El día de la verdad para el Brexit

Horas antes de una humillante derrota parlamentaria, May advierte a los diputados euroescépticos de que su negativa amenaza la salida de Londres de la UE. Los Comunes planean hacerse con las riendas del complejo proceso de divorcio

La primera ministra británica, la conservadora Theresa May / Foto: Reuters
La primera ministra británica, la conservadora Theresa May / Foto: Reuters

Horas antes de una humillante derrota parlamentaria, May advierte a los diputados euroescépticos de que su negativa amenaza la salida de Londres de la UE. Los Comunes planean hacerse con las riendas del complejo proceso de divorcio.

Llegó el momento de la verdad. Theresa May pidió ayer a los diputados que «sopesaran las consecuencias que sus actos pueden tener sobre la fe de los británicos en la democracia» si finalmente no ratifican hoy el acuerdo de retirada cerrado con Bruselas. Pero en Downing Street la derrota se da más que por asumida. Tras un referéndum que dejó a la sociedad completamente dividida y después de dos años de arduas negociaciones, el futuro del Brexit está más cuestionado que nunca. Reino Unido atraviesa la peor crisis institucional de su historia reciente y ni Londres ni Bruselas parece que tengan, a día de hoy, estrategias para afrontar un divorcio que no cuenta con precedentes en el bloque.

Según la BBC, el acuerdo podría ser tumbado por 433 votos en contra frente a sólo 206 a favor. Pese a que May pospuso sus planes en diciembre con la esperanza de que durante las Navidades pudiera recabar apoyos, el rechazo no ha hecho más que incrementarse. El punto más polémico sigue siendo el llamado «backstop», la salvaguarda para evitar una frontera dura en Irlanda. En el último intento por tratar de ayudar a la «premier», la Comisión Europea publicó ayer una serie de aclaraciones recalcando que tan solo se trata de una medida temporal. Pero de nada sirvieron las cartas para calmar los ánimos en la Cámara de los Comunes, ya que no se trata de cambios legalmente vinculantes, como solicitan sus señorías.

May viajó ayer a primera hora hasta Stoke-on-Trent, uno de los distritos más euroescépticos del país, para advertir desde allí a los parlamentarios de las consecuencias «catastróficas» si no aprueban su plan. «La suspensión del Brexit sería incluso más probable que dejar el bloque europeo sin un pacto bilateral», matizó. Por la tarde, fue hasta Westminster para realizar su último alegato: «Se que [el acuerdo] no es perfecto y que hemos realizado algunos compromisos, pero cumple con el resultado del referéndum de 2016».

Nada puede evitar ya la que muchos vaticinan será la peor derrota para un Gobierno en la historia del país. Unos cien «tories» rebeldes están dispuestos a votar contra el Ejecutivo, incluido Gareth Johnson, uno de los responsables de mantener la disciplina en el Partido Conservador, que ayer presentó su dimisión al considerar que el pacto deja al país «permanentemente restringido a la normativa europea». Se espera que tan solo sea una de las muchas renuncias que podría haber en el Gabinete en las próximas horas.

Pese a que May ha logrado hasta ahora permanecer en Downing Street, si la derrota es por 200 votos, su futuro quedaría bastante cuestionado. Es cierto que, tras ganar la moción de confianza que presentaron sus propias filas, queda inmune a desafíos internos. Pero, ante la presión, podría acabar presentando su dimisión. Si por el contrario la humillación es por alrededor de cien votos, mañana podría viajar a Bruselas para intentar reabrir las negociaciones.

Si los diputados no ratifican hoy el pacto, la «premier» debe presentar en tres días un «plan B». Pero en la Cámara de los Comunes existe un complot para hacerse legalmente con el control del Brexit e incluso poder derogarlo. Los ex ministros conservadores Nick Boles, Oliver Letwin y Nicky Morgan están detrás de un proyecto que busca revocar temporalmente la llamada «orden 14» para que las propuestas de los diputados tengan preferencia ante las presentadas por el Ejecutivo. Una vez la Cámara Baja tenga el control, planean dar el mando al llamado Comité de Enlace. Éste coordina los diferentes grupos de trabajo de la Cámara Baja y está formado por 36 diputados (27 de ellos pro UE) de diferentes formaciones.

Según el plan, se daría a la primera ministra otros 21 días para proponer un acuerdo alternativo y si éste no convence a sus señorías, la responsabilidad de desarrollar la estrategia pasaría al Comité de Enlace, presidido por Sarah Wollaston, gran defensora de convocar un nuevo referéndum. La propuesta del comité tendría que ser aprobada por los parlamentarios, quien luego mandarían a May o la persona que estuviera al frente del Ejecutivo a renegociar con Bruselas. Se da por hecho que se solicitará una ampliación del artículo 50, como mínimo hasta junio.

A la espera de Corbyn

En todo caso, el líder de la oposición, Jeremy Corbyn, presentará antes del viernes una moción de confianza para intentar forzar elecciones anticipadas. «May ha fracasado y no hay más tiempo de juegos para su caótico Gobierno», matizó ayer en un intenso debate que continuará hoy antes de la votación de esta noche. Es prácticamente imposible que la crisis termine en comicios. Una cosa es que los «tories» rebeldes voten contra el acuerdo del Brexit y otra muy distinta que quieran sacar de nuevo las urnas, teniendo en cuenta que en 2017 acabaron perdiendo la mayoría absoluta. Por otra parte, los nor-irlandeses del DUP, de cuyo apoyo depende el Gobierno, también apoyarían a la «premier». Por lo que el laborista tiene cada vez más presión de sus filas para apoyar otro plebiscito.

May, constante en sus tareas desde su niñez, quería pasar a la historia como la mujer que logró negociar el primer divorcio de la UE. Pero su persistencia no ha logrado sus frutos. El Brexit vuelve al punto de partida.