«¿Qué hacéis aquí?»

El presidente de la Comisión echa en cara a los diputados del UKIP de Farage que asistan al Parlamento europeo tras lograr el triunfo del Brexit

Nigel Farage (izq.), líder de los euroescépticos británicos, se enfrentó al presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker
Nigel Farage (izq.), líder de los euroescépticos británicos, se enfrentó al presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker

El presidente de la Comisión echa en cara a los diputados del UKIP de Farage que asistan al Parlamento europeo tras lograr el triunfo del Brexit

La Eurocámara reunida en Bruselas en sesión extraordinaria, antes de la cumbre de los Veintiocho, vivió ayer uno de sus debates más vivos y feroces, con un presidente de la Comisión Europea en plena ofensiva contra los partidos euroescépticos y eurófobos. Mientras, Nigel Farage, el líder de los euroescépticos británicos de UKIP, y Marine Le Pen, jefa de filas del partido de extrema derecha francés, no podían ocultar su satisfacción ante una victoria sin paliativos para su causa, tras ese Brexit que abre un camino tortuoso y sin brújula para el proyecto europeo.

Hace un año que Le Pen consiguió formar grupo propio en el Parlamento (antes estaba en la bancada de los no inscritos) gracias a su alianza con la ultraderecha xenófoba de Geert Widers. Los dos líderes han amenazado con convocar respectivos referéndums en sus territorios si llegan al poder en el año 2017, cuando los dos países celebren elecciones. Farage también hizo alusión a un efecto contagio en territorio europeo. «Reino Unido no será el último país en abandonar la UE», profetizó ante un auditorio que prorrumpió en abucheos mientras recordaba que en el pasado ya había vaticinado la salida de Reino Unido del club.

Enfrente, un Jean-Claude Juncker más fiero que nunca prometió «seguir luchando por una Europa unida hasta el último suspiro» y aprovechó la ocasión para negar esos rumores que, procedentes de la prensa germana, ponen en duda su estado de salud y su vigor para ocupar su puesto como presidente del ejecutivo europeo. Juncker también volvió a sacar pecho de una Comisión que define sin cesar como «política» y recordó que cuenta con la legitimidad democrática de haber sido elegida por la Eurocámara frente a las caricaturas de los medios británicos que la caracterizan como un cuerpo de burócratas alejados de la realidad.

Las diatribas contra la Unión Europea, no por menos esperadas, resultaron menos crueles. Uno de los vencedores sin paliativos de la consulta, el eurodiputado Farage, pidió a la Unión Europea que deje a Reino Unido «ser su amigo» o, lo que es lo mismo, el acceso al mercado único sin contrapartidas, tras amenazar con imponer tarifas arancelarias a las exportaciones de automóviles alemanas y dejar a miles de trabajadores alemanes en paro. Farage defendió que el voto de los británicos iba dirigido a «recuperar el país, sus fronteras y una nación con autogobierno. Haciendo esto ofrecemos una esperanza al resto de demócratas europeos».

Las algaradas desde las filas euroescépticas encendieron el debate, y en un momento hasta el propio Juncker interpeló de manera directa a los eurodiputados de las filas de UKIP. «Es la última vez que aplauden ustedes aquí, y estoy realmente sorprendido de que esteis aquí. Estais peleando por salir, ¿qué hacéis aquí?», dijo el presidente de la Comisión en uno de los momentos más tensos que se recuerdan en los debates europeos.

Le Pen calificó por su parte el resultado del referéndum británico como el acto «más importante desde la caída del Muro de Berlín» y un «grito de libertad del pueblo a su país». «Es una bofetada a un sistema europeo cada vez más instalado en el miedo, el chantaje y las mentiras», añadió.

Las intervenciones más esperadas también vinieron por parte de los eurodiputados escoceses, que emitieron una señal de auxilio a la Unión Europeo y de Irlanda del Norte. Martina Anderson, del Sin Feinn, pidió no construir una «frontera más».

Esta sesión extraordinaria sirvió, aparte de para calibrar el ánimo de las principales fuerzas políticas de la Eurocámara, para aprobar una moción en la que se pide a Cameron que active el artículo 50 de salida «lo antes posible» y que deje de jugar al gato y al ratón como modo de incrementar la incertidumbre. En el texto pactado el día anterior, los cuatro principales partidos urgían a una notificación «inmediata», pero ha habido una cierta rebaja del tono acorde también con el paso impuesto por las capitales europeas, capitaneada por Alemania. Bruselas ha comenzado a mostrarse algo más comprensiva ante la gravísima crisis que se vive en el país, aunque Juncker volvió a repetir la frase que se ha convertido en consigna en Bruselas en los dos últimos días: «Sin notificación no habrá negociación».