Un fuego en un calabozo hacinado de Venezuela deja 78 muertos

Violentos incidentes en la jefatura de Policía de Carabobo tras la muerte de 68 reclusos y diez mujeres de visita

Los servicios de emergencias atienden a uno de los heridos en el centro de detención de Valencia
Los servicios de emergencias atienden a uno de los heridos en el centro de detención de Valencia

Violentos incidentes en la jefatura de Policía de Carabobo tras la muerte de 68 reclusos y diez mujeres de visita.

Otra masacre anunciada. Durante la década chavista las cárceles se convirtieron en verdaderos infiernos donde los reos esperaban años su condena. A esto hay que sumarle los presos políticos y estudiantes encarcelados por el régimen de Nicolás Maduro. Las prisiones se han convertido en una bomba de relojería. Al cierre de esta edición, se seguían sacando cuerpos calcinados de la jefatura de Policía de Carabobo mientras los indignados familiares desconocían con certeza qué ocurrió. Como siempre en Venezuela hay silencio ante este tipo de matanzas, vergüenza del Gobierno bolivariano. El motín habría comenzado pasadas las cuatro de la madrugada. Tras varias horas de incertidumbre, el fiscal general, Tarek William Saab, confirmó la cifra de víctimas del motín: 68 reclusos y diez mujeres que estaban de visita. Sin embargo, no precisó cómo se originaron las llamas. La ONG Ventana a la Libertad –que defiende los derechos de los presos– asegura que fue en medio de un amotinamiento. Otras versiones hablan de intento de fuga.

Ante este terrible hecho, el defensor del Pueblo, William Tarek Isaac, anunció la designación de cuatro fiscales para el esclarecimiento. Sin embargo, la mencionada ONG culpó al Gobierno por el hacinamiento que se registra en ése y otros centros de detención provisional. La pernocta de familiares de presos está permitida en algunos centros de detención; en otros, el Gobierno la ha suspendido al considerarla fuente de conflictos. Ayer varias decenas de familiares continuaban de guardia en la comandancia policial en espera de información, una situación que se volvió violenta y derivó en lanzamiento de gases lacrimógenos por parte de la veintena de efectivos de policías que protegían la comisaría.

Según denunciaron familiares de los internos, los fallecidos perecieron por asfixia y quemaduras. «Pido que a las fuerzas del orden que no los traten como perros, que no les lancen gasolina. He visto cómo les disparaban plomo como si ellos fueran perros», aseguró a la prensa Lisse-tte Mendoza, madre del preso Yorman Salazar, de 19 años. «Él está detenido por robo, pero no por eso pueden quitarle la vida como si él fuera un perro», dijo.

Por su parte, la oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de Naciones Unidas instó al régimen de Maduro a llevar a cabo una investigación pronta, exhaustiva y efectiva para establecer la causa de los fallecimientos.

Sólo en la última década han muerto más de 300 personas en las cárceles de Venezuela. Sin embargo, la mayor masacre aconteció el 4 enero de 1994, cuando 108 reclusos resultaron muertos y 20 heridos en un motín seguido de un incendio en la prisión de Sabaneta, en Maracaibo.

LA RAZÓN visitó en septiembre pasado un calabozo de una comisaría de Antimano, en Caracas, similar al de la tragedia de ayer. Tuvo que entrar de forma clandestina con la connivencia de los agentes que querían mostrar las condiciones en las que se encuentran los presos. Estos calabozos deberían ser transitorios, pero se han convertido en presidios eternos ante la sobrepoblación del 400% de las cárceles. Allí pudimos ver a decenas de presos que no cabían tumbados, algunos dormían sentados o en hamacas colgadas del techo, con ropas andrajosas y todos ellos famélicos. Su piel era amarillenta. Recibían una comida al día y lo que les traían los familiares.

Muchos eran estudiantes detenidos durante las protestas, sin que se presentasen cargos en su contra, conviviendo con delincuentes comunes. Algunos llevaban dos años sin ver la luz. Tan sólo pedían ser trasladados a una prisión con patio para respirar un poco de aire libre. Pero en las cárceles la pesadilla continúa. «Los Pran» son los jefes que controlan todo. Tienen armas, drogas. Cobran a los reclusos por todo. Comida, pastillas de jabón, cama... Delinquen a distancia y crean escuela de criminales.