Bruselas ningunea a Sánchez y le deja sin veto sobre Gibraltar

«Mi Gobierno siempre defenderá los intereses de España. Si no hay cambios, vetaremos el Brexit», afirma en Twitter.

La primera ministra británica, Theresa May, se dirige los medios en el 10 de Downing Street, en Londres/Efe
La primera ministra británica, Theresa May, se dirige los medios en el 10 de Downing Street, en Londres/Efe

«Mi Gobierno siempre defenderá los intereses de España. Si no hay cambios, vetaremos el Brexit», afirma en Twitter.

Theresa May insistió ayer en que la «soberanía británica de Gibraltar no será cuestionada». Lo cierto es que con todos los obstáculos que la «premier» ha tenido que ir afrontando en los últimos dos años de duras negociaciones, la cuestión del Peñón nunca se contempló como un potencial riesgo para cerrar el acuerdo del Brexit. En Reino Unido, el debate tampoco está teniendo el mismo protagonismo que en España. No obstante, la líder británica sí hizo ayer referencia a la Roca después de que Londres y la Comisión Europea cerraran el borrador de la declaración política sobre las futuras relaciones. Tanto la declaración política como el acuerdo de retirada tendrían que tener luz verde para su ratificación en Westminster en diciembre.

Tras la contundente advertencia de May de bloquear las reivindicaciones españolas, el Ejecutivo de Sánchez no tuvo más remedio que salir a defender la postura de España y acusar a la «premier» británica de «modificar con nocturnidad y alevosía» su posición sobre Gibraltar, informa Aurora G. Mateache. Así lo declaró ayer el secretario de Estado para la Unión Europea, Luis Marco Aguiriano, ayer antes del comienzo de la Comisión Mixta Congreso-Senado sobre el Brexit. «España apoyará el acuerdo y la declaración política sobre la salida de Reino Unido si se consigue claridad suficiente sobre las implicaciones jurídicas y políticas del artículo 184», explicó. «Si no, no», advirtió Aguiriano.

Fuentes del Gobierno han señalado en La Habana, donde se encuentra el presidente Pedro Sánchez de visita oficial, que no hay cambios sobre la posición de España respecto al Brexit y sostienen el pulso a Theresa May: “Seguimos donde estábamos, seguimos en el “no””. En Moncloa expresan su disconformidad con los términos del acuerdo que “no defiende el interés de España”. “A May le servirá, a nosotros no”. El Ejecutivo no respaldará ni el acuerdo ni la declaración política y entienden que es “impensable” que éstos salgan adelante sin el consenso de los 27, dado el veto español. A escasas 48 horas de la cumbre extraordinaria en Bruselas, desde el Gobierno siguen manteniendo contactos “a todos los niveles” para intentar buscar una solución satisfactoria para España, en la que mantenga su poder de decisión sobre el estatus de Gibraltar.

Mientras, Pedro Sánchez reconocía anoche en Twitter que las posiciones de Londres y Madrid «permanecen lejanas» y advertía de que «si no hay cambios, vetaremos el Brexit».

Aunque ayer varios representantes de los Veintisiete habían mostrado su solidaridad con España, para quien ambos documentos no son lo suficientemente claros sobre la última palabra de Madrid en cualquier acuerdo entre Bruselas y Londres respecto al Peñón, una garantía que sí había quedado recogida en previas cumbres europeas.

En una primera y breve intervención a las puertas de Downing Street, May manifestó que confiaba «alcanzar un acuerdo positivo para todo Reino Unido, incluido Gibraltar». La «premier» matizó que el miércoles por la noche mantuvo una conversación telefónica con Pedro Sánchez donde trataron de acercar posturas. En una posterior comparecencia ante la Cámara de los Comunes, la líder «tory» endureció sus palabras: «Quiero seguir trabajando de forma constructiva en esta relación. Pero fui absolutamente clara [con Sánchez] que la soberanía británica de Gibraltar será protegida y la futura relación que se pacte debe ser positiva para toda la familia de Reino Unido».

Durante su intervención en Westmister, la «premier» reconoció que las negociaciones se encuentran en «un momento crítico». En cualquier caso, en ningún momento mencionó las reservas expresadas por España al texto pactado y la posibilidad de vetarlo si no realizan las pertinentes aclaraciones a nivel legal. En este sentido, May se limitó a señalar que había habido discusiones «constructivas» tanto con el Gobierno español como con el gibraltareño y que quería «que este trabajo siguiera en el futuro».

A May le costó casi su puesto que su Gabinete aceptara la semana pasada el borrador del acuerdo de retirada. En un solo día hubo hasta siete dimisiones en el Gobierno y los euroescépticos estuvieron muy cerca de reunir las 48 cartas necesarias para activar una moción de confianza a su liderazgo. Cambiar ahora cualquier coma abriría para la líder «tory» la caja de Pandora, ya que los «brexiters» pedirían incluir también sus demandas y toda la batalla volvería a su punto inicial. Londres considera que ha hecho sus deberes y la cuestión de Gibraltar es un problema que debe resolverse en la UE.

El debate real en Reino Unido se centra en si ambos documentos lograrán ser aprobados en Westminster y si la declaración política hace de alguna manera que el acuerdo de retirada sea ahora más «digerible» para sus señorías. «Retomaremos el control de nuestras fronteras, de nuestras leyes, al tiempo que protegeremos los puestos de trabajo, nuestra seguridad y la integridad de nuestro estimado Reino Unido», declaró May. «El pueblo británico quiere que esto se resuelva, quiere un buen acuerdo que nos sitúe en el camino de un futuro brillante. El pacto está a nuestro alcance y estoy determinada a que se haga cumplir», agregó.

La pregunta es si se han calmado los ánimos en el núcleo duro euroescéptico. Los «brexiters» aseguran que la declaración sobre la futura relación con la UE es una «rendición», ya que mientras que el acuerdo de retirada es vinculante, los 26 folios sobre las relaciones futuras son tan solo una declaración de intenciones. El euroescéptico Simon Clarke señaló que «la declaración política tiene buenas intenciones, pero al final es un conjunto de palabras sin aplicación. Es una rendición por parte del Gobierno».

Por su parte, la oposición sigue decidida a no respaldar los textos. El líder laborista, Jeremy Corbyn, afirmó que la declaración política aboca al país a abandonar la UE «a ciegas». «La única certidumbre que se encuentra en estas páginas es que el periodo de transición deberá ser extendido o que acabaremos dentro de un mecanismo de seguridad sin poder salir» del bloque, añadió. Corbyn defendió la necesidad de regresar a la mesa de negociaciones para tratar de forjar una «nueva y completa unión aduanera» con Bruselas. Para el laborista, el texto pactado representa «lo peor de los dos mundos». «No podremos decir nada sobre las normas que deberemos continuar aplicando y tampoco tendremos certidumbre de cara al futuro», declaró.