Enganchados al conocimiento

Millones de personas siguen los contenidos de una web sin ánimo de lucro

No importa la edad que tengasni a qué te dediques, en TED lo que cuenta es el intercambio de ideas y de conocimiento
No importa la edad que tengasni a qué te dediques, en TED lo que cuenta es el intercambio de ideas y de conocimiento

Millones de personas siguen los contenidos de una web sin ánimo de lucro

Da igual si eres Bill Clinton, un adolescente deprimido o una chica judía que busca novio en Manhattan. En la plataforma TED sólo importa que tengas una buena historia, algo que contar. Te ofrecen 18 minutos (como máximo) para que te explayes frente a una audiencia de pago muy seleccionada y con todos los elementos de la puesta en escena de un «show» televisivo de éxito. Después, colgarán tu intervención en la red subtitulada a varios idiomas y, a partir de ahí, todo puede ocurrir.

La organización sin ánimo de lucro TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño) nació en 1984 con el único objetivo de «difundir ideas que merecen la pena». Pero no fue hasta 2007 cuando comenzó a ofrecer sus contenidos en Internet. Cada año celebran una Conferencia Anual en la costa oeste estadounidense con cerca de 80 ponentes cuya brillantez y frescura alimentarán la web todo el año a razón de un vídeo nuevo por semana. Al margen de esta gran cita, ciudades de todo el mundo acogen los llamados Tedx, encuentros menos ambiciosos pero que alivian el «mono» de los «tedadictos», a los que no basta con descubrir algo nuevo cada siete días.

Los fans se cuentan por millones. Han leído bien. Hace un año, la página cumplía el billón de visitas. La «tedmanía» está por todas partes. En Internet circulan listas de usuarios de todo el mundo con las que consideran las diez mejores charlas de las 14.000 que ya hay almacenadas. Muchas de ellas trascienden los muros de la web y son enviadas y reenviadas miles de veces a través de las redes sociales. También hay blogs y grupos de Facebook en los que se discuten las novedades. La última intervención que se convirtió en viral el pasado mes de septiembre fue la de un adolescente norteamericano, Kevin Breel, que hablaba de su depresión y de lo importante que es «sacar del armario» a la enfermedad mental. Lo hizo con una honestidad conmovedora que causó furor.

Para el portal de noticias de Internet «Mashable», la lista de los favoritos, que enumera bajo el prometedor epígrafe «Los quince Ted que te van a cambiar la vida», la lidera la narración en primera persona de la psiquiatra norteamericana Jill Bolte Taylor. Taylor explica cómo fue su experiencia al sufrir un ictus y lo hace de una forma original y creativa, muy lejos de la autocompasión.

También hay listados de los peores vídeos, los más absurdos o los que deberían haber sido censurados. Las «menciones de honor» son para una amante del bótox, un experto en el uso del rollo de papel cocina y un especialista en atarse los zapatos. Y es que hasta TED tiene sus detractores, los que creen que, en los últimos años, los encuentros organizados fuera de Estados Unidos han bajado el nivel y lo han convertido en un foro de autobombo o, lo que es aún peor, de autoayuda.

Al margen de históricas meteduras de pata, la extensa lista de temas hace muy difícil no encontrar algo apasionante. Según sean tus intereses, o tu carrera, hay un «top Ted» distinto. A Darío Sanjuán, experto en marketing y adicto confeso, le cuesta elegir. «Yo descubrí esta página hace tres años y me enamoré. Fue amor a primera vista», asegura. Al principio, el «enganche» fue radical. Y es que había muchísimo que ver. En su caso, se levantaba por la mañana y lo primero que hacía era revisar su correo electrónico para desayunarse el primer TED del día. «Al principio, estaba horas y horas viendo cosas. Estaba completamente fascinado. Con el paso de los meses, como ocurre con el amor, la cosa se fue calmando», cuenta entre risas.

La gloria en 18 minutos

La inmensa difusión de las charlas TED las ha convertido en un foro muy deseado para prescriptores de toda clase. Igual que haber sido beca «Fullbright» u otra distinción académica, participar en una de estas conferencias otorga estatus. Incluso, ya existen manuales para garantizarse una plaza. La organización acepta solicitudes de todas partes y de cualquier persona, aunque para lograr los 18 minutos de gloria es imprescindible estar dedicado a algo realmente importante o, al menos, pensar de una forma creativa y novedosa, aportar algo. Por último, hay que ser capaz de contarlo con pasión, de forma clara y con un toque de humor, que esto nunca sobra.