«La vida secreta de Walter Mitty»: Stiller sueña despierto

Dirección: Ben Stiller. Guion: Steve Conrad, según el relato de James Thurber. Intérpretes: Ben Stiller, Kristen Wiig, Sean Penn, Shirley MacLaine. USA, 2013, Duración: 114 min. Género: Comedia dramática.

En esta melancólica, fallida «La vida secreta de Walter Mitty» duerme una preciosa idea de guion: buscar la felicidad.

En esta melancólica, fallida «La vida secreta de Walter Mitty» duerme una preciosa idea de guion: buscar la felicidad –dícese de esa armonía con el mundo con carácter de entelequia– es buscar una imagen. Tiene lógica, pues, que este hombre de existencia gris sea el jefe del departamento de negativos fotográficos de una cabecera legendaria llamada «Life»: si su objetivo profesional ha sido mimar las imágenes de los otros, ahora toca positivar su autoimagen vital. En su viaje iniciático, que lo convierte de un soñador despierto a un aventurero en toda regla capaz de patearse Groenlandia, Islandia y Afganistán en menos de una semana, Walter Mitty descubrirá el poder redentor de una imagen como secreto, o como contraplano de un universo donde todo se mide en éxito social o de ventas.

El gran error de Ben Stiller es revelar esa imagen al final de la película, demostrando que tal vez no sabe lo que se trae entre manos, que ni siquiera intuye las virtudes de su premisa. En el filme, que se aleja del tono de vehículo cómico para Danny Kaye de la versión de 1947, el Stiller director, de una elegancia notable y una extraña sensibilidad para los momentos más lánguidos, se da de bruces con el Stiller estrella para todos los públicos, que subraya y banaliza el discurso netamente capriano del relato. Da la impresión de que Stiller quiere contar demasiadas cosas a la vez, y que lo que gira alrededor de su sacrificado protagonista –la crítica a la deshumanización de las grandes corporaciones, en especial con relación a la metamorfosis digital de los medios; el romance con Kristen Wiig, estupenda actriz desaprovechada– no tiene la suficiente entidad dramática para que esa doliente, delicada película soñada que intuimos salga a flote.