Internacional

¿Por qué son peligrosos los “gases inertes radiactivos” liberados tras la explosión en Rusia?

Estroncio-91, bario-139 y lantano-140 permanecieron varias horas en el aire tras la explosión a principios de mes en el noroeste de Rusia. La falta de información del Gobierno impide conocer el alcance del accidente

Estroncio-91, bario-139 y lantano-140 permanecieron varias horas en el aire tras la explosión a principios de mes en el noroeste de Rusia. La falta de información del Gobierno impide conocer el alcance del accidente

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Una nube de gases radiactivos se cernió sobre Rusia durante días tras la explosión del 8 de agosto en Nyonoksa. La agencia meteorológica rusa Rosguidromet ha informado este pasado lunes que se propagaron “gases inertes radiactivos” en el aire. Los datos se tomaron en la ciudad rusa de Séverodvink, a 40 kilómetros de Nyonoksa, ciudad más cercana al incidente.

Se encontró estroncio-91, que permaneció durante más de 9 horas en el aire; bario-139, que estuvo 83 minutos en la zona; bario-140, que se mantuvo 12 días, y lantano-140, durante 40 horas. “Podría ser problemático”, advierte a LA RAZÓN Jan Haverkamp, experto nuclear de Greenpeace. “Los isótopos pueden sacar el calcio que hay en el cuerpo de una persona”, informa el experto. La agencia Rosguidromet aclara que actualmente “no se detectan radionucleidos de origen tecnológico” en Séverodvink.

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“No hay transparencia por parte de Rusia”, se queja Haverkamp, y “solo puede saberse si los materiales son peligrosos si conocemos cuánta gente estuvo expuesta y a cuánta cantidad” afirma. A este respecto, el gobernador de la región de Arcángel, Ígor Orlov, repitió a la agencia Interfax que “no hay factores que amenacen la salud y la vida de la población de la región”.

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“Nunca he visto estos isótopos en el aire”, decía Haverkamp. Para el experto, miembro de la Universidad de Masaryk de Brno, se trata “probablemente un reactor basado en plutonio”, pero, repite, no hay suficiente transparencia gubernamental como para confirmarlo. Los analistas han ido señalando estos días que podría tratarse de un potente misil ruso nombrado por el Kremlim como 9M730.

El técnico de Greenpeace apunta también hacia la importancia de que EE UU firme un nuevo tratado nuclear con Rusia para evitar que la situación “vaya a peor”. La Administración Trump se retiró el 2 de agosto del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) acusando a Moscú de incumplirlo.

La ciudad de Nyonoksa, la más cercana a la explosión, recibió el 13 de agosto una orden militar para que sus 500 habitantes desalojaran la ciudad. Posteriormente, el Gobierno de la región canceló la orden y llamó a la calma.

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El día 8 de agosto se produjo el fatal accidente tras la explosión de una “fuente de potencia nuclear” cerca de la localidad de Nyonoksa, que acabó con la vida de cinco personas y dejó heridas a otras tres. Vladimir Putin, presidente de Rusia, admitió el pasado 21 de agosto que se trataba de un accidente con “nuevos sistemas armamentísticos”. El presidente se excusó “en nuestra propia seguridad” para no dar mas datos al respecto.

La única reacción de Donald Trump, presidente de EE UU, que pidió que se readmitiese a Moscú en el G7, fue publicar un tuit en el que decía que “estaban aprendiendo mucho” del incidente nuclear de Nyonoksa. El mandatario norteamericano admitió que tienen “tecnología similar”, pero “más avanzada” que la rusa.