Mohamed Abrini: Uno de los lugartenientes de Mustafa Setmarian

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Combo de imágenes sin datar cedido por la Policía belga del belga Mohamed Abrini
Combo de imágenes sin datar cedido por la Policía belga del belga Mohamed Abrini

La Policía belga se apuntó ayer un importante tanto en la lucha antiterrorista con las detenciones en Anderlecht. Dos de los arrestados son Mohamed Abrini y Naim Al Ahmed, coordinadores del Daesh, el Estado Islámico, para cometer atentados en Europa, tal y como adelantó LA RAZÓN en su edición del pasado martes. Formaban parte del siniestro «batallón de la muerte», al que entrenó en Siria Abdelhamid Abaaoud, abatido por la Policía francesa en París en noviembre del año pasado. Abrini y Ahmed habían sido designados por el jefe del «aparato militar», el sirio español Mustafa Setmarian, para sustituir a Abaaoud. De ahí la importancia de la operación antiterrorista en Bélgica. La forma de actuación del Estado Islámico ha variado por completo y se puede hablar de un antes y un después de los atentados de París el 13-N. Ahora, las células no actúan a su libre albedrío, aunque el fenómeno de los «lobos solitarios» es un peligro a tener en cuenta, sino que los atentados se preparan minuciosamente. Existen informadores que examinan los objetivos, estudian los itinerarios para que los terroristas puedan llegar sin problemas hasta el lugar, ya sea en coches de la banda o en transporte público, y las vías de escapada de los que les acompañan y que no participan en la comisión directa de las acciones criminales por tener asignadas otras misiones, entre ellas las de coordinación. De esta manera, el Daesh ha logrado montar ya en Europa una estructura criminal y no se descarta que lo haya hecho en otras zonas del mundo. La nueva fórmula de actuación de las células, que se asemeja a las del terrorismo tradicional que practicaba ETA y sigue practicando una rama del IRA, garantiza a los cabecillas de la banda una planificación de las campañas de atentados dentro de la estrategia global de extender el terror entre los «infieles cruzados», como llaman a los cristianos, o los musulmanes ortodoxos. Los expertos, sin dudar de la capacidad criminal de Abaaoud, pensaban que había una mente, con la suficiente experiencia y, por lo tanto «autoridad moral», que estaba detrás de los nuevos planes. Las noticias confirmadas de que Setmarian había abandonado Al Qaeda y se había incorporado al Estado Islámico pusieron nombre y apellidos al «ideólogo». Su conocimiento de España, en donde ha residido varios años, supone un peligro adicional para nuestro país dentro de la amenaza global que sufren todas las naciones que forman parte de la coalición internacional.