Rusia escala la tensión al desplegar misiles en Crimea

Putin amenaza con romper relaciones diplomáticas con Ucrania tras el «sabotaje» de Kiev en la península, dos años después de la anexión

Tanques ucranianos se dirigen hacia la frontera con la península de Crimea

Putin amenaza con romper relaciones diplomáticas con Ucrania tras el «sabotaje» de Kiev en la península, dos años después de la anexión

Dos años y medio después de la anexión, Rusia y Ucrania vuelven a estar a la gresca a cuenta de Crimea. La escalada de tensión de los últimos días vivió ayer el último capítulo con el despliegue en la península de las baterías antiaéreas más potentes del Ejército ruso, las S-400 Triumf, capaces de portar misiles de medio y largo alcance, los mismos que Moscú ya emplazase en Siria tras el derribo de un caza en la frontera con Turquía. «La entrega del equipo se efectuó en el polígono militar de Kapustin Yar», provincia de Astrakán, en el sur de Rusia, detalló ayer el Ejército en un comunicado, en el que explica que el contingente incluye 16 lanzaderas y un puesto de mando.

El despliegue forma parte de las «contramedidas» ordenadas la víspera por el presidente Vladimir Putin para reforzar la seguridad en la región y que siguen al incidente en la frontera del pasado fin de semana. «Ucrania ha elegido el camino del terror, un juego peligroso. Haremos todo lo que sea necesario para asegurar a nuestros ciudadanos y las infraestructuras de la península», afirmó el presidente. Moscú denuncia que tres grupos de «saboteadores» que seguían órdenes del Ejército ucraniano fueron neutralizados tratando de infiltrarse en Crimea con 40 kilos de explosivos para, supuestamente, y según habrían confesado los detenidos, atentar en infraestructuras clave y desestabilizar la región en vísperas de las elecciones parlamentarias previstas para mediados de septiembre. Cabe recordar que Crimea, además, se encuentra en plena temporada alta, promocionada profusamente por el Gobierno como destino turístico interno. «El organizador de los actos subversivos planificados en la península fue el jefe de inteligencia del 37º batallón de la 56ª brigada de la Dirección General de Inteligencia del Ministerio ucraniano de Defensa, el capitán Vladimir Serdiuk», detallaron ayer los servicios de inteligencia rusos (FSB), que afirman haber detenido a siete de los 13 agentes ucranianos implicados. Otro de los arrestados sería Eugeni Panov, que según el FSB habría confesado trabajar para los servicios secretos ucranianos, extremo desmentido desde Kiev, que le identificó como voluntario en uno de los batallones que combaten en Donbás. El presidente de la república de Crimea, el heterodoxo Serguei Aksionov, pidió la pena capital para los detenidos. «Con los saboteadores deberíamos actuar como hacen los agricultores con los cuervos que echan a perder la cosecha, matarlos y colgar sus cuerpos en la frontera para espantar a los próximos», espetó el líder regional en una entrevista a la televisión estatal rusa, en la que además acusó al Departamento de Estado de EE UU de connivencia en el incidente. Un suceso durante el que se registró un intercambio de fuego en el que murieron dos uniformados rusos, muertes que «no quedarán sin respuesta», advirtió Moscú al país vecino y a sus «patrocinadores extranjeros».

Conflicto diplomático

En plena escalada dialéctica, el primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, amenazó ayer con romper relaciones diplomáticas con el país vecino. «No me gustaría tener que llegar a eso, pero si no hay otra manera de cambiar la situación, el presidente podría probablemente tomar tal decisión», relató el jefe del Gobierno. Por su parte, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, calificó las acusaciones rusas de «cínicas» y tacha el incidente de «fantasía» como pretexto para incrementar la presión militar. «Nunca recurriremos al terrorismo para desalojar Crimea», prometió Poroshenko, que ordenó incrementar el contingente de tropas desplegadas en la frontera y ponerlas en estado de máxima alerta. Además, se ha declarado al nivel rojo de alerta en la zona limítrofe con Crimea, así como en la frontera de facto con las repúblicas autoproclamadas de Donetsk y Lugansk, donde las partes se acusan diariamente de violaciones de la tregua. Un alto responsable de la inteligencia ucraniana aseguró a AFP que el país se está preparando para cualquier eventualidad, incluida una invasión terrestre rusa. «No creo que vayamos a ver acciones de combate de forma inminente, pero es una señal de que ambas partes se están alejando de la lógica de la negociación política y pivotando a la del conflicto armado», diagnostica Gernot Elder, coordinador del Gobierno alemán para política rusa.

En la madrugada del jueves al viernes, en una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, Kiev pidió a Moscú pruebas que sostengan acusaciones, rechazadas tanto por la OTAN como por Washington. Por su parte, la Unión Europea trató de mantener la equidistancia, calificando de «presuntos incidentes» las acusaciones de Moscú e instando a la contención. «Hacemos un llamamiento a todas las partes para que se abstengan de cualquier medida que pueda conducir a una mayor escalada», señaló un portavoz de la Comisión Europea, que pidió acceso a Crimea para la misión de la OSCE y solicitó a Rusia «pruebas concretas que sostengan sus alegaciones».