Un SMS de muerte

Antes de asesinar a su pareja, Santiago envió un mensaje de texto a su hermano diciendo lo que iba a hacer

Ahora el dedo del gatillo es el pulgar, el mismo con el que se escriben los SMS en los teléfonos inteligentes. Los homicidas los pulsan como si fueran a salir balas. El otro día, en el primer homicidio madrileño por presunta violencia de género de este año, el sospechoso, con deficiencia de sordera, pulsó el teclado para pasarle un aviso a su hermano, algo así como: «Estoy deprimido, voy a matar a mi pareja», según lo que ha trascendido. Se trataba de una mujer vietnamita de 38 años, presuntamente también sorda.

El hombre del dedo en el gatillo del SMS, se llama Santiago, es español y se ignora por qué relaciona el hecho de estar deprimido con el de matar. Los dos eran sordos y a pesar de todo se entendían bastante bien (siendo la dificultad para los demás, que no conseguían comprender las discusiones de la pareja). Cuando la UVI llegó al piso del presunto culpable de violencia de género, ya no pudo hacer nada. Las heridas de la mujer eran muy importantes, sobre todo en el cuello.

La mujer vietnamita ha sido la segunda víctima de la violencia de género en lo que llevamos de año. Llevaba viviendo en el domicilio donde murió algunos meses. Parecía hacer buenas migas con su pareja, pues iban juntos a todos lados. Nadie hubiera dicho que la falta de respeto, y finalmente la violencia, amenazaban su relación. Aunque, según algunos vecinos los dos discapacitados envueltos en esta triste historia tenían «muchas movidas nocturnas». Las tantas de la mañana es el momento de los amores no resueltos o de los enfrenta-mientos extemporáneos. La hora de las grandes frustaciones.

Puede decirse que Santiago vio venir lo que iba a hacer. Supo que la depresión que le bajaba por la tráquea empujaría a su estómago. En seguida su cabeza señaló cierto resentimiento o injusta ira. El caso es que tuvo tiempo para avisar a su hermano por SMS que en seguida dio cuenta a las autoridades. Pero no hubo un SMS de vuelta que detuviera su brazo.

De este crimen me preocupa que los complementos de más sofisticada técnica tienen juego en la comisión de un crimen, pero todavía no sirven para impedirlo.

Santiago podría haber llamado a Mensajeros de la Paz, al 091, al 062, al 112... espera, no. ¿Tienen todos estos teléfonos WhatsApp? ¿Se les puede mandar un SMS? Pues va a ser que no. Una vez más vamos por detrás de la técnica y no pensamos a nivel social en las necesidades de los discapacitados. O sea que todo mejora para mal.