Política

Putin planea sobre las elecciones en Ucrania

Cinco años después de la revolución proeuropea del Maidan, los ucranianos acuden hoy a las urnas con un sentimiento de doble rechazo a las élites por la corrupción y a Rusia por la herida de Crimea.

Vladimir Zelenski. Cómico, actor y empresario con casi un 25% de la intención de voto. Simpatiza con los valores europeos, pero considera que Ucrania no está preparada para ingresar aún en la UE. Exige además la devolución de Crimea y niega que Moscú esté deseando su victoria.
Vladimir Zelenski. Cómico, actor y empresario con casi un 25% de la intención de voto. Simpatiza con los valores europeos, pero considera que Ucrania no está preparada para ingresar aún en la UE. Exige además la devolución de Crimea y niega que Moscú esté deseando su victoria.

Cinco años después de la revolución proeuropea del Maidan, los ucranianos acuden hoy a las urnas con un sentimiento de doble rechazo a las élites por la corrupción y a Rusia por la herida de Crimea.

Ucrania arranca este domingo un año electoral decisivo. El país, considerado hace un lustro el puente entre dos mundos diferentes, Rusia y Europa, vota hoy roto por la guerra civil, enfrentado con Moscú y decepcionado con las autoridades erigidas tras las protestas de Maidan. Los resultados de las urnas no solo marcarán el futuro de esta nación tan poblada como España, sino que también podrían abrir una nueva fase en las relaciones con Rusia o reafirmar su ruptura total. Aparte de las muchas incógnitas que se desprenden de las encuestas, se puede extraer una certeza: Ucrania ha enfocado su futuro hacia Occidente.

Ninguno de los candidatos favoritos muestra simpatías por el país vecino y la población prorrusa ha perdido, además del Partido de las Regiones como referente, unos cinco millones de votantes entre Crimea y Donbass. Mañana se celebra la primera ronda de las elecciones presidenciales, que tendrán seguramente una segunda vuelta el 21 de abril. Sin embargo, el panorama político no se despejará del todo hasta las parlamentarias de octubre, pues de la Rada Suprema dependerá la viabilidad del Gobierno que elija el nuevo presidente. Que no tenga un aliado claro no significa que el Kremlin no tenga sus preferencias entre los favoritos.

Según las últimas encuestas de «Democratichny Initsiativi» y «RatingGroup», el primer puesto lo ocupa el actor Vladimir Zelenski con un 27% de apoyo, seguido por dos oligarcas que llevan décadas en torno al poder: Yulia Timoshenko, que se presenta por tercera vez y ronda entre el 12% y el 17%; y el actual presidente, Petro Poroshenko con un 18%. En el pasado, la vuelta se hubiera dirimido entre estos últimos, pero la irrupción de Zelenski puede dejar a uno de los dos fuera de la votación final. En ese caso, todo puede ocurrir: los votantes del eliminado tendrán que decidirse entre su rechazo al adversario de siempre o poner al frente del país en un momento crítico a un político sin experiencia, presentado a última hora y que ha evitado abordar los temas más difíciles durante la campaña. Además, el abanderado contra la corrupción ha sido acusado de estar al servicio del exiliado magnate Igor Kolomoisky, quien por cierto está en juicios contra Rusia por perder sus empresas en Crimea.

«Puede pasar de todo. Además, un 25% de los votantes está indeciso», afirma Balazs Jarabik, experto en Ucrania del «think tank» Carnegie Endowment. «Moscú no quiere en absoluto a Poroshenko. Le puede interesar Timoshenko, con quien ya se ha entendido en el pasado, o Zelensky, que no tiene experiencia política», añade tras incidir en que «sería una victoria para Vladimir Putin que no gane Poroshenko». No obstante, Zelensky podría resultar un arma de doble filo porque ni siquiera Moscú sabe por dónde saldrá.

Está prevista una participación masiva, de en torno al 80%, a las elecciones con mayor número de candidatos de la historia de Ucrania, 39. No obstante, hay «trampa»: muchos de ellos han sido presentados para agitar la agenda electoral, e incluso hay cierto humor negro en presentar a un desconocido llamado Yuri Timoshenko para que los votantes de Yulia Timoshenko se confundan de papeleta. Según algunos informes de ese mismo centro de análisis, más allá de las presidenciales, que le son inalcanzables, la batalla política del Gobierno ruso estará en conseguir el apoyo de partidos afines en las legislativas. El candidato con más sintonía con Moscú, Yuri Boyko, aparece muy lejos en las encuestas, aunque peor está la extrema derecha: Ruslan Koshulinski, de Svoboda, apenas ronda el 1% de intención de voto. En cualquier caso, estos movimientos tendrán cierta visibilidad porque la Junta Electoral dio permiso a los milicianos del Batallón Azov para monitorear la jornada. La campaña se mueve en tres ejes: la corrupción, la pobreza y la guerra. A diferencia de sus rivales, que han centrado la campaña en el primer punto, Poroshenko ha hecho suya la defensa de la identidad ucraniana convirtiendo su candidatura en un «o Putin, o yo». Hasta tal punto lo ha logrado, que ha desbancado a un candidato limpio de acusaciones, pro-OTAN y apoyado desde Europa como Anatoli Grytsenko. Algunos medios ucranianos apuntan aquí al factor «carisma»: Poroshenko se ha mostrado firme declarando la ley marcial tras el incidente con la marina rusa en el Estrecho de Kerch, donde fueron detenidos 24 marineros ucranianos, ha limitado el transporte desde Rusia y ha ordenado el bloqueo económico de Donbass desde 2017.

Asimismo, de cara a sus votantes también logró el reconocimiento de la iglesia ortodoxa ucraniana por el patriarca de Constantinopla, provocando un cisma con Moscú; y ha impulsado el ucraniano en detrimento del ruso hasta tal punto que se anuló la ley que lo reconoce como lengua regional. El alcance de esta iniciativa es tal, que se ha prohibido la difusión de libros y canciones en ruso en ciudades como Lvov. Aunque el país presenta grandes diferencias entre sus regiones, la mayor parte de su mitad oriental es rusoparlante.

El gran lastre de Poroshenko es la corrupción, hasta tal punto que las encuestas reflejan que apenas uno de cada diez ucranianos confían en él. Pese a abanderar la llamada «operación antiterrorista» en Donbass, la última revelación es que un hijo de su Jefe Adjunto del Consejo de Seguridad ha hecho millones de dólares revendiendo material ruso de contrabando al Ejército. Precisamente la llamada «princesa del gas» sería una presidenta más accesible para Moscú en el plano económico «por su pragmatismo y pese a su populismo», según Jarabik. Con ella firmó el Kremlin el acuerdo para el tránsito de gas a Europa de 2009, el cual concluye precisamente en diciembre de este año. Timoshenko ha elevado el tono pero no está claro que sea creíble. La herida de la guerra sigue abierta y suma 13.000 muertos en un lustro.