Un «Che» en la corte de Nueva York

El candidato a la Alcaldía de Nueva York, Bill de Blasio, junto a su esposa, Chirlane McCray
El candidato a la Alcaldía de Nueva York, Bill de Blasio, junto a su esposa, Chirlane McCray

Apenas se escuchó una voz en una iglesia en Harlem en julio cuando Bill de Blasio, actual Defensor del Pueblo, empezó a atacar al alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg. Más que nada porque casi nadie le prestaba atención. Pero ahora las cosas son diferentes y hoy, día de elecciones a la Alcaldía de Nueva York, se prvé que gane este demócrata, quien ha demostrado ser uno de los políticos con más suerte.

No hay nada como estar en el lugar acertado a la hora adecuada. Y eso es lo que le ha ocurrido a De Blasio. Su campaña se lanzó cuando el ex congresista de Queens, el demócrata Anthony Weiner, fue descubierto de nuevo enviando mensajes sexuales a través de Facebook a jóvenes bajo el nombre de «Carlos Danger» (Carlos Peligro). Todo esto años después de que tuviese que dimitir de su puesto en el Congreso por hacer exactamente lo mismo. Era líder en las encuestas, aupado por un reportaje en la revista «Vanity Fair» en el que prometió estar «rehabilitado» junto con su mujer Uma –que había trabajado para la ex secretaria de Estado Hillary Clinton–, parecía lanzado a suceder al independiente Michael Bloomberg. Todo hasta que se descubrió su alias y lo que hacía.

No obstante, los momentos más polémicos de la vida de De Blasio –al menos según sus críticos– ocurrieron en 1988 cuando visitó Nicaragua para entregar ayuda de una organización izquierdista estadounidense. En aquella época, De Blasio tenía 26 años y el Gobierno sandinista se enfrentaba a la «Contra», que era apoyada de forma ilegal por la Administración Reagan. Tras volver de allí, siguió respaldando a los sandinistas al colaborar con un grupo llamado Red de Solidaridad con Nicaragua, aunque luego se fue desvinculando progresivamente, según ha dicho, porque estaba desencantado por cómo el Gobierno sandinista trataba a la oposición y la Prensa. Además, De Blasio pasó parte de su luna de miel en Cuba violando la prohibición de la época de viajar al país.

Aun así, De Blasio ha sido la mejor opción, o menos mala, ante un abanico de candidatos poco preparados. Se demostró sobre todo después de que los republicanos se enzarzaran en un debate en las primarias sobre si eran «pro gatos» o no. Fue a raíz de que uno de ellos interrumpiese el sistema de metro de Nueva York para salvar a unas crías de este animal atrapadas en los bajos de un andén. Mientras, De Blasio tampoco ha dudado en amortizar todo lo posible el cansancio de los neoyorquinos con Bloomberg, con su mujer afroamericana y sus dos hijos. Del adolescente, de 15 años, famoso por llevar el pelo al estilo afro, se dice que puede ser el próximo Obama. También ha cortejado al voto gay gracias a que su mujer era antes lesbiana. Además, según las encuestas más recientes, hoy De Blasio lo tiene todo para alzarse con una victoria histórica sobre su contrincante republicano, Joe Lotha, teniente de alcalde del ex jefe del consistorio neoyorquino Rudolph Giuliani. Los analistas esperan que gane por una diferencia de 45 puntos –por 68 frente a 23–. Mientras, el independiente Adolfo Carrión se haría con el 2% de los votos.

Además de ser hombre de Giuliani, poco querido en Nueva York, a Lotha tampoco le ha funcionado su estrategia de campaña de intentar convencer a los votantes de que, si ganan los demócratas, la ciudad de Nueva York se sumirá en un caos de crímenes e inseguridad.