Terror en el corazón de Túnez

Miembros de las fuerzas de Seguridad tunecinas, toman posiciones en las proximidades del museo del Barbo en Túnez.
Miembros de las fuerzas de Seguridad tunecinas, toman posiciones en las proximidades del museo del Barbo en Túnez.

Al menos 22 personas han muerto, entre ellas 20 turistas, en el atentado terrorista cometido este miércoles contra el complejo en el que se encuentran el Parlamento tunecino y el Museo del Bardo, en Túnez y que se ha saldado con la muerte de al menos dos terroristas.

Túnez vivió ayer el peor atentado terrorista de la última década con un balance de 19 muertos (dos tunecinos y 17 extranjeros), entre los que se encontraban dos españoles. El objetivo del ataque era el Parlamento tunecino, pero, tras fallar en el asalto, los terroristas se refugiaron en el vecino Museo Bardo tomando como rehenes a una treintena de turistas, un policía y una empleada de la limpieza de la pinacoteca, ambos asesinados. Dos de los supuestos cinco atacantes fueron abatidos y medio centenar de personas resultaron heridas. Éste fue el trágico balance de uno de los días más negros de la historia de Túnez, que comenzó a mediodía, cuando un grupo de cinco o seis yihadistas de luengas barbas vestidos con ropa militar y Kalashnikovs al hombro trataron de tomar la sede del Parlamento, donde se encontraban reunidas varias comisiones parlamentarias, entre ellas la de Justicia. Cuando los agentes que custodiaban la Cámara se percataron de que los uniformados no llevaban armas reglamentarias, y al pedirles que se detuvieran, se desató un tiroteo durante el cual los presuntos asaltantes lograron huir hacia el museo, uno de los más importantes de Túnez, ubicado en la misma explanada.

En el momento del ataque se encontraban en la zona cientos de turistas que vivieron una auténtica pesadilla. Las Fuerzas de Seguridad, en esta ocasión participó la Brigada Antiterrorista de Túnez (BAT), rodearon el edificio para intentar evacuar a los rehenes y abatir a los asaltantes que se habían atrincherado. El asalto duró más de seis horas y «la mayoría de turistas fueron desalojados», señaló una fuente de seguridad. Varios testigos relataron que los asaltantes salieron de la mezquita que hay a medio camino entre el edificio de la Asamblea y el Museo Bardo y dispararon a un autobús de turistas antes de tomar una serie de rehenes y atrincherarse en una zona del Parlamento que comparte muro con el museo. Según los presentes fue un joven de unos veinte años el que comenzó a parar de manera indiscriminada a los extranjeros que descendían de los autobuses que los trasladaban desde el crucero en el que habían llegado hasta el centro de la ciudad.

Tras la evacuación de los rehenes, las Fuerzas de Seguridad mantuvieron la máxima alerta en la zona ante la posibilidad de que los terroristas hubieran colocado algún explosivo en las inmediaciones o en el interior del museo. También se barajaba la posibilidad de la existencia de algún cómplice que habría podido huir tras el asedio.

En cuanto a la autoría del atentado, no hubo una reivindicación por parte de ningún grupo terrorista, aunque rápidamente las miradas fueron a parar al Estado Islámico debido a su reciente ofensiva en el norte de África y tras asentarse al norte de Libia. Sin embargo, existen en el país varias milicias salafistas contra las que combate el Gobierno tunecino, como por ejemplo Ansar al Sharia, que cuenta con alrededor de un millar de combatientes y que ya ha mostrado su afinidad a la organización de Abu Bakr al Bagdadi. Uqba Bin Nafi, otro de los grupos terroristas que operan en el país y que forma parte del entramado de Al Qaeda en el Magreb Islámico, podría haber sido el responsable de este atentado, ya que ha jurado lealtad al Estado Islámico. Fuentes de los servicios de seguridad de Túnez identificaron a los dos terroristas abatidos como Yaber Jachnawi, originario de la región de Kaserín, y Yasin Labidi, del barrio de Ibn Jaldú. El padre de Jachanawi reconoció que su hijo le había telefoneado recientemente desde Irak, donde se había sumado al EI. Y es que Túnez, que comparte frontera con Libia, Argelia y Mali, no ha resistido la embestida del EI. El país norteafricano ha experimentado un repunte de la actividad yihadista desde que en octubre pasado se celebraron las primeras elecciones generales tras la caída en 2011 de la dictadura de Ben Ali. Desde 2012, decenas de guardias nacionales tunecinos han muerto o han resultado heridos en combates o causa de atentados y emboscadas islamistas en Mont Chambi.

La nación más pequeña del Magreb sufrió el pasado julio el peor de todos los ataques desde su independencia en 1956, con 14 soldados muertos y 25 heridos, en plena preparación de las elecciones. La violencia se ha intensificado en las últimas semanas en la región de Kaserine, en la frontera oeste con Argelia, zona montañosa que utilizan como bastión radicales locales y también otros procedentes del país vecino y otros estados de la zona como Mali, Marruecos o Mauritania.

A mediados de febrero, cuatro agentes de la Guardia Nacional de Túnez murieron en un ataque de presuntos yihadistas en la región de Kaserine, considerada uno de los feudos de células islamistas radicales. La alta presencia de tunecinos en las filas yihadistas en Siria e Irak, así como el papel que desempeñan algunas milicias tunecinas en el caos de la vecina Libia, pone en interrogante la transición democrática de la primera nación árabe que empezó su revolución para acabar con el yugo de la dictadura de Ben Ali. Los radicales se han multiplicado desmesuradamente tras la revolución de 2011. De hecho, Túnez se ha convertido en la cantera de la yihad y entre 1.500 y 3.000 tunecinos se han sumado a la guerra santa en el territorio que controla el EI en ambos países. Es la cifra más alta de los llegados de la región.