Robert Kaplan: «La dependencia de Putin con Asad le hace débil»

El autor de «La anarquía que viene» sostiene que nos movemos en un mundo multipolar e inestable donde el caos va a reinar en los próximos cincuenta años.

El autor de «La anarquía que viene» sostiene que nos movemos en un mundo multipolar e inestable donde el caos va a reinar en los próximos cincuenta años.

Le definen como el Ryszard Kapuscinski estadounidense aunque él prefiere presentarse como un periodista al que le gusta analizar la historia y el presente a través de la geografía y la geopolítica para proyectar teorías de interés en relación al porvenir del caótico mundo en el que nos encontramos. Los estudios, libros y paradigmas de Robert Kaplan (Nueva York, 1952) resuenan con fuerza en los centros de análisis ya que explican la realidad desde ángulos poco explorados y dan puntos de vista sin parangón, lo que le ha posicionado como uno de los pensadores modernos de referencia. La editorial Malpaso presenta ahora en español su libro “A la sombra de Europa” y el analista estadounidense recibe a LA RAZÓN en Madrid, donde viajó para recibir el premio de la Sociedad Geográfica Española, para analizar el convulso panorama internacional. Hace 23 años introdujo la entonces provocadora reflexión sobre “La anarquía que viene”, un ensayo publicado en “Atlantic Monthly” donde reflexionaba sobre los efectos de la caída de la URSS y el mundo de la postguerra fría augurando la implosión de varios estados africanos que conllevaría una amenaza mundial permanente. “Esta afirmación se ha vuelto más relevante ahora. Escribí sobre tres o cuatro países africanos y ellos colapsaron cinco años después. En este momento nos encontramos ante un nuevo ciclo de la historia donde vemos que las enfermedades, la criminalidad y la fragilidad de las instituciones golpea a estados más grandes, sobre todo en Oriente Medio. No está mal que después de 23 años parte de aquel artículo siga tiendo utilidad y sea relevante”, afirma el viajero pensador. Sus tesis analizan el actual caos mundial sobre el que pronostica que durará al menos “unos cincuenta años” debido a que nos movemos hacia un mundo “más multipolar e inestable”. Su mirada se posa con especial interés en Siria, foco de las turbulencias de Oriente Medio que golpean el orden internacional. “Lo que ha fallado son los estados baazistas tanto de Irak como de Siria, que han sido anarquías enmascaradas en una tiranías. Unas tiranías brutales y opresivas. No han sido capaces de crear ninguna institución fuerte, ninguna organización de la sociedad civil. Por eso cuando el líder cae no hay nada ahí y el estado se derrumba”, afirma Kaplan. Y es en ese punto, al llegar el colapso, cuando las potencias internacionales han tratado de establecer su poder e influir en dichos territorios. “No sólo EE UU y Rusia, también Turquía Arabía Saudí, Qatar, Irán...Se ha convertido en el centro de una guerra multipolar que ha convertido el conflicto sirio en una guerra sin un final predecible”, añade. De hecho, el analista estadounidense afirma que en este momento no encuentra elementos que ayuden a augurar el fin de la guerra “porque aunque Asad ha obtenido significantes victorias, lo ha hecho promocionado hombres de la guerra por todo el país que operan de manera independiente a él”. Frente a los que sentencian que la intervención rusa en Siria ha servido para posicionar a Putin como un actor fundamental en Oriente Medio, Kaplan tacha de débil a Moscú por su dependencia a Asad, el cual también se encuentra en una situación de fragilidad. “Rusia ahora controla su base naval en siria y es un jugador en Oriente Medio pero tiene sus nuevas responsabilidades que no tuvo antes. Está atado al régimen de Asad. Creo que Rusia es más fuerte pero a la vez más vulnerable”, defiende.

Los juegos de poder están mutando y las reglas de las relaciones internacionales, reescribiéndose. Tanto es así, que Kaplan se atreve a asegurar que tras 75 años de liderazgo EE UU en el mundo estamos entrando en un nuevo orden. “La victoria de Trump, el Brexit, el nuevo gobierno polaco moviéndose a la derecha, el Ejecutivo húngaro defensor de una derecha autoritaria, el fiasco del referéndum de Renzi... todo está relacionado con el hecho de que la democracia occidental se enfrenta a una fuerte crisis”, sentencia Kaplan que también tiene recetas para la maltrecha UE: “Es débil pero no desperecerá. Debe ser una organización más democrática. Los populismos suponen una amenaza, pero éstos se vencerán con reformas económicas y crecimiento. Europa no ha fallado en su proyecto, pero este era demasiado grandioso”, dice.

Una mala época para el Occidente y una oportunidad, sin duda, para Rusia, quién, según él supo sacar un buen partido en las elecciones de Estados Unidos. “Aunque realmente, la única culpable de la derrota de Clinton fue la propia Hillary”, ironiza en relación a la debilidad de la candidata demócrata. Al hablar de Trump se le frunce el ceño y, al igual que al resto de expertos, le cuesta dar un juicio de valor sólido dado la improvisación de la nueva Administración. “Al presidente le gustaría que EE UU tuviera menos responsabilidades en el mundo, pero debe darse cuenta que el país está tan intrincado en el mundo que es imposible sacarle de ahí. Habrá nuevas situaciones en las que se necesite la respuesta de EE UU lo que le forzará a enfrentarse a la realidad”, sentencia.

Al igual que Moscú saca provecho de las debilidades occidentales, China no es una excepción y más ahora que un presidente como Trump se sienta en el Despacho Oval. “El presidente Chino, Xi Jinping, realizó un discurso en Davos en el que presentó a China como el líder de la globalización. Unas palabras que no hubiera utilizado si Trump no hubiera estado en la Casa Blanca”, dice Kaplan. Para él, la decisión de retirarse del TPP, el acuerdo comercial del Pacífico supone “uno de los mayores errores que EE UU ha cometido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Era un acuerdo comercial, no enviar barcos al pacífico. Washington debería estar más cerca de Japón, Filipinas de Tailandia. Esta decisión abre una oportunidad a China para ocupar el hueco que Estados Unidos dejará en el sureste asiático”, pronostica. Como anécdota complementaria a su argumentación, el escritor cuenta que mientras que en EE UU, paradigma de las democracias liberales, los altos cargos del nuevo Gobierno son amigos y familiares del presidente sin ningún tipo de experiencia, “China, que es una dictadura dura, tiene en los más altos niveles de gobierno a oficiales educados en Harvard, sofisticados en formación, capaces de tener diferentes puntos de vista”. El mundo al revés. Tendremos que esperar cincuenta años para ver si las aguas vuelven a su cauce porque, para lo bueno y lo malo, “todo es cíclico”, sentencia Kaplan.