Los populares europeos se enrocan frente a Macron

Jean-Claude Juncker, presidente del Ejecutivo comunitario, permanece sentado en presencia de Angela Merkel

La cumbre de ayer en Bruselas puede resumirse en un tuit acompañado de una imagen. «Ayer estaba prudentemente optimista. Hoy estoy más prudente que optimista», aseguró el presidente del Consejo con una fotografía del encuentro que mantuvo ayer con la canciller Angela Merkel y el presidente francés, Emmanuel Macron, antes de que comenzase la cumbre a Veintiocho. El propósito de esta cita era limar asperezas entre los dos líderes, pero el duelo entre Berlín y París continúa. Y nadie puede aventurar cuándo y cómo se saldará.

La jornada de ayer estuvo caracterizada por una compleja coreografía de varias pistas con todo tipo de encuentros en diferentes formatos. Para abrir boca, tuvo lugar un desayuno con los representantes (dos cada uno) de las tres principales familias políticas europeas, en el que participó Pedro Sánchez en nombre de los socialistas. Esta primera reunión terminó con un ofrecimiento claro que indignó a la familia popular europea, cuyos líderes se reunieron a continuación a solas. Socialistas y liberales expresaron su veto rotundo al candidato de la canciller, Manfred Weber, como presidente del ejecutivo comunitario, pero dejaron la puerta abierta a que este puesto pueda ser ocupado por un candidato alternativo de esta familia política. Pero Merkel dice «nein» y el resto de los líderes populares europeos cierran filas al paso de la líder alemana. Los populares están dispuestos a ceder el resto de cargos en liza –presidencia del Consejo, de la Comisión y Alto Representante– al resto de fuerzas políticas siempre y cuando uno de los suyos suceda a Jean- Claude Juncker. El sacrificio de Weber puede resultar un buen acuerdo de compromiso, pero Berlín está dispuesto a seguir jugando la partida hasta el final.

Como aviso a navegantes, la canciller ya avisó a su entrada de la posibilidad de convocar otro encuentro antes del 2 de julio, día de la primera sesión de la Eurocámara. El equipo de Tusk no podía ocultar su impaciencia, ya que la próxima reunión del G20 en Japón dificulta la convocatoria de una nueva cumbre y estos problemas logísticos eran la mejor oportunidad para forzar el acuerdo. «La lógica dice una cosa pero las razones de la negociación política son otras», resumía un alto cargo. Otras fuentes se conformaban, al menos, con «reducir las opciones» ante un sudoku cada vez más intrincado.

Aunque para muchos el aspirante bávaro tiene las horas contadas, la canciller se resiste a dejarlo caer y cunde el malestar en la familia popular sobre la actitud de Emmanuel Macron, que se empeñaba ayer en pedir que «nadie se empeñe en nombres». Pero el gran beneficiado con la derrota de Weber parece claro: el francés Michel Barnier, también del Partido Popular Europeo y quien en las últimas semanas ha emprendido una campaña en la sombra para sustituir a Juncker al frente de la Comisión, aprovechando el receso en las negociaciones del Brexit. Un jugada maestra que el inquilino del Elíseo no llega a confesar. «No estamos cerrados a ninguna opción», aseguraban ayer fuentes diplomáticas francesas sin querer, de esta forma, descartar totalmente a la candidata liberal, la todopoderosa comisaria de Competencia, Margrethe Vestager. ¿Cuándo firmarán Merkel y Macron la pipa de la paz? «El motor francoalemán sigue siendo irremplazable», reconocían ayer fuentes del Elíseo.

Dentro del paquete, no se puede olvidar la otra gran joya de la corona: la presidencia del Banco Central Europeo. El sacrificio de Weber facilitaría este puesto para el presidente del Bundesbank, el halcón Jens Weidman. En los últimos días, el banquero alemán se ha mostrado a favor de una política continuista de estímulos monetarios en línea con la emprendida por Mario Draghi, pero este repentino acto de contrición puede no convencer a las capitales del sur. Francia también podría intentar el asalto a la entidad monetaria si Barnier no es elegido como presidente del ejecutivo comunitario.