Túnez, el «revolucionario» país que persigue a los gays

Imagen de archivo
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Hoy se cumple el quinto año de la revolución tunecina que logró derrocar a Ben Ali. Es cierto que se ha avanzado mucho en cuanto a libertades públicas en Túnez, pero mientras el país norteafricano es apodado como “la esperanza” de las primaveras árabes o la excepción, en algunas libertades individuales no se ha dado ningún paso, al contrario. Ser homosexual en Túnez es un delito por el que te pueden caer entre tres años de cárcel. “No entiendo cómo pueden dar premios Nobel de la Paz a la Liga de Derechos Humanos de Túnez y a la Orden de Abogados de Túnez mientras hay gays en las prisiones tunecinas encerrados por el mero hecho de su condición sexual”, indica Ahmed, un joven tunecino homosexual y vicepresidente de Shams, una recién fundada organización que lucha por la despenalización de la homosexualidad en Túnez.

Cuando Ahmed, que ahora tiene 19 años, salió del armario, su padre le pegó tal paliza que estuvo casi un mes ingresado en el hospital. La primera semana no podía ni hablar ni moverse. “En Túnez, decir que eres gay significa directamente el exilio”. Ahmed nunca ha ocultado su sexualidad por lo que una vez estando en clase, en el instituto, un profesor le espetó: “No pienso dar clase a alguien tan depravado como tú. ¡Fuera!”. Sin el apoyo de su familia, ni siquiera el de su madre, y sin poder asistir a clase, el director del instituto se puso del lado del profesor, Ahmed dejó su pueblo y partió hacia la capital tunecina.

Allí, junto a otros activistas, ha montado su organización, algo que no fue fácil. “Al ser por los derechos de los LGTB nos denegaban el permiso, pero lo denunciamos al Tribunal Constitucional de Túnez y ahí ganamos nuestra primera batalla”. Según la nueva Constitución tunecina, que se aprobó en 2014 “Todos los ciudadanos, hombres y mujeres, tienen los mismos derechos y deberes, y son iguales ante la ley sin discriminación”. Para Ahmed este fue un gran hito en su lucha, “a pesar de que no gustara nuestra condición, como tunecinos no podían discriminarnos y en mayo logramos establecer Shams”.

Amenazado de muerte

Hicieron una gran fiesta para anunciarlo a los medios de comunicación y desde entonces, Ahmed recibe decenas de mensajes con amenazas de muerte y fuertes insultos. Pero también es el destinatario de cientos de mensajes diarios de tunecinos homosexuales que le dan las gracias, le piden consejo o simplemente encuentran al otro lado alguien con quién hablar. “Al verte tan sólo y aislado, rechazado por la familia, tus amigos... y hasta perseguido por la justicia una de las opciones que se plantean es el suicidio. Hay cientos de adolescentes LGTBI que se suicidan. Nosotros hemos evitado bastantes, pero de verdad que la desesperación se apodera de uno”, confiesa el joven en una entrevista con LA RAZÓN en noviembre.

Ahmed se enfada cuando se le dice que Túnez, a pesar de todo, va por el buen camino tras la revolución de 2011. “Al día siguiente de lograr que Shams fuera una organización legal llamé a Abdessatar Ben Moussa, (el presidente de la Liga de de los Derechos del Hombre en Túnez que recibió el premio Nobel de la Paz la semana pasada), quería ofrecerle colaboración, pero al identificarme, como vicepresidente de una organización por los derechos de los gays, me pidió que no le volviera a llamar jamás, que era un depravado”. Ahmed cree que la comunidad homosexual no interesa a nadie y que a los medios les gusta más contar los logros de Túnez que luchar por lo que gran parte de la sociedad considera una perversión. De hecho, un conocido periodista tunecino al que se le pidió contactos de lesbianas en Túnez, manifestó a este diario: “¿Dos mujeres? Eso no existe en nuestro país”.

Sin salir del armario

Claro que existen, aunque se escondan aún más que los hombres. “La suerte que tenemos es que existe el cliché de que las mujeres somos más cariñosas entre nosotras”, indica Lalou, nombre ficticio, de 26 años. Esta joven ingeniera nunca ha salido oficialmente del armario. Sólo sus mejores amigos lo saben y muchos de ellos le han dejado de hablar por este motivo. “El rechazo es instantáneo. Además, yo soy muy religiosa (musulmana) y tengo muchos dilemas internos a este respecto, por lo que en un país de mayoría musulmana también los tendrán”. Algunas de sus amigas lesbianas se han resignado y han terminado casándose con hombres con tal de no dar un disgusto a sus familiares. En su disyuntiva con el islam, ella se dice a sí misma que: “Si Alá no quisiera que yo fuera así, no me hubiera creado de esta forma”. Para Ahmed, que es ateo, la discriminación no tiene que ver tanto con el islam, sino con la falta de educación y cultura de la sociedad tunecina. “Nuestros dirigentes deberían mostrar ejemplo y seguir siendo pioneros en el mundo árabe, aunque exista cierta población que no esté preparada aún: ya lo estarán”. Y concluye, “no hacemos daño a nadie, no somos terroristas, ni ladrones, ¿por qué la cárcel?

Ahmed es lógico al preguntarse “¿por qué querer a alguien es un delito y la homofobia no?”. En Túnez, “muchas noches grupos de chicos nos pegan palizas. Si hay alguien un poco amanerado es carne de cañón”. A pesar de la igualitaria nueva Carta Magna tunecina, el Código Penal no ha cambiado y lo cierto es cualquiera puede denunciarte por homosexualidad. “Aunque estés en tu casa con tu pareja, es decir, sin mostrarte en público, un vecino puede acusarte a las autoridades”, confiesa el joven. “Desde septiembre, que sepamos, la nueva moda son los exámenes anales para determinar si eres gay o no”. Ahmed explica esta parte, indignado: “Un médico forense te hace un test anal, al que no te puedes negar, en el que siempre determina que eres homosexual”. Una violación total de los derechos de estos hombres y una invasión de su vida privada e integridad.

Seis condenados a prisión

Después, la pena varía entre uno y tres años, dependiendo del juez. Hace tan sólo una semana, precisamente, un Tribunal tunecino sentenció a seis estudiantes acusados de sodomía a tres años de prisión. Según denuncia Human Rights Watch (HRW), las autoridades tunecinas obligaron a los sospechosos que se les realizaran los polémicos exámenes anales, que fueron usados como evidencias en el caso. La corte también les ha prohibido a los jóvenes a volver a su pueblo, Kairouan, una vez que sean liberados de prisión. Estos seis adolescentes se unen a la centena que se encuentra en las cárceles tunecinas. “Imagínate el infierno que ya se vive en las calles, en tu día a día... pues nada comparado cuando un homosexual entra en una prisión tunecina”, sentencia Ahmed.