May, a hija del vicario con «cojones de acero»

Theresa May iba para Margaret Thatcher, pero se quedó en el intento. O quizá no. Quizás haya más similitudes entre ellas de lo que 'a priori' parece, porque fue precisamente la cuestión europea la que también se le atragantó a la Dama de Hierro en 1990. Pero May, una vez más, ha logrado mantenerse en Downing Street. Nadie le niega su capacidad de perseverancia y sacrificio, cualidades que arrastra de su infancia como hija de vicario anglicano. En cualquier caso, más que pura Ave Fénix si por algo continua al frente del Ejecutivo es porque nadie ha presentado ahora una alternativa a su plan del Brexit y tampoco existe un claro candidato para sustituirla. El excéntrico Boris Johnson sigue siendo uno de los favoritos entre los afiliados, pero en Westminster tiene más enemigos que amigos.

En cualquier caso, los Brexiteers defiende que nadie que hubiera hecho campaña por la permanencia en la UE ante el histórico referéndum de 2016, puede liderar ahora las negociaciones de la salida. Cierto es que May abogó en su día por quedarse en el bloque. Pero tampoco puso demasiada pasión y desde que tomó las riendas del Gobierno no ha parado de repetir su lema de 'Brexit means Brexit', es decir, si se ha votado a favor de la salida, su trabajo es cumplir con el mandato de los británicos. Al margen de sus consideraciones personales -que no suele compartir-, la 'premier' mantiene su planteamiento y rechaza convocar un segundo referéndum.

A pesar de las continuas amenazas, la hija del vicario ha ido logrando imponerse a todos los que han tratado de derribarla o controlarla desde que en julio de 2016 se trasladara a Downing Street sin pasar por las urnas tras la abrupta dimisión de David Cameron. Durante sus largos años como ministra de Interior, no se había caracterizado especialmente por ser la más carismática, pero en el último momento se pensó que era la figura adecuada para unir las filas 'tories'. No lo consiguió. La guerra civil se volvió más intensa que nunca.

Durante sus primeros 10 meses, gobernó con una mayoría de tan solo 17 escaños y una gran presión (por no decir control) del ala más euroescéptica. Convocó entonces generales anticipadas para lograr legitimar su puesto y ejecutar un Brexit “fuerte y estable”. Pero, lejos de simular la barrida histórica a la oposición similar a la que logró Thatcher sobre Michael Foot en 1983 —cuando superó a los laboristas por 144 asientos—, acabó perdiendo la mayoría absoluta.

Desde entonces, necesita el respaldo de los norirlandeses del DUP para gobernar en minoría. Y en este sentido, los de Arlene Foster ya han dejado muy claro que no apoyarán ningún Acuerdo de Retirada que deje a Irlanda del Norte con estatus diferente al del resto del Reino Unido.

Hasta el último momento, May está buscando ahora concesiones del resto de los líderes europeos para evitar frontera dura en Irlanda. Pero el tiempo corre en su contra. Ella de momento no pierde la esperanza.

Siempre ha sido muy cristiana. Se crio en un pequeño pueblo. Sus opiniones han evolucionado claramente a través de los años. En el año 2010, por ejemplo, apoyó el matrimonio homosexual. Pero una década antes fue una de las diputadas que votaron en contra del Gobierno laborista para derogar el llamado 'artículo 28' [una ley de la Administración Thatcher que prohibía a las escuelas promover intencionalmente la homosexualidad y en contra de la reducción de la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales homosexuales].

Pertenece a una generación que recuerda al Reino Unido como una nación unida, predominantemente blanca y cristiana, conservadora socialmente y con gran sentimiento de la comunidad. La seriedad es, en buena medida, parte de su imagen pública. Pero muchos de los que la conocen afirman que, en privado, es muy divertida.

Quizás el tipo de humor que dejó a todos perplejos el pasado mes de octubre con su entrada en el último congreso 'tory' bailando 'Dancing Queen'. Pocos saben quién es realmente May, ni qué es lo que persigue. Pero cada vez queda más claro que uno de sus grandes talentos es el de resistir.