Un afgano le rebana la nariz a su esposa

Una nueva imagen de una mujer con el rostro mutilado causa indignación en Afganistán, un país en el que la violencia de género es endémica.

Una nueva imagen de una mujer con el rostro mutilado causa indignación en Afganistán, un país en el que la violencia de género es endémica.

Mohammad Khan, de 25 años, está casado con dos mujeres. Los tres son afganos y viven en una aldea remota del norteoeste de Afganistán. La más mayor, Reza Gul, tiene 22 años, la esposa más joven, tan sólo siete. El domingo, Khan decidió rebanarle la nariz a Gul. Ya le había pegado alguna que otra paliza desde que Khan volvió de Irán hace tres meses, pero una mutilación tiene un valor añadido en ciertas zonas de Afganistán y Gul quedará marcada para siempre. Muchos retrógrados ven en el castigo de quedarse sin nariz una humillación, pues muestra que las mutiladas han traído desgracia o deshonra a su familia o clan.

Fawzia Salimi, director del hospital de Maymana, la capital de la provincia de Faryab, indicó ayer a la agencia AP que la joven de 22 años fue ingresada el lunes y había perdido muchísima sangre. Según el jefe de Policía, Sayed Aqa, fueron los familiares de ella los que llevaron a Gul al hospital local. Aqa, también confirmó que los agentes no han podido localizar aún a Khan. Se casaron hace un lustro, cuando Gul era aún menor de edad. Juntos tienen un bebé de un año. El domingo en el distrito de Ghormach (casi en la frontera con Turkmenistán), utilizó un cuchillo para rebanarle la nariz y no fue hasta el día siguiente -que él huyó- que la joven fue llevada al hospital por sus seres queridos.

Afganistán es uno de los países en los que la violencia de género es de lo más común. Podría tener la tasa más alta del mundo, ya que la inmensa mayoría de los ataques no se denuncian. Asimismo, a las afganas se les niegan casi siempre los derechos constitucionales diseñados para protegerlas. En parte, la violencia contra las mujeres en Afganistán es endémica, pues los ataques no se persiguen por la justicia.

El hogar de Gul está en una zona de influencia talibán, por lo que se cree que su marido se podría haber unido a ellos para así evitar a la justicia afgana. La fotografía de Gul sin nariz el lunes causó indignación en las redes sociales, pero no sorpresa. No es la primera vez que se ataca así a una mujer en Afganistán. Los activistas de Derechos Humanos exigieron al Gobierno que atrape a su marido para que su caso termine en los tribunales. El portavoz del Gobernador señaló a la agencia AFP que Gul necesitará cirugía reconstructiva una especialidad que no existe en el hospital local.

Sólo saltan al foco de los medios de comunicación algunos casos, pero no son hechos aislados. La mutilación es un castigo medieval, enmarcado en una sociedad patriarcal, que ha tenido como máximo exponente de tan atroz práctica el rostro de Bibi Aisha. En 2010, la revista “Time” dedicó su portada a la joven sin nariz. Su marido -con el cual la obligaron a casarse, por cierto, cuando aún era menor de edad- la maltrataba. Con su matrimonio, su padre pagaba una deuda a los talibán y Aisha pasó a ser la esposa de un combatiente con tan sólo 12 años. La primera noche abusó de ella y la obligó a dormir en el establo. Cinco años después intentó escaparse y los talibán decidieron cortarle las orejas y la nariz como castigo a su ofensa. La portada de “Time” dio la vuelta al mundo y Aisha logró el asilo en EE UU, que una ONG se ocupara de ella, entrar en un centro de rehabilitación y algo muy importante: que cirujanos plásticos estadounidenses le comenzaran a reconstruir su nariz.