Internacional

Primer pulso a la reforma de pensiones de Macron

«Viernes negro» en París. La huelga del transporte urbano paraliza la capital francesa

«Viernes negro» en París. La huelga del transporte urbano paraliza la capital francesa

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Coches compartidos para ir al trabajo, estaciones de bicicletas vacías, disputas por coger taxis y mucha gente lanzándose a la calle para llegar al trabajo andando. Por no hablar de los atascos formados a primera hora de más de 200 kilómetros en los alrededores de París. Este era el panorama que dejaba en la capital francesa este viernes por la mañana la huelga de transporte público. En el primer acto de protesta al que Emmanuel Macron se enfrenta en el nuevo curso político, los transportistas de la red de metro y autobuses de la capital gala han querido dejar claro la amenaza a la que se enfrenta el Gobierno en caso de que dé pasos erráticos con su complicada reforma de las pensiones, uno de los capítulos más sensibles que el Ejecutivo galo tiene por delante en los próximos meses.

Casi la totalidad de las 16 líneas de metro de la capital dejaron de funcionar, así como dos tercios de autobuses y buena parte de los trenes de cercanías que conectan París con su región. Los transportistas temen que la nueva reforma, que el Gobierno pretende diseñar durante los próximos meses en diálogo con los sindicatos, termine con algunos de los beneficios de su sector y alargue su vida laboral. Actualmente, en este sector, se jubilan como media a los 55 años y medio, aunque algunos pueden hacerlo a partir de los 50 años y 8 meses. La edad legal de jubilación en Francia es hoy de 62 años. El Gobierno estudia aumentar esa cifra a los 64 años y quiere fusionar en uno solo los 43 regímenes de pensiones hoy vigentes y distintos en función del estatus o la profesión. Muchos franceses temen que esto suponga trabajar más y cobrar menos y ante el periodo de reflexión abierto por el Gobierno, los transportistas pretenden influir vía huelgas como ésta en el proceso de reforma.

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El presidente francés, Emmanuel Macron, y su primer ministro, Édouard Philippe, confían en desactivar esta y otras protestas mediante un amplio diálogo social antes de la aprobación de la reforma. El gobierno insiste una y otra vez en la concertación con los actores sociales para aprobar el texto final, a sabiendas que una eventual reactivación de las protestas de los chalecos amarillos puede llegar en cualquier momento.

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Reformar dialogando, ese parece ser el credo al que se encomienda Macron, lo cual parece complicado en un país reconocido por su alergia a las reformas. A su favor cuenta a día de hoy con dos cosas: su cuota de popularidad se ha incrementado desde inicios de verano y la oposición sigue en mínimos históricos.

La huelga de los transportes es tan sólo la primera en una serie de movilizaciones contra la reforma de las pensiones los sindicatos GGT y Fuerza Obrera han convocado sendas manifestaciones- o contra otras iniciativas del Gobierno que están por llegar antes de final de año. En las próximas semanas está previsto que salgan a la calle abogados, médicos y enfermeros, pilotos y asistentes de vuelo, policías y activistas conservadores contra la ley de bioética. A todos estos grupos se añadirán los chalecos amarillos, que quieren demostrar que no han desaparecido.