Venezuela expulsa a un periodista de LA RAZÓN

Las autoridades bolivarianas impiden la entrada al periodista Aitor Sáez cuando se disponía a cubrir las manifestaciones contra el Gobierno de Maduro.

El reportero Aitor Sáez, en una fotografía con el opositor Capriles
El reportero Aitor Sáez, en una fotografía con el opositor Capriles

Las autoridades bolivarianas impiden la entrada al periodista Aitor Sáez cuando se disponía a cubrir las manifestaciones contra el Gobierno de Maduro.

Era la sexta vez que este periodista viajaba a Caracas en el último año y siempre había podido entrar al país sin mayores inconvenientes. En esta ocasión, me denegaron el ingreso, sin explicaciones concretas. Fue mi estancia más corta en Venezuela: siete horas retenido en la zona de embarque del aeropuerto. Había presentado los documentos completos (siete páginas) y en el plazo requerido (cinco días hábiles antes del ingreso) ante el Consulado de Venezuela en Bogotá, que el miércoles pasado había recibido aprobación verbal del Ministerio de Comunicación, aunque nunca llegó a emitir la autorización escrita. El objetivo del viaje era cubrir la marcha opositora de ayer y realizar reportajes sobre la crisis en el país, tal y como detalló en una carta de dos páginas el canal público alemán «Deutsche Welle», para quienes iba a trabajar como colaborador, de la misma manera que viajé en otras ocasiones a Venezuela para LA RAZÓN.

Al aterrizar en el aeropuerto de Maiquetía el domingo por la mañana, me identifiqué como periodista en el control migratorio, cumpliendo así el deber de cualquier extranjero de decir la verdad frente a las autoridades. De inmediato, me retiraron el pasaporte «a la espera de recibir la autorización del Ministerio de Exteriores». Durante la espera, un funcionario del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) me recomendó que contactara con la Embajada española en Caracas para agilizar mi entrada. Desde entonces mantuve contacto constante con el cónsul español, Rodrigo Reyero, quien me prestó toda la atención necesaria ante el incidente.

Al cabo de una hora, un funcionario del Saime me informó de que el ingreso de este colaborador ha sido «inadmitido» y me entregó una carta de expulsión donde en mayúsculas concluía: «No cumple los requisitos para ingresar al país». Durante mi traslado desde la aduana hasta la zona de embarque no recibí explicación adicional ni respuesta por parte del Saime, que se limita a repetir que no dispongo de autorización.

Las últimas dos veces (noviembre y diciembre del pasado año) que viajé a Venezuela acreditado para Mediaset siempre pude entrar. En noviembre, estuve retenido tres horas a la espera de dicha autorización que finalmente se emitió en positivo.

El domingo, durante mi espera de siete horas en la puerta 23 de salidas internacionales, me custodiaron tres agentes de la Policía Nacional Bolivariana, con los que mantuve un trato indiferente, así como una persona de seguridad privada de Avianca, aerolínea con la que viajé. Me acompañaron en todos los movimientos que realicé, tanto si iba a comprar agua como si iba al baño. En repetidas ocasiones, solicité la presencia de algún encargado del SAIME para que me diera explicaciones concretas sobre el «incumplimiento de los requisitos», pero no apareció nadie. A dos horas de la salida del vuelo de regreso a Bogotá, la Embajada española me informó de que, al tratarse de un medio alemán, es la Embajada de ese país la que debe hacerse cargo del caso. Pese a las gestiones realizadas por la Embajada alemana con el Ministerio de Exteriores, no consiguió hacer cambiar de opinión a las autoridades venezolanas. Hasta ese momento, una hora antes del vuelo, tuve la esperanza de revertir la decisión y poder entrar gracias a la presión diplomática, como ya había sucedido en noviembre con el equipo de Televisión Española, que se desplazó a Caracas desde Bogotá. Pero fue inútil. De nada sirvieron tampoco las denuncias vía Twitter por parte del Sindicato de Nacional de Trabajadores de la Prensa venezolano.

De vuelta a la capital colombiana, la funcionaria del Consulado venezolano encargada de mi caso asumió el error de no haberme recomendado no viajar y reconoce que «es la primera vez que no reciben la autorización de un periodista». En ningún momento la denegaron tampoco. Sigue sin dar explicaciones de por qué se paralizó ese trámite. Desde mi primera cobertura en Venezuela en las elecciones legislativas del año 2015 para este diario, he mantenido una postura objetiva y profesional ante la compleja y crítica situación del país, sin entrar en valoraciones personales. La misma prudencia con la que he tratado de manejar este incidente, con el deseo de poder regresar a Caracas para continuar realizando mi labor.

Un periodista nunca debería ser noticia. Lamentablemente el domingo fue así, como ya les había sucedido a otros compañeros en agosto, septiembre y noviembre, casi siempre en los días previos a una marcha opositora. Ante los hechos, la «Deutsche Welle», a través de un comunicado publicado ayer, «lamenta que la entrada de su colaborador a Venezuela haya sido denegada rotundamente a pesar de que el periodista haya tenido todos los documentos necesarios y válidos a mano, para poder ser acreditado como enviado especial».