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Las promesas de Hariri no logran frenar las protestas en Líbano

Miles de personas salen a las calles de nuevo pese a que el primer ministro suprime los nuevos impuestos y exige más esfuerzo a la banca

Miles de personas vuelven a tomar las calles de Beirut pese a que el primer ministro suprime los nuevos impuestos y exige más esfuerzo a la banca

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Las buenas intenciones del primer ministro Saad Hariri no calan entre los manifestantes. Tras seis días en las calles exigiendo ”la caída del sistema”, el Consejo de Ministros ha aprobado unos presupuestos que reducen el déficit al 0,6% del PIB a base de recortar gastos superfluos y aumentar las aportaciones de la banca. Sin embargo no ha servido para apaciguar los ánimos de la calle, tomadas de nuevo por miles de personas. En el plan participarán los bancos con la suma de 3.400 millones de dólares, concretó Hariri en un mensaje por televisión. Además, con el nuevo plan no se aplicarán más impuestos a los ciudadanos. Esta medida se la había exigido el Fondo Monetario Internacional como imprescindible para Líbano pueda superar su crisis actual.

El jefe de Gobierno le dijo a los libaneses que, entre otras mediadas, su Ejecutivo prepararía un proyecto de ley para “recuperar los fondos públicos saqueados” y medidas para reducir los salarios de los ministros, parlamentarios y altos cargos al 50%. “Si esto llega a ponerse en marcha alguna vez, Hariri tendrá una revolución dentro del propio gobierno”, dijo en tono sarcástico a LA RAZÓN Ali Saad, un manifestante de la Plaza de los Mártires. Al grito de “revolución, revolución” los ánimos fueron calentándose a medida que transcurría el día. Tras el esperado discurso de Hariri, más y más gente bajó al centro para unirse a las protestas.

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Además, el primer ministro anunció nuevas leyes antes del final del año para “recuperar los fondos saqueados del Líbano” y “establecer una autoridad para luchar contra la corrupción”, uno de los principales motivos que ha llevado a los libaneses a las calles. También la mala gestión de los recursos y servicios públicos, en un país que 29 años después del término de la guerra (1975-1990) no ha conseguido ofrecer a sus ciudadanos el suministro de agua y luz sin cortes.

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Pero no todos los manifestantes piensan igual, y algunos, como Marie, le convencieron las medidas que anunció Hariri, “porque es a lo máximo que podemos llegar”. A su juicio, unas manifestaciones sin que haya un líder ni un plan de contingencia, no pueden funcionar. “Démosle una oportunidad a lo que dice Hariri y si nos ha mentido no le votaremos en las próximas elecciones y ya está”. Pero, otros, como Hamuda, que lleva años sin trabajar, aún teniendo dos diplomas universitarios sólo se marchará de la Plaza de los Mártires después de que lo hagan los ministros y parlamentarios. “Ya es suficiente, no nos moveremos de aquí si ellos no se van antes”, desafió Hamuda, que ha plantado su tienda de campaña en el césped de la plaza.

Hariri ha sido muy astuto al no presionar a los manifestantes y decirles que es su derecho “exigir demandas pacíficamente” y que “es el deber del gobierno “proteger sus demandas”. La demanda que no ha podido satisfacer el Gobierno ha sido el acabar con los cortes de luz diarios en todas las casas del Líbano. El sistema eléctrico deficiente que se arrastra desde la guerra civil libanesa impide que los ciudadanos puedan vivir sin cortes de luz. A esto se añade la desconfianza de los contribuyentes que muchos se niegan a pagar la factura de la luz y la mafia del “motor” (los generadores eléctricos), por lo que los dueños de este servicio a la comunidad, que se enriquecen a costa de la mala gestión del Ministerio de Energía, se oponen a cualquier reforma del sector.

El vandalismo de grupos violentos que buscaban acabar con el ambiente pacifico de estas manifestaciones se hecho visible. Decenas de escaparates del centro de Beirut, una zona llena de joyerías, boutiques de marcas francesas y restaurantes caros, están destrozados. El Ejército ha tenido que tomar los locales comerciales para protegerlos. Durante la jornada de ayer circuló el aviso de que “miles” de simpatizantes de los dos grupos chiíes, Amal y Hezbolá, iban a meterse en las manifestaciones para provocar incidentes y volverlas violentas.

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Esto llevó a muchos manifestantes quedarse en casa por temor a la inseguridad, explicó a la RAZÓN, un periodista local. Sin embargo a medida que avanzaba la tarde los manifestantes continuaron en el centro de Beirut, con música y muchas banderas libanesas para expresar sus frustraciones por el alto costo de la vida y los incesantes cortes de agua y electricidad.

Mañana los libaneses amanecerán después de un día más de protestas que han servido, al menos, para empujar los presupuestos de 2020 y liberar los 11.000 millones donados por la comunidad internacional al gobierno libanés a cambio de prometer una serie de reformas económicas. Lo que ocurra a partir de hoy será fundamental para determinar si se ha acabado el fuelle de las manifestaciones o si vuelven a prender los ánimos revolucionarios.