Una Constitución sin la huella islamista

Un niño pasa frente a un grafiti con la imagen de Mursi, en El Cairo

Después del golpe de Estado, Egipto está reescribiendo la Constitución que fue redactada por los islamistas el año pasado y que quedó suspendida el pasado 3 de julio. Esta semana se ha formado el comité encargado de estudiar las enmiendas al texto, muy polémico en su momento porque fue aprobado por los partidos religiosos sin el consenso de los demás grupos políticos y sociales. Ahora, el Gobierno supuestamente laico nombrado por los militares está cometiendo el mismo error del ex presidente Mohamed Mursi, marginando a los islamistas del proceso constituyente. El partido islamista radical Al Nur es el único que aceptó participar en la nueva Asamblea, pero, después de nombrar a varios candidatos, sólo uno fue seleccionado finalmente.

La presidencia egipcia anunció una lista de cincuenta miembros, entre los que hay varias figuras islamistas, pero sólo Bassam Al Zarqa, líder de Al Nur, representa a las fuerzas políticas que eran mayoría antes del golpe de Estado contra los Hermanos Musulmanes. El comité constitucional está así dominado por las corrientes laicas, con presencia destacada de la izquierda, y por los grupos que emergieron después de la «revuelta» contra el ex presidente Mursi, como el movimiento «Tamarrud» (Rebelión). También hay representantes de los principales sindicatos y de organismos estatales como el Consejo Nacional de la Mujer y el Consejo Nacional para los Derechos Humanos. Asimismo, han sido seleccionados varios miembros de la principal autoridad islámica, Al Azhar, y la comunidad cristiana copta (cerca del 10% de la población egipcia) tiene a cuatro representantes, incluida la Iglesia copta ortodoxa, que se había retirado del anterior proceso bajo dominio islamista.

En la nueva Asamblea Constituyente, Kamal al Helbawy es el único que guarda relación con los depuestos Hermanos Musulmanes. Este intelectual formaba parte del grupo, pero ahora es muy crítico con él y apoya al Ejército. Los militares sólo tienen a un hombre en el comité, pero supervisarán que los artículos que consagran sus privilegios no sea vean alterados. Los cincuenta tienen que estudiar y aprobar las enmiendas ya formuladas por un grupo de diez expertos constitucionalistas y tendrán 60 días para ello. Según la «hoja de ruta» trazada por los generales, el nuevo texto debe ser sometido a referéndum en ese plazo. Se prevé que la Asamblea siga las recomendaciones del comité, ya que existe consenso sobre la mayor parte de los cambios, que buscan revertir el carácter islamista de la Constitución redactada en la época de Mursi. El artículo más polémico, que casi con toda probabilidad será eliminado, es el que abre la puerta a una aplicación literal de la «sharía», la ley islámica.