María Luisa, una visionaria de la moda

María Luisa Poumaillou convirtió la tienda abierta en 1988 en la rue Cambon de París en una referencia mundial
María Luisa Poumaillou convirtió la tienda abierta en 1988 en la rue Cambon de París en una referencia mundial

Propietaria de una de las tiendas multimarca más famosas de París, la venezolana ha fallecido a los 64 años de edad.

«Ahora si quieres vender moda tienes que poner una ‘‘celebrity’’ dentro. No importa el arte, importa el show.» Esta contundente frase cargada de reproche la soltaba al aire de Barcelona, una tarde de 2011 mientras comíamos escudella catalana y hablábamos del fenómeno Alexander Wang aupado por Anna Wintour. María Luisa Poumaillou, de soltera María Luisa Ibarra, una venezolana exiliada en París, consiguió convertir la tienda que abría en 1988 en la rue Cambon de París, en una de las referencias mundiales de la moda. Luego llegaría Colette, pero eso ya es otra historia.

Propietaria de una de las tiendas multimarca más influyentes de París, lo que colgaba de sus perchas se convertía en tendencia porque María Luisa tenía el olfato de los grandes compradores de moda, que adivinan nuestros gustos y marcan las tendencias. Sabía ver a largo plazo, el corto no lo trabajaba. Fue universalmente conocida por su nombre de pila y sin apellidos. Los 25 años que tuvo abierta su tienda de la rue Cambon en París, ha sido lugar de peregrinación planetaría y sin internet, sólo por el boca a boca. Margiela, Gaultier, Galliano, Tisci, McQueen o Christopher Kane tienen mucho que agradecerle y los almacenes Printemps también, porque supo darles una vuelta y convertir su sección de moda, en una referencia internacional. Por citar una anécdota, decir que Karl Lagerfeld le envió el carísimo bolso «Milenio» que creó para Chanel para festejar el cambio de milenio, tan sólo porque María Luisa había comentado en una entrevista que ese era un bolso imprescindible en un armario. Lo que ella decía creaba tendencia.

Nadie que la conociese en su primera época podría imaginar que de aquel cuerpo regordete y con un carácter tan difícil –era extremadamente dura– podía evolucionar en el cisne en el que se convirtió, pero de «casta le venía al galgo», ya que su madre, la señora Estrada –aún hoy cercana a cumplir el siglo– levanta las miradas a su paso y sino que se lo pregunten a Penélope Cruz, que se levantó de un restaurante parisino para aclamarla. María Luisa absorbió el buen gusto que vio en su casa y lo convirtió en un trabajo muy rentable. Era muy inteligente, manejaba la ironía como una maestra y vivía alejada del peloteo: ella sería cortante pero una indiscutible trabajadora. Ella no conocía la adulación para tratar con Carla Bruni en su época de primera dama francesa, con Begun Inaara o cuando el millonario Ricardo Cisneros una noche vio luz en la tienda, llamó, entró y compró una cantidad parecida a «Nueve semanas y media». Amaba la moda y tenía detalles como vender el sobrante de las colecciones que no se liquidaban en la temporada. Maria Luisa las vendía a un precio rebajadísimo a los alumnos de las escuelas de moda. Por cierto, «sensacional» era una palabra que vivía en su boca y así era ella; sensacional.

La mejor forma que encontró para luchar contra el cáncer que le detectaron hace años fue la de seguir trabajando, incluso tenía la intención de seguir abriendo tiendas por Oriente con su nombre. Ha muerto en París a los 64 de edad.