Senadora e inmune

Cristina Fernández de Kirchner pierde ante un candidato desconocido de Cambiemos y no logra el triunfo deseado para convertirse en la líder de la izquierda, pero gana un escaño que le garantiza su inmunidad

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Cristina Fernández de Kirchner pierde ante un candidato desconocido de Cambiemos y no logra el triunfo deseado para convertirse en la líder de la izquierda, pero gana un escaño que le garantiza su inmunidad.

La mujer que más poder ha tenido en la historia de Argentina –incluso por encima de Eva Perón– no quiere dar por terminada su carrera política. Dos periodos presidenciales no parecen haber sido suficientes, por lo que Cristina Fernández de Kirchner (CFK) se lanzó al Senado y todo indica que buscará la presidencia en 2019. Sin embargo, «la hoja de ruta» marcada hacia la Casa Rosada está llena de obstáculos y codazos. La dama peronista no entrará por la puerta grande al hemiciclo, ha quedado segunda, pero al menos conseguirá blindarse de cara a los cinco procesos que afronta por corrupción.

Sería algo parecido a lo que hizo el ex presidente y hoy senador y candidato Carlos Menem, de 87 años, quien fue condenado a siete años de cárcel por contrabando de armas y sigue sin cumplir un día de prisión. La ex mandataria, de 64 años, se está jugando todo o nada. Y es que CFK, que sucedió como presidenta a su fallecido marido Néstor Kirchner, aún tiene mucho apoyo entre los sectores con menos ingresos, pero es muy criticada por las acusaciones de corrupción durante sus dos mandatos entre 2007 y 2015. Muchos argentinos que se volcaron con Fernández se quejan de que el tímido crecimiento de la economía no se refleja en la vida cotidiana y que la alta inflación –un problema arrastrado desde la gestión anterior– ha golpeado sobre todo a los sectores más pobres. «Unidad Ciudadana (el partido de Fernández) emerge como la oposición más firme a este Gobierno», señaló CFK tras reconocer su derrota. «Aquí hoy no se acaba nada, aquí hoy empieza todo».

En el otro lado, la victoria de Cambiemos se debe a la división del peronismo, al rechazo de Kirchner de entre el 60 y 70% y a la expectativa de que las reformas de Macri, sobre todo en lo económico, den frutos a medio plazo. Tras la recesión de 2016 y el impacto de los ajustes de Macri en el inicio de su mandato, que dispararon la inflación, redujeron el consumo y aumentaron el déficit, la economía argentina ha ido acumulando pequeñas mejoras este año, pero el país no acaba de despegar económicamente. Aunque la persistencia de Kirchner como figura principal de la oposición y la ráfaga de procesos judiciales contra ella y sus aliados permitieron al oficialismo proyectar estos comicios como una decisión entre la corrupción del pasado y la prosperidad del futuro. Por otra parte, en la provincia de Buenos Aires viven más de un tercio de los votantes del país, por lo que se suele considerar ganador de los comicios legislativos al partido que se impone allí. Muchas de sus regiones pobres son partidarias de Fernández, pero esos votos no fueron suficientes para superar al partido de Macri.

Ahora CFK tiene dos armas para agrandar esa popularidad: primero, su carisma, pues mantiene la vitalidad que enamoró a millones de argentinos durante la última década. Segundo, la economía. Por mucho que sea o no legado del anterior Gobierno, Macri está en el poder y la recuperación no termina de producirse. El consumo está caído, la inflación sigue alta, el desempleo aumentó y el crecimiento que vuelve lo hace a cuenta gotas. Además en los próximos dos años, Macri hará más recortes de subsidios y aumentos de tarifas, lo que dará munición a Kirchner para hacer una oposición sonora desde el Senado.

Argentina votó el domingo en pleno duelo por la muerte de Santiago Maldonado, que fue confirmada el viernes. En plena campaña, la desaparición del joven tatuador de 28 años en una protesta de indígenas mapuche el 1 de agosto generó una crisis política de la que Macri, pese a los viscerales ataques de la oposición por el caso, parece haber salido ileso electoralmente. Algunos incluso criticaron la festividad del mitin macrista después de conocerse los resultados, que esperaba ser más sereno, pero al final hubo baile y cumbia.