Más morbo en Cuba que en «Yanquilandia»

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En Estados Unidos la foto y la noticia de Kerry izando su bandera en La Habana no han hecho grandes titulares; menos que en España. En Cuba, Maduro y Evo Morales habían llegado para el cumpleaños de Fidel pero a la gente le interesaba bastante más saber que los antiguos enemigos, los gringos, han vuelto. Todo cubano quiere ir a Estados Unidos, tiene allí un familiar o cree que ahora llegará más turismo y dinero a la isla.

En la ceremonia en la Embajada, Kerry parece haberse bajado un poquito los pantalones, pero no demasiado. Tuvo que aceptar que los disidentes no asistieran al acto pero los recibiría horas más tarde en la residencia del jefe diplomático estadounidense ( lo que no hicieron ni Margallo ni Moratinos). Kerry subrayó en su discurso que espera que los cubanos puedan vivir en una «democracia genuina» en la que puedan «escoger a sus dirigentes» y expresarse libremente, lo que en diplomacia resulta bastante diáfano, y un poeta cubano americano « gay» (otro detalle elocuente e incordiante) leyó un poema.

Obama se ha percatado de que el embargo no va a derribar al castrismo y era una espina en sus relaciones con Latinoamérica. Piensa que la multiplicación de contactos, unido al mutis biológico de Fidel, al parecer hoy insatisfecho, y de Raúl ablandará a la larga al régimen porque los cubanos lo encontrarán cada vez más obsoleto y poco dotado para mejorar su nivel de vida.