Los trece rusos del Proyecto Laktha

El objetivo era interferir en las elecciones y provocar el caos a través de una compleja red de desinformación.

El objetivo era interferir en las elecciones y provocar el caos a través de una compleja red de desinformación.

Proyecto Laktha. Podría ser el título de una película de John Frankenheimer sobre la Guerra Fría. Pero gracias al fiscal especial Robert Swan Muller III, que investiga el Rusiagate y que hace 30 años liquidó a la cúpula de la familia Gambino, hoy sabemos que el proyecto Laktha era real y que aspiraba a cambiar tanto la intención de voto de los ciudadanos como a obstruir las labores de instituciones como la Comisión Electoral y los departamentos de Estado y Justicia.

La operación pivotaba sobre tres empresas, Internet Research Agency LLC, Concord Management and Consulting y Concord Catering. Las dos últimas son «entidades rusas relacionadas [y] con varios contratos del Gobierno ruso». Las tres radicadas en el 55 de la calle Savushkin de San Petersburgo. Con millones de dólares para emplear a cientos de personas y, a través de una compleja malla de filiales fantasmas, compañías opacas y tapaderas, poner a funcionar a una enorme cantidad de colaboradores. Empeñados en la creación y difusión de noticias tendenciosas o directamente falsas. El objetivo final, al cabo, favorecer la candidatura del aspirante más proclive a los intereses rusos. Su labor fue paralela, y está por ver si coordinada, al trabajo de los equipos de piratas informáticos que, entre otras cosas, penetraron y los servidores del partido Demócrata.

La acusación de Mueller nombra a trece ciudadanos rusos. Según el escrito de la fiscalía, varios de «los demandados viajaron a los Estados Unidos bajo falsos pretextos con el propósito de recopilar información de inteligencia para desarrollar sus operaciones. También adquirieron y utilizaron infraestructura informática, estacionada en parte en Estados Unidos, a fin de ocultar el origen ruso de sus actividades y evitar su detección». Entre las personas acusadas de complot contra EE UU, fraude bancario y robo de identidad figura Yevgeniy Viktorovich Prigozhin, acusado de dirigir Concord. Nacido en 1961, debía apoyar y aprobar todas las labores de las compañías. Que comprendían, entre otras, el que distintos asociados se hicieran pasar por ciudadanos estadounidenses, o usar las identidades y perfiles de verdaderos ciudadanos estadounidenses para suplantarlos, así como comprar servidores en EE UU, organizar mítines, crear grupos en redes sociales con la intención de atacar a Hillary y comprar o fabricar distintos tipos de publicidad con fines políticos.

En el medido de organigrama del Proyecto Laktha también aparece Mikhail Ivanovich Bystrov. «Director general» de la organización, «en o alrededor de 2015 y 2016 [Bystrov] se comunicó frecuentemente con Prigozhin sobre las operaciones generales del Proyecto Lakhta, incluso a través de reuniones en persona programadas regularmente». Inmediatamente debajo suyo en el escalafón encontramos a Mikhail Leonidovich Burchik, que habría entrado en la organización a finales de 2013. Aproximadamente en marzo de 2014 Burchik ya ejercía como director ejecutivo y estaba «involucrado en la planificación operativa, de infraestructura y personal de la trama». Siempre según Mueller, Aleksandra Yuryevna Krylova, en calidad de directora y tercera en el ranquin de la organización, «viajó a Estados Unidos bajo falsos motivos con el propósito de recopilar información de inteligencia». Por su parte Sergey Pavlovich Polozo, jefe del departamento de informática, supervisó la adquisición del servidor y otra infraestructura informática [necesaria para] enmascarar la ubicación rusa de la organización». Anna Vladislavovna Bogacheva, al frente del departamento de análisis, también habría viajado a EE UU para recopilar información. Maria Anatolyvna Bovda era la presunta directora del proyecto «Traductor», centrado «en la población de EE UU y redes sociales como YouTube, Facebook, Instagram y Twitter». En julio de 2016 dicho proyecto contaba con más de ochenta empleados. Se trataría, finalmente, de una tupida red de contactos, un proyecto bien engrasado, un complot regado de millones.