La imparable vocación imperialista de China

África ha sido descrita muchas veces como «el dorado» de China. Durante la última década, los africanos han agradecido el capital chino, que ha impulsado ese sentimiento de «renaissance» que tanto anhelan en el continente. Gracias a las inversiones chinas, los países africanos crecieron una media de 5,5% durante estos diez años y 2012 cerró con la astronómica cifra de más de 200.000 millones de dólares gastados por el gigante asiático en África. Como advirtió Bill Clinton en verano: «China supera a EE UU en África».

Los empresarios chinos entraron en el continente haciéndoles sentir que el expolio y el colonialismo se había acabado. Su política de «ganador a ganador» caló bien en los gobiernos africanos, más si cabe porque, además, China no se inmiscuye en los asuntos locales y mucho menos exige garantías en cuanto a Derechos Humanos. O como especificó el embajador de República Democrática del Congo en EE UU, «lo bueno de esta relación es que es un toma y daca».

«El concepto de ayuda de sur a sur, más que de rico a pobre, es un mensaje que han dado los líderes chinos durante los últimos años y han halagado a los socios africanos. Han evitado presentarse con la imagen tradicional de que se apiadan del sur», explica a LA RAZÓN el catedrático, cooperante y experto africanista Ramón Arozarena. «Aunque haya cierto engaño, sí que es verdad que Occidente exige cierto respeto a los Derechos Humanos a cambio de posibles ayudas. Y China no ha tenido reparos en hacer negocios con Omar al Bashir, el presidente de Sudán», sobre quien pesa una orden internacional de arresto por genocidio, recuerda Arozarena. De hecho, la mayor parte de la extracción de petróleo sudanés está en en la actualidad en manos chinas. Pero no es sólo petróleo –que en total compra más de un tercio de toda la producción africana– lo que saca Pekín del continente. Minerales para uso tecnológico y hasta madera se encuentran también entre las prioridades chinas. Según asegura Deborah Bräutigam, profesora y directora del Programa Internacional de Desarrollo de la Universidad John Hopkins, las firmas chinas eligen oportunidades de inversión que les parecen atractivas. «En un amplio abánico de sectores, como el manufacturero, el inmobiliario, la construcción y el minero». Los expertos se preguntan hasta cuándo durará esta buena relación comercial. «Algunos analistas chinos opinan que estas empresas están empezando a tener dificultades en encontrar proyectos viables y que la estampida a África se irá disminuyendo. Otros, incluidos los bancos chinos, creen que se está al principio de lo que será un inmenso periodo de inversión», señala Bräutigam, para quien «la inversión seguirá creciendo, pero no de la misma forma que en la pasada década».

Aun así, los africanos empiezan a estar cansados del «Made in China». Hospitales en Angola, carreteras en Zambia, estadios en Sierra Leona y Benin... Pese al empeño chino, la BBC destaca que existe la preocupación de que los intercambios no estén siendo del todo equitativos y que los acuerdos inversionistas son opacos y abiertos a la corrupción; también, que en muchos proyectos de infraestructura, como los citados anteriormente, se está exportando la mano de obra china en lugar de enseñar habilidades a los locales; e incluso que los productos de bajo coste socavan la posibilidad de que África construya su propia industria.

Consciente de que está despertando cierto rechazo, China ha empezado a meterse en los medios de comunicación africanos. El diario «The Globe and Mail» adelantaba que el gigante asiático estaba ahora invirtiendo en la Prensa del continente: «Desde periódicos a revistas, pasandopor televisión por satélite y cadenas de radio. Forma parte de la campaña para fortalecer el «soft power'» de Pekín, no sólo a través de la diplomacia, sino también mediante las ayudas, los negocios, las becas y los medios», afirmaba Geoffrey York.

Por ejemplo, en Suráfrica, gracias a acuerdos con el partido en el Gobierno, el ANC, China se ha hecho con el 20% de «Independent News and Media», uno de los imperios periodísticos del país. «No creo que las autoridades chinas nos impongan su ideología en nuestros medios, pero sí que intentarán influenciar para que tengamos una imagen más amable de ellos y del ANC», explica Anton Harber, profesor de la Universidad de Witwatersrand. Asimismo, y aunque forma parte de una campaña global, China está expandiendo su imperio y abriendo delegaciones tanto de su televisión estatal CCTV como de su agencia de noticias Xinhua. También comenzó a finales de 2012 a lanzar una edición africana de su «China Daily». Los periodistas de estos medios confiesan que deben omitir usar términos como «régimen», no mencionar países que tengan relaciones con Taiwán (como Suazilandia) y evitar temas religiosos.