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Ortega celebra 40 años de la traicionada revolución sandinista en Nicaragua

Aislado y cuestionado por su pueblo, el presidente apeló ayer al espíritu revolucionario, pero la oposición le echa en cara la deriva autoritaria de su Gobierno, que ha provocado más de 300 muertos en solo un año.

Aislado y cuestionado por su pueblo, el presidente apeló ayer al espíritu revolucionario, pero la oposición le echa en cara la deriva autoritaria de su Gobierno, que ha provocado más de 300 muertos en solo un año.

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«Adelante, marchemos compañeros. Avancemos a la revolución Nuestro pueblo es el dueño de su historia, arquitecto de su liberación», decía la primera estrofa del el himno a la Unidad Sandinista, compuesto por Carlos Mejía Godoy a petición de la dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Pero si Aguato César Sandino levantase la cabeza, seguramente se rebelaría contra el que alza en vano su bandera con mano de hierro, el dictador Daniel Ortega, que ayer celebró los 40 años de la revolución en un contexto de escaso apoyo interno y externo. Entre los pocos líderes que le felicitaron está Putin, quien aseguró que «Nicaragua siempre puede contar con la ayuda de Rusia».

El aniversario de la insurrección que acabó con el régimen somocista ha quedado ensombrecido por la crisis originada el pasado año con las manifestaciones contra Ortega, al que acusan de encabezar un régimen autoritario y corrupto, que se parece cada vez más a aquel contra el que los guerrilleros sandinistas lucharon a finales de los 70. La ola de protestas ha dejado más de 300 muertos –otras fuentes elevan la cifra a medio millar–, cientos de detenidos, 62.000 exiliados, recesión (la economía se contrajo el 3,8% en 2018), cierre de empresas y la pérdida de más de 400.000 empleos. Podría ser el comienzo del fin.

En Masaya, el mismo departamento donde comenzó la revolución y en donde hace un año las fuerzas opositoras se atrincheraban, Ortega dio ayer un discurso retrasmitido por todas las cadenas nacionales, entre vítores de «venceremos». «Por los vendepatrias de ayer y hoy, que solo quieren arrastrar nuestra bandera. Por la unidad, por la soberanía de nuestros pueblos, aquí está Sandino. Su sangre sigue viva por la paz. Como la de Chávez. Cuando pensaban que el pueblo estaba de rodillas. Patria viva, o morir», dijo aclamado por la audiencia congregada.

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Honrar a Sandino

En 1979, la victoria del sandinismo sobre la dictadura de Anastasio Somoza, quien el 18 de julio de ese año huyó del país para refugiarse en Miami, era inminente. Días de furia y caos. El país venía de años de cansancio frente a una dinastía somocista que había propiciado el asesinato del revolucionario más querido, Augusto César Sandino, en los años 30, por lo que no solo los miembros guerrilleros del FSLN salieron a las calles en 1979, sino cientos de miles de personas armadas para combatir a la Guardia Nacional y honrar la memoria del líder de la resistencia contra el ejército de ocupación estadounidense. Cabe aclarar que ésta fue una revolución que no se fraguó de un día para otro. El sandinismo venía cobrando fuerza desde hacía años, pero no lograba unificarse y no fue hasta ese 19 de julio de 1979 cuando vio la oportunidad de consolidarse y, junto al pueblo, derrocar un gobierno autoritario y brutal.

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La revolución empezó fracturada. Desde el principio, la dirigencia no pudo ponerse de acuerdo. Tal fue el caso de Violeta Chamorro y Alfonso Romero, dos personajes ajenos al sandinismo original que terminaron alejándose cada uno en su momento del Gobierno.

Finalmente Ortega regresó como coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de 1979 a 1984 y presidente de la República de 1984 a 1990 y más tarde desde enero de 2007 hasta hoy. El mandatario es la persona que más tiempo ha pasado al frente de los destinos de Nicaragua: 23 años, y sigue contando...

A partir de ahí hubo momentos de mayor y menor esplendor. Durante la era Hugo Chávez –sobre todo el primer mandato de Ortega– la economía creció gracias, entre otras cosas, a las ayudas del régimen bolivariano y hubo cierta disminución de la pobreza. De hecho, recibió 4.800 millones de dólares de cooperación venezolana entre 2008 y 2018, y ejecutó proyectos para combatir la pobreza, como el programa Hambre Cero que benefició a más de 51.000 familias hasta 2011, según diversas fuentes. Pero hace tiempo que Venezuela entró en crisis y soltó la mano del sandinista, que anda a la deriva.

Muchos analistas consideran que lo que se celebró ayer no puede ser el éxito de una revolución, ni de una segunda etapa de ésta. En la actualidad no existe un proyecto de transformación social, como sí se presentó en el 79, sino más bien un Gobierno autoritario enteramente aferrado al poder y que tiende hacia el neoliberalismo.

Esa puede ser tal vez la razón por la que el pueblo de Nicaragua continúa mostrando resistencia, en lugar de sumisión. Cada día hay más muertes en enfrentamientos con las autoridades, ciudades como Masaya siguen levantándose en armas y continúa en aumento la cifra de presos políticos. Al mismo tiempo han resurgido los grupos paramilitares a favor del Gobierno y la comunidad internacional continúa denunciando una crisis sociopolítica y económica en aumento.

Ortega se presentó ayer ante miles de simpatizantes en la Plaza de la Fe para celebrar el triunfo de la revolución, pero con un exagerado contingente de seguridad para garantizar la integridad de un hombre que junto con su esposa, Rosario Murillo, ya no pueden salir libremente a las calles de Managua. «Esto es toda una contradicción», destaca en un comunicado la organización opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia. «La aspiración del pueblo de Nicaragua para encontrar una pronta salida al deterioro de las condiciones sociales y económicas y un futuro mejor nos mueve a emplazar al Gobierno a participar en dicha negociación (...) Las acciones unilaterales del régimen no han podido ni podrán resolver el origen del conflicto», explicaba esta semana Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia.

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Ambos han ido perdiendo apoyos en todos los sectores, incluida la iglesia católica. Ortega acusa al Episcopado de apoyar un supuesto golpe de Estado, porque los religiosos arriesgaron su vida el año pasado para salvar la de miles de civiles de los ataques armados de las fuerzas combinadas del Gobierno, que en su mayoría fueron letales.

La Organización de Estados Americanos (OEA) tiene en marcha un proceso de aplicación de la Carta Democrática Interamericana contra Nicaragua por rompimiento del orden constitucional, que de ejecutarse la suspendería del organismo. Ayer mismo otro opositor a Ortega fue asesinado a tiros cerca de la frontera con Honduras. El Movimiento Campesino culpó al Gobierno por lo ocurrido. «La dictadura criminal continúa asesinándonos todos los días», sostuvo. El obispo de Nicaragua, Rolando Álvarez denunciaba la víspera haber sido asediado por un grupo de hombres armados mientras se reunía con líderes religiosos de la diócesis de Matagalpa, al norte del país.