre las dos Coreas. Al menos eso dedujo el presidente de Corea del Sur, Moon Jae In. Acababa de reunirse con una delegación de representantes del régimen de Pyongyang, encabezada por el general Kim Yong Chol, vicepresidente del Comité Central del Partido, y el presidente del Comité para la Reunificación Pacífica de la Patria, Ri Son Kwon. A Jae In no le importunaron las protestas de los exiliados norcoreanos, ni el alboroto mediático, ni las críticas de quienes consideran que los juegos, denominados de la paz, apenas sí han servido como lanzadera propagandística para blanquear al sanguinario régimen norcoreano.

Considera Moon que el país vecino, estrangulado por las sanciones, abandonado por todos, estaría cerca de ceder. Que podría entablar negociaciones con Estados Unidos y quién sabe si, finalmente, admitir la condición suicida de una carrera armamentística. Seúl aseguró que «la delegación norcoreana también se mostró de acuerdo en que las relaciones entre Corea del Norte y EE UU deben desarrollase de forma conjunta con la relación de las dos Coreas» y apuntó que Pyongyang «tiene suficiente voluntad de diálogo».

Como respuesta a su medido optimismo, a la calculada euforia del Ejecutivo del Corea del Sur, la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee, declaró en un comunicado su esperanza de que los Juegos de Invierno, el tímido pero prometedor deshielo entre los dos países y el ofrecimiento de negociaciones por parte del Norte sean un primer paso hacia «la desnuclearización completa, verificable e irreversible de la península de Corea». Aunque conviene no confiarse y, sí, mantener el pulso. Para Huckabee, resulta imprescindible que continúe la campaña de presión, las rondas de sanciones y el control económico. «Veremos si el mensaje de Pyongyang de hoy de «que está dispuesto a mantener conversaciones represente los primeros pasos en el camino hacia la desnuclearización». «Mientras tanto Estados Unidos y el mundo –añadió la portavoz– deben seguir dejando claro que los programas nucleares y balísticos de Corea del Norte están en un callejón sin salida».

El guiño de la diplomacia norcoreana contrasta con la batería de medidas anunciadas el viernes por Donald Trump. Todas ellas destinadas a reforzar la coacción contra la satrapía de Kim Jong Un. «Hemos impuesto las mayores sanciones de la historia», dijo el presidente durante su intervención en la Conferencia por una Acción Política Conservadora. Al mismo tiempo, Trump reconocía su anhelo de que rindieran frutos. De forma coordinada, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, anunciaba multas contra 27 empresas.

Que se trata quizá del asunto de política internacional que más preocupa en Washington lo demuestra el nivel de la delegación enviada a la clausura de los juegos. Allí, en el palco de honor del estadio, estaba nada menos que Ivanka Trump. En calidad de representante de buena voluntad y sentada apenas una fila delante del general Yong Chol. «Las dos Coreas han cooperado juntas y las Olimpiadas se llevaron a cabo con éxito», respondió a su vez la dictadura norcoreana mediante un comunicado. «Pero Estados Unidos trae de vuelta la amenaza de guerra a la península de Corea con nuevas sanciones a gran escala», añadió.