Putin y Erdogan liman sus asperezas gracias al petróleo

Maduro presiona para que la OPEP limite la producción de crudo

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, flanqueado por Nicolás Maduro, Vladimir Putin e Ilham Aliyev, ayer en Ankara
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, flanqueado por Nicolás Maduro, Vladimir Putin e Ilham Aliyev, ayer en Ankara

La energía, en particular el gas y el petróleo, ha servido como puente de unión para acercar a Venezuela, Rusia y Turquía al abismo de Oriente Medio. Así lo recordó ayer el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que advirtió de que la presencia de grupos terroristas en Irak y Siria amenaza el suministro mundial de energía y pidió al resto de países que se unan a Turquía en la lucha contra esas organizaciones. En el discurso de apertura de la 23ª edición del Congreso Mundial de la Energía, que se celebró en Estambul, el presidente turco manifestó que «el mundo no tendrá seguridad energética si no se puede limpiar esta región de organizaciones terroristas», donde se concentran «dos tercios de los suministros de energía del mundo». Turquía, pese a no ser un suministrador de energía, es un país de tránsito que lleva gas desde Rusia, Azerbayán o Turkmenistán hacia Europa a través de sus gaseoductos.

Tras la primera visita oficial del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a Turquía se firmó un nuevo acuerdo que busca fortalecer las relaciones bilaterales y multiplicar las inversiones en el sector energético entre ambos países. A través de la red social Twitter, el titular venezolano de Petróleo y Minería, Eulogio del Pino, manifestó que ambos países estrecharon lazos comerciales. De hecho, al cierre de esta edición, Erdogan anunció que «en enero o febrero» de 2017 visitará Venezuela. «Allí hablaremos sobre qué podemos hacer para nuestra futura cooperación», dijo.

Al encuentro de la OPEP que se celebra esta semana en Estambul también fue invitado el líder ruso, Vladimir Putin. En su alocución, el líder del Kremlin anunció que su país está «dispuesto a unirse a las medidas destinadas a limitar la producción de petróleo». Una decisión que fue elogiada por Maduro, que insistió en que la OPEP contará «con el pleno apoyo de Moscú en su intento de promover un acuerdo mundial para congelar la extracción de crudo y subir los precios».

El líder del Kremlin reconoció que «se debe avanzar en esfuerzos que contribuyan con la estabilidad del mercado energético mundial» y señaló que la evolución de los precios del petróleo es «la única manera de preservar los precios de la energía».

La visita de Putin a Estambul también ha servido para volver a acercar posturas. Tras meses de turbulentas relaciones entre Moscú y Ankara, los mandatarios de ambos países han decidido enterrar el hacha de guerra y restablecer sus relaciones económicas, aunque sus intereses políticos respecto a Siria siguen siendo distintos.

Cooperación económica

Erdogan, a los pocos días de haber sufrido un golpe de Estado, visitó Moscú en julio con el fin de reanudar las relaciones bilaterales y ante las numerosas críticas de Occidente por la posterior represión en el país. Tras aquel productivo encuentro, Rusia y Turquía acordaron reinstaurar un acuerdo bilateral de cooperación económica que alcanza los 90.000 millones de euros. Una de las primeras consecuencias prácticas ha sido reanudar las obras de construcción de la central nuclear de Akkuyu. Un proyecto que cuenta con un presupuesto de 18.000 millones de euros con un objetivo claro: que Turquía sea cada vez menos dependiente de las importaciones de hidrocarburos.

Moscú insistió en su compromiso estratégico con el gasoducto «TurkStream» a través del mar Negro. Una alternativa al proyecto «South Stream» enterrado por Rusia por la crisis ucraniana.

Rusia establece una base naval permanente en Siria

Rusia reconvertirá en una base naval permanente sus instalaciones en el puerto sirio de Tartús, que hasta el inicio del conflicto servían de punto de mantenimiento técnico y abastecimiento para la flota rusa en el Mediterráneo, anunció ayer el viceministro de Defensa ruso, Nikolai Pankov. Recientemente, Rusia reconoció haber desplegado en ese puerto una batería de misiles antiaéreos S-300 para defender a sus barcos desplegados en la zona. Ni siquiera en tiempos de la Guerra Fría –cuando la URSS tenía desplegada en aguas del Mediterráneo a su V Escuadra naval (1967-1992)– llegó a contar Moscú con una base permanente en el Mediterráneo. El ex jefe del Estado Mayor de la Armada rusa, el almirante Viktor Kravchenko, explicó que los planes de construir una base naval en Siria significan «un refuerzo notable» de la presencia militar rusa en el país árabe. «Se trata de crear una infraestructura completa. No son sólo barcos y muelles», dijo.