Los sondeos dan la victoria a Scioli en el cierre de la campaña argentina

Varios argentinos aguardan la llegada de Mauricio Macri a un mitin en Buenos Aires
Varios argentinos aguardan la llegada de Mauricio Macri a un mitin en Buenos Aires

El candidato kirchnerista es el favorito, pero necesita diez puntos más para evitar una segunda vuelta que le complicaría la elección. La lucha por el voto indeciso puede ser decisiva.

Tras días frenéticos recorriendo los extremos del país en busca del voto indeciso, los candidatos a la Presidencia de Argentina cerraron ayer sus campañas con mítines multitudinarios. En un escenario de incertidumbre sobre si los 32 millones de argentinos con derecho a voto elegirán al próximo inquilino de la Casa Rosada el próximo domingo o si se deberá celebrar una inédita segunda vuelta, en noviembre, el oficialismo y la oposición trataban de arañar votos con promesas de última hora.

El favorito en las encuestas, el kirchnerista Daniel Scioli, del Frente para la Victoria (FpV), ofreció ayer una exención de impuestos a las clases medias, pese a que el país tiene un déficit estimado en un 7% del Producto Interior Bruto (PIB). El gobernador de la provincia de Buenos Aires desde 2007 propuso eximir de un polémico impuesto –que supone más del 20% de la recaudación del país– a los que reciben menos de 25.000 pesos mensuales brutos, unos 2.300 euros al cambio. Hasta ahora, los que ganan por encima de 15.000 pesos (1.400 euros) deben pagarlo. «Por lo menos para los autónomos y los empleados en relación de dependencia», dijo Scioli, de 58 años, sumándose así a las propuestas de otros candidatos de acometer cambios en el sistema tributario de un país con altos niveles impositivos, pero también de gran informalidad y evasión fiscal.

De esta forma, Scioli trata de arañar apoyo entre las clases menos populares, su flanco electoral más débil, con el objetivo de alcanzar en la elección del domingo al menos un 40% de los sufragios y una distancia de diez puntos respecto a su principal rival, el conservador Mauricio Macri. Sólo así logrará erigirse como el sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la primera ronda. En caso contrario, Argentina celebrará la primera segunda vuelta de su historia –el llamado «ballottage»– en elecciones presidenciales. Los sondeos apuntan a una victoria en primer turno del oficialismo, pero el colchón de votos es tan escaso que cualquier proyección en base a sondeos queda anulada por el dos por ciento de margen de error de las encuestas.

En la oposición, el principal asunto de final de campaña giraba en torno a que las elecciones se celebren de forma libre y limpia. No es una cuestión baladí en un país que tiene un sistema de votación decimonónico y donde se producen –de forma aislada, pero regular– amenazas y sospechas de compras de voto, entre otras irregularidades.

Macri, alcalde de la capital argentina y ex presidente del popular club de fútbol Boca Juniors, lamentó ayer que el «sistema de votación sea arcaico y se preste a la trampa», y apeló al Gobierno para que «se haga responsable» de la transparencia de los comicios, ya que «es el más interesado en que la sociedad le reconozca la legitimidad».

En una elección en la que cerca del 30% del electorado tiene un «voto volátil», es decir, que puede cambiar de bando súbitamente, según la consultora Management & Fit, la oposición está muy atenta a posibles incidentes. En este sentido, Macri dijo que «va a depender mucho de qué actitud tome el Gobierno».

La desconfianza en el procedimiento también abunda entre los otros partidos. El tercero en liza, el peronista disidente Sergio Massa, quien tiene en torno al 20% de la intención de voto, advirtió esta semana de que quizá no reconozca al vencedor de las elecciones el mismo domingo. Hace algunos días el director jefe de la Dirección Nacional Electoral, Alejandro Tullio, admitió abiertamente que si la votación resulta muy reñida los resultados definitivos pueden no conocerse hasta una semana después del día de celebrarse los comicios.