La sospecha de un nuevo atentado rodea el siniestro del Tu-154

El aparato, en el que viajaban 92 personas, hizo escala en Sochise y luego se precipitó bruscamente en el Mar Negro. No hubo supervivientes.

Miembros de emergencias buscan los restos del avión siniestrado en el Mar Muerto.

El aparato, en el que viajaban 92 personas, hizo escala en Sochise y luego se precipitó bruscamente en el Mar Negro. No hubo supervivientes.

Luto en Rusia. 92 vidas se interrumpieron ayer en el siniestro de un avión Tupolev Tu-154 sobre el Mar Negro cuyas causas están investigando los especialistas rusos. El aparato, perteneciente al Ministerio de Defensa de Rusia, había partido de Moscú y se dirigía a Siria. Hizo una escala en el aeropuerto de Ádler, en el balneario ruso de Sochi, y se precipitó poco después de despegar. Viajaban en él militares, periodistas y casi todos los integrantes del famoso coro y conjunto de danza Alexandrov, del Ejército ruso, que iban a participar en las festividades de Año Nuevo en la base aérea siria de Jmeimim, donde Rusia ha emplazado un contingente de aviones de guerra que participan en los ataques contra los rebeldes sirios. Los miembros del renombrado conjunto ya actuaron para los militares rusos de la base de Jmeimim en enero y en noviembre de este mismo año.

Entre los pasajeros del Tu-154 se encontraba también la presidenta de la fundación Ayuda Justa, la filántropa Elizaveta Glinka (conocida ampliamente en Rusia como la «doctora Lisa»), que acompañaba a un cargamento de ayuda humanitaria destinada a un hospital de Latakia.

Las autoridades de Moscú barajan varias hipótesis sobre las posibles causas de la tragedia, pero desde un primer momento descartan –al menos de manera oficial– que se trate de un atentado, al contrario de lo que hicieron cuando un avión ruso se precipitó en la península del Sinaí en noviembre de 2015. En aquella ocasión no dudaron en atribuirlo a un atentado, como se confirmó semanas después. Sin embargo, son varios los especialistas que ayer alertaron de esa posibilidad.

Según el senador ruso Víctor Oziorov, el siniestro del avión en el Mar Negro no se debe a un atentado porque se trata de un aparato que pertenecía a las Fuerzas Aéreas y que en el momento de la tragedia se encontraba en el espacio aéreo ruso. «Rechazo por completo la versión del ataque terrorisa», comentó a la Prensa. «Puede haber sido un fallo técnico. No creo que haya sido un fallo humano, porque el avión estaba ascendiendo», dijo a la agencia Interfax Magomed Tolboev, un renombrado piloto de pruebas ruso.

«Entre las principales versiones de las causas de la catástrofe del Tu-154 figura el fallo técnico de la aeronave y un error de pilotaje», explicó una fuente de las Fuerzas de Seguridad rusas a la agencia RIA Novosti. Por su parte, el Ministerio de Defensa confirmó que al mando de la aeronave estaba un piloto con mucha experiencia, con más de 3.000 horas de vuelo. El avión siniestrado es un Tupolev Tu-154 fabricado en 1983 y había completado 6.689 horas en vuelo, según explicó Defensa. En el Ministerio señalaron además que el avión se había sometido a un mantenimiento en septiembre de 2016. «La última reparación fue el 29 de diciembre de 2014, y en septiembre de 2016 fue sometido al mantenimiento regular reglamentario», dijeron en el Ministerio ruso.

Estos datos y el reciente asesinato del embajador ruso en Turquía «en venganza por Siria» son precisamente lo que hace pensar a algunos expertos de que a bordo de la aeronave pudo producirse un atentado. De acuerdo a las declaraciones del piloto instructor Andrei Krasnoperov, recogidas por medios rusos, ningún fallo técnico podía haber provocado una desaparición tan rápida de los radares de un avión como ocurrió ayer. En su opinión, sólo una explosión y la pérdida de grandes fragmentos de fuselaje pueden hacer desaparecer a un avión de los sistemas de control en tan poco tiempo. Krasnoperov explica que, de lo contrario, los pilotos tendrían tiempo para emitir una señal de socorro, para eso, subraya, necesitarían únicamente unos segundos para apretar un botón.

Coincidió con él el ex piloto ruso y experto en seguridad de vuelos Alexander Romanov. Según él, alguien pudo «colocar algo» en el trirreactor cuando éste aterrizó para repostar combustible en Sochi antes de viajar a Latakia. El Tu-154 había salido del aeropuerto militar de Chkalovki, en las afueras de Moscú, donde rigen severas medidas de seguridad, pero durante las escalas, según Romanov, cerca del aparato siempre «hay mucha gente», que será interrogada ahora por los servicios de seguridad rusos. No obstante, de momento toda la información sobre las causas de la tragedia en el Mar Negro son sólo conjeturas.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, declaró hoy día de duelo nacional en memoria de las víctimas, y encargó al primer ministro, Dimitri Medvedev, formar y encabezar la comisión gubernamental para una minuciosa investigación del accidente. Por su parte, desde el Comité de Instrucción ruso han anunciado la apertura de una investigación penal por violaciones de la normativa de vuelos en relación con el siniestro de la aeronave.

Y mientras, continúa la operación de búsqueda de los cuerpos en el lugar del accidente. Los restos fueron hallados a 1,5 kilómetros de la costa. Según los expertos, la recuperación de los cuerpos no es una tarea fácil porque la mayoría permanecían atrapados ayer en el fuselaje del aparato, a unos 60 metros de profundidad. Para recuperarlos el Ejército envió ayer a 109 buzos para trabajar las 24 horas del día. Al cierre de esta edición ya habían recuperado los primeros once cadáveres.