Trump, un presidente contra todo

Pistoletazo de salida oficial a su campaña para la reelección en Florida en un acto abarrotado de simpatizantes. Goza del 80% de aprobación entre las bases republicanas, que pasan por alto su retórica divisoria y su estrategia de confrontación con China o Irán.

Seguidores del presidente Trump esperaron durante horas y bajo las altas temperaturas el discurso en el que anunció candidatura a la reelección / Ap
Seguidores del presidente Trump esperaron durante horas y bajo las altas temperaturas el discurso en el que anunció candidatura a la reelección / Ap

Pistoletazo de salida oficial a su campaña para la reelección en Florida en un acto abarrotado de simpatizantes. Goza del 80% de aprobación entre las bases republicanas, que pasan por alto su retórica divisoria y su estrategia de confrontación con China o Irán.

La cola daba varias vueltas al Amway Center hasta perderse por los callejones. Nadie en Orlando quería desaprovechar la oportunidad de asistir al mitin de Donald Trump. Algunos de los congregados habían esperado más de dos días. A nadie parecía importarle la humedad relativa, del 64%, ni que la sensación atmosférica a las 13:00 horas fuera de 36 grados. La estampa tenía algo de concierto enfebrecido o descomunal festival rock.

Recuperaba en parte la euforia desatada en 2016. Cuando después de bajar las escaleras mecánicas de la Torre Trump con el mensaje más desmedido, tras lanzar denuncias de invasiones del sur y hordas de violadores y narcos mexicanos, acabó por congregar multitudes y generó un entusiasmo visceral que los republicanos no recordaban desde los días felices de Ronald Reagan. En Florida, se empezó a fraguar su victoria electoral, que después se extendió a otros estados clave como Pensilvania, Michigan y Winsconsin.

Cierto que acumula decenas de mítines similares desde que accedió a la Presidencia. Pero este era especial. Inaugura la batalla por 2020. El protagonista había presumido de más de 100.000 peticiones de entradas. Cuando el aforo total del recinto apenas sumaba 20.000. Aun después de tasar su propensión a la hipérbole, nadie niega la enorme demanda, la expectación de los medios, la percepción de que Trump ha doblegado la voluntad de muchos de sus críticos, enterrado los peores augurios y, todavía más increíble, se ha remontado a sí mismo, su violenta trama de mentiras a discreción y golpes de pecho. «Las 'fake news' no informan de ello», protestaba amargo en Twitter, «pero el entusiasmo republicano está en su punto más alto. ¡Mira lo que está pasando en Orlando, Florida, ahora mismo! La gente nunca ha visto algo así (a menos que toques una guitarra). Va a ser salvaje –¡Hasta luego!». Una guitarra desde luego no, ni siquiera un saxofón como Bill Clinton, pero su manejo de los resortes emocionales, sus inopinadas dotes de comunicador, la evidencia de que el vendedor de coches se transforma en el héroe salido de un cómic de los años 50 sin abandonar nunca el halo a purpurina, lo emparentan con el marido de su vieja némesis y hacen de él un rival temible.

A pesar de los escándalos, las destituciones y dimisiones de miembros del Gobierno, los problemas con China, las trifulcas con los socios europeos, las barbaridades dialécticas y los ataques frontales contra los medios de comunicación, afronta la campaña desde una posición inmejorable. Lo tiene (casi) todo a favor. La debacle de la investigación del fiscal especial Robert Mueller: se pongan como se pongan los demócratas, y por mucho que el sumario sea ahora mismo número 1 en las listas de los libros más vendidos, el gran escándalo, el trampolín hacia el «impeachment», la madre de todas las debacles políticas, parió un jilguero. Los propios demócratas tienen muchos candidatos, pero no saben si apostar por el patricio convencional, mover sus fichas a la casilla roja, más serena en Bernie Sanders, desquiciada entre las huestes que siguen por Twitter a Alexandria Ocasio-Cortez, que no compite, pero ladra, o montárselo de integracionistas y diversos y multiculturales. El discurso de Hillary, el énfasis en las etiquetas porcentuales, la orientación sexual, las minorías, la epidermis y el origen dejó fuera a buena parte de su clientela habitual en los cinturones industriales, pero son demasiados años de esfuerzo como para arrepentirse.

Y está la economía, con cifras heredadas de la anterior Administración, pero espectaculares, cuando no mejores. Los números son de auténtico «boom». El paro circula en bajos históricos, impensable en casi todo el mundo, y el crecimiento ha sido favorecido por la reforma fiscal. Al lado de semejante legado, del dicterio que sitúa las cuentas como argumento imbatible de cara a las urnas, el resto palidece. Cuentan menos, en definitiva, las dudas, los fracasos, frustraciones, atropellos y bravuconadas, las trolas y los tropiezos. Casi parecen circunstanciales las dudas sobre la Seguridad Social y la sanidad, la imposibilidad de sustituir el «Obamacare» por una alternativa capaz de concitar una masa crítica favorable y suficiente. O los problemas en política exterior, los tumbos con Corea del Norte, la salida del acuerdo contra el Cambio Climático, la debacle del pacto con Irán, el horizonte de guerra comercial con China, que crece por momentos, las tensiones con Rusia, la falta de un plan alternativo o de auténtica voluntad para desalojar a Nicolás Maduro, así como los problemas en Siria y Afganistán.

De acuerdo que ahora mismo los sondeos anuncian que el 51% de los votantes definitivamente no le votaría por el 36% que sí. Que todavía peor son los números que arroja Texas, donde como escribe Aaron Blake, analista del «The Washington Post», un 43% no le votará pase lo que pase y otro 7% posiblemente tampoco. Cierto que tampoco son buenos los sondeos de cadenas cómplices, tipo Fox. Por si fuera poco Joe Biden lo aventaja por un 53% a un 40%. En varias encuestas también le sacan distancia Sanders (59%/51%), Kamala Harris (58%/52%) y Elizabeth Warren (57%/53%). ¿Y? «En Fox News las encuestas siempre son malas para mí», responde el presidente, «estaban con la Corrupta (Crooked) Hillary también. Algo raro está pasando en Fox. Nuestras encuestas nos muestran líderes en los 17 Estados bisagra». Un sondeo de Reuters/Ipsos del pasado 11 de junio asegura que su índice de aprobación es del 40%, por un 57% que lo suspende. Ya, están las tarifas a la agricultura mexicana, pero también la derrota de Andrés Manuel López Obrador, obligado a ceder en todo, y sí, las amenazas de hace meses contra Harley Davidson, pero igualmente la renegociación de los acuerdos de libre comercio o la mano dura contra Huwaei. El tambor presidencial suena a su ritmo y desde hacía varios días ya promociona la buena nueva. Orlando sería apoteósico. «Estamos construyendo grandes pantallas de cine fuera del recinto para cuidar de todos. Más de 100.000 solicitudes. Nuestro país lo está haciendo muy bien, mucho más allá de lo que los enemigos y perdedores creían posible, ¡y esto es solo el principio!». Signifique lo que signifique, «Make America Great Again».