Stefan Löfven, un hábil negociador curtido en la lucha sindical

Löfven ha vuelto a salvar al Partido Socialdemócrata de Suecia de otro humillante paso a la oposición.

Löfven ha vuelto a salvar al Partido Socialdemócrata de Suecia de otro humillante paso a la oposición.

A sus 61 años, Stefan Löfven ha vuelto a salvar al Partido Socialdemócrata de otro humillante paso a la oposición. El líder del SAP, el partido que ha protagonizado la vida política de Suecia durante el último siglo, es un hombre hecho a sí mismo. Su biografía es un ejemplo de libro de cómo el Estado del Bienestar puede ayudar a todo el mundo a conseguir lo que ambiciona en la vida. Y Löfven no lo tuvo precisamente fácil. La muerte de su padre y la falta de recurso obligaron a su madre a darlo a una familia de acogida cuando apenas era un bebé de diez meses en Solleftea, a 500 kilómetros al norte de Estocolmo. “Cuando ellos me acogieron, yo no tenía nada. Pero gracias a sus brazos abiertos lo recibí todo”, recuerda con cariño de Ture e Iris Melander, que ya tenían dos hijos cuando se hicieron cargo de Stefan.

Lejos de guardar rencor a su madre biológica, el político sueco se reencontró con ella a los 22 años y la acompañó en su lecho de muerte. “Tenía remordimientos y yo entiendo que lo que hizo fue la decisión más difícil que una madre puede tomar. No le guardo ningún resentimiento”, recordó años después.

Löfven estudió durante año y medio en la Escuela de Trabajo Social y Administración Pública de la Universidad de Umeä antes de trabajar en correos y la industrial forestal. En 1979, fue contratado como soldador en una fábrica militar en la que permaneció durante 16 años. Allí inició una exitosa carrera sindical que le llevó a dirigir el sindicato metalúrgico IF Metall en 2006. Miembro de la directiva socialdemócrata desde ese mismo año, fue elegido líder del partido en 2012 como la última esperanza para frenar la sangría de votos y evitar una tercera derrota electoral frente al conservador Fredrik Reinfeldt.

De su mano y sin experiencia parlamentaria o ministerial previa, los socialdemócratas regresaron al poder en 2014 tras ocho años en la oposición al frente de un Gobierno rojiverde en minoría, cuya primera medida fue ser el primer país de la UE en reconocer a Palestina. Su estado de gracia, sin embargo, duró poco y a punto estuvo de convocarse nuevas elecciones ante la falta de apoyos parlamentarios para aprobar sus primeros presupuestos. Un acuerdo con la oposición conservadora para que permitiera gobernar a los Ejecutivos en minoría hasta 2022 le garantizó la estabilidad política.

Su primer mandato estuvo marcado, en cualquier caso, marcado por la ola de solicitantes de asilo que llamaron a las puertas de Suecia en 2015 (163.000 en un país de diez millones de habitantes), lo que obligó al país nórdico a endurecer su tradicional generosa política de acogida.

Pese a que la ulraderecha logró que la pasada campaña electoral girara sobre la inmigración y la política de ley y orden, Löfven convirtió las elecciones del pasado 9 de septiembre en un plebiscito sobre el futuro del Estado del Bienestar, amenazado, en su opinión, por la derecha. Pese a que frenó la caída que le pronosticaban los sondeos, los socialdemócratas cosecharon en las urnas su peor resultado en un siglo al caer por debajo del 30% de votos.

Hábil negociador desde sus tiempos de líder sindical, Löfven no tiró la toalla y reivindicó su posición de partido más votado para seguir gobernando. Su paciencia parece haber dado sus frutos. Tras cuatro meses de bloqueo político e intensas negociaciones a derecha e izquierda, ha sido investido para un segundo mandato. Por el camino, ha roto la política de bloques (izquierda-derecha) que ha dominado durante décadas la política sueca al lograr acercar a la órbita socialdemócrata a centristas y liberales, un objetivo que perseguía desde que se hizo con las riendas del SAP. Además, y lo que es más importante, ha dejado a la ultraderecha sin influencia y fuera de juego. Una excepción en el norte de Europa.