Merkel y Hollande frenarán la integración europea

Las elecciones de 2017 en Francia y Alemania bloquearán cualquier iniciativa de la Comisión.

La canciller alemana, Angela Merkel, en una visita a una guardería berlinesa
La canciller alemana, Angela Merkel, en una visita a una guardería berlinesa

Las elecciones de 2017 en Francia y Alemania bloquearán cualquier iniciativa de la Comisión.

Nada volverá a ser como antes. O quizás sí. Bruselas aguanta la respiración ante el resultado del referéndum de salida de la Unión Europea que se celebrará mañana. Incluso los más optimistas, vaticinan un resultado que, dentro de la permanencia, muestre el progresivo alejamiento de los ciudadanos europeos en general y los británicos en particular de un proyecto común acosado por múltiples amenazas y en permanente incógnita desde el fracaso de la non nata Constitución Europea. Hasta hace poco, la respuesta canónica en Bruselas hablaba de más integración y esgrimía que esta crisis contribuiría a crear un club más fuerte. Pero todo indica que el gran salto adelante no se va a producir, al menos no ahora, y que este relato idílico tiene pocos visos de realidad

El calendario electoral parece haberse conjurado en varios países para invitar al análisis y no a la acción. Alemania, Francia y Holanda vivirán el próximo año comicios electorales de resultado incierto y Berlín prefiere esperar. “No vamos a avanzar si no sabemos hacía dónde”, reconocen fuentes diplomáticas que prefieren saber quién será el próximo inquilino del Eliseo antes de comprometerse a tejer alianzas. Es un secreto a voces que el motor franco-alemán ha funcionado a ralentí en los últimos años y que el liderazgo de Ángela Merkel en Europa, y en su propio país, se ha visto resentido después del poco apoyo mostrado por Francia a la hora de poner en marcha una política de asilo común con un reparto vinculante de cuotas de refugiados en los Veintiocho y el motín declarado de los países del Este.

Aunque no es descartable que la Comisión Juncker que se define una y otra vez como “política” de un paso al frente y ponga sobre la mesa algún tipo de iniciativa, todo indica que la falta de entusiasmo de las capitales europeas será la tónica habitual. El todopoderoso ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schauble y el presidente del Consejo, Donald Tusk lo han dicho sin ambages. El primero considera que responder a un eventual Brexit con más integración sería “torpe” y el segundo también cree que la burbuja europea debe escuchar a aquellos ciudadanos que han perdido la ilusión en el proyecto y que no van a aceptar alegremente más cesiones de soberanía.

En el lado contrario, el presidente del Banco Central Europeo. Mario Draghi, aprovechó hace una semana el Brussel Economic fórum, acto organizado por el ejecutivo comunitario anualmente para pedir “restaurar la claridad y la confianza en la estructura de la zona euro” como modo de eliminar una incertidumbre que lastra el crecimiento económico. Los llamamientos del Fondo Monetario Internacional también van el misma dirección.

Para Petter Clieppe, director de la oficina en Bruselas del think tank Open Europe, considera “ingenuo” apostar en estos momentos por más pasos en la Unión económica y monetaria. “Tampoco tiene que ver con el referéndum del Reino Unido, hay oposición en la propia Alemania y también en los países rescatados por las imposiciones a cambio de las transferencias”. Para Clieppe las presiones en este sentido en medio de las crisis no funcionan. “Cuando estalló la crisis financiera Reino Unido urgió a la zona euro para mayores inyecciones de liquidez en el mercado ya que los bancos británicos estaban expuestos y no obtuvo resultado”.

El último en hablar ha sido el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, que ayer en Berlín defendió la necesidad de ir “paso a paso” antes de dar saltos al vacío. El político holandés esgrimió la necesidad de seguir con las reformas para que las economías europeas puedan converger antes avanzar hacía una mayor integración. El político holandés también se mostró en contra de nuevas iniciativas como un presupuesto propio para la eurozona o un ministro de Finanzas común.

El FMI y el BCE piden una estructura más clara en la zona euro

El debate sobre una estructura más fuerte de la zona euro no es nuevo en los pasillos comunitarios. Emergió con fuerza durante la crisis de deuda y se han dado pasos todavía demasiado tibios para los partidarios de una mayor centralización. El denominado informe de los cinco presidentes ( presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el presidente del Consejo, Donald Tusk, el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz hecho público hace un año apuesta por un calendario preciso sobre nuevos retos con una fecha tope de una década.

Como primer hito, los cinco presidentes abogan por un sistema de garantía de depósitos bancarios único que conlleve que los ahorros de un cliente italianos puedan estar reguardados por las finanzas alemanas o viceversa. Una iniciativa que vendría a completar los tres pilares en los que se sustenta la denominada unión bancaria junto a un supervisor único de las entidades (El BCE) y un fondo común de resolución bancaria. Las dos primeras iniciativas han sido rebajadas respecto a los planes iniciales y la tercera sigue contando con el veto permanente de Berlín que no confía en los balances de los bancos españoles, italianos y portugueses que cuentan con deuda pública adquirida en los peores momentos de la crisis. El último episodio se vivió el pasado viernes en la reunión de los ministros de Economía y Finanzas de los Veintiocho, Berlín renunció a penalizar esta deuda de los balances de las entidades de las economías periféricas hasta que no se pronuncie el Comité de Basilea, pero en la rueda de prensa final, el titula alemán volvió a dejar clara la estricta condicionalidad germana a la hora de seguir avanzando. Tampoco parece haber consenso por el momento (más bien frontal oposición) para las ideas más ambiciosas como la creación de un Tesoro único europeo o los eurobonos.

No es el único terreno en el que se pide más integración. Se da por supuesto que Hollande ,de cara a las elecciones en las que se juega su permanencia como Presidente de la República y con el auge de la extrema derecha como telón de fondo, intentará recobrar el pulso pidiendo mayores pasos para una política de Defensa común. El auge del yihadismo y el polvorín de Siria hacen pertinente el debate, pero aquí también hay poca voluntad. “Me parece imposible conseguir acuerdos en este sentido si Reino Unido se descuelga del proyecto”, avisan fuentes diplomáticas.

Con los últimos sondeos a favor del abandono del club y los parqués de las plazas europeas en rojo, Cleppe alerta de que un resultado a favor del Bréxit superior al 40% en uno de los países grandes del club supondrá una “falta de legitimidad” en el proyecto europeo y en las propuestas de centralización y que los países escandinavos podrían sufrir el contagio. Brexit (salida) o Remain (permanencia). Gane quien gane, todo indica que la incertidumbre sobre el proyecto europeo continuará.