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Etiqueta veraniega para Dummies I: el aire acondicionado

Ay queridos, ninguna ideología política conocida ha forjado irreconciliables enemistades y archienemigos acérrimos como lo ha hecho y continúa haciendo el asunto del termostato en España.

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Esta apasionada sociedad nuestra ha sobrevivido a las desavenencias pre y post electorales que no han sido pocas. Lo hemos logrado, parecíamos fracturados, cuando en realidad somos una nación y un solo sentir, bueno dos: frío o calor.

Derechistas, izquierdosos, moderados, progresistas, feministas... todos esos epítetos e incluso otros menos halagüeños quedaron atrás, casi como apelativos cariñosos. Llega el verano y se impone la verdadera batalla, nuestra noche más oscura, la auténtica escisión entre hombres y mujeres, jóvenes y mayores, delgados y corpulentos de la mano de ese artilugio diabólico de apariencia ingenua: el aire acondicionado.

Por ese motivo, he decidido, favorecerles a ustedes con unos sencillos consejos de protocolo esencial a la hora de gestionar las discordias veraniegas que traerá el dichoso invento:

1) Consideración, ante todo: en materia de temperatura debemos aplicar los mismos estándares de educación, generosidad y hasta compasión cristiana a la hora de gestionar nuestros deseos y los de los demás ¿no están de acuerdo? La desconsideración se visibiliza en las grandes tragedias y en los más pequeños hechos cotidianos como el aire acondicionado. El desconsiderado ocupa su mente sólo en despejar el propio camino de obstáculos, sean animales, cosas o personas. Vive sólo para sí, el otro no cuenta, el otro no vale, el otro no existe, amiguitos. El primero paso hacia el sendero correcto es aceptar que somos una comunidad, llámese oficina, hogar, Iglesia, vehículo o velatorio y que en ella los derechos de todos y cada uno de sus miembros deberán verse representados de manera justa y equitativa. Cualquier conducta distinta a esta es una peste, queridos.

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2) ¿Violencia machista?: las mujeres fisiológicamente toleramos mejor las altas temperaturas que los hombres y viceversa. Además, nuestro metabolismo basal es más lento y esto hace que disipemos mejor el calor que los hombres. Por tanto, apliquemos principios democráticos y civismo (les remito al punto número 1). Pero, sobre todo, dejémonos de memeces; he leído un sinnúmero de noticias que hablan de machismo atmosférico, sexismo laboral y hasta maltrato de género termostático ¡por favor! Que los calores no nos hagan perder el tono intelectual como si nuestro cerebro estuviera relleno de nocilla.

3) Edificios poco inteligentes: El único lugar de Madrid donde la temperatura es perfecta en verano es en la Bodega de los secretos, la más antigua de Madrid, convertida hoy en restaurante, un verdadero oasis bajo tierra. En cuanto a los edificios donde se programa por defecto una temperatura gélida, no ya en verano, sino todo el año; sí, esos que responden a valores de tiempos pretéritos donde solamente trabajaban varones envueltos en trajes de lana y con corbata ¡que se modernicen ya! El IDEA, Instituto para la Diversificación y el Ahorro recomienda fijar el aire acondicionado en no menos de 26 grados.

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4) Dress Code masculino: la etiqueta en verano en la oficina no ha de ser otra que elegancia y sentido común a partes iguales. ¡Vístanse de sensatez queridos lectores y se ahorrarán los pleitos estivales! Pienso que los hombres deberían adaptar en lo posible su outfit; es ridículo y muy poco práctico que vistan del mismo modo en febrero que en agosto. Una medida poco canónica pero ecológica será acudir sin corbata en verano (la corbata hace subir dos o tres grados la sensación térmica). Con la supresión de esta prenda, se podrá disminuir el aire acondicionado lo que se traducirá en ahorro energético y felicidad.

5) Dress Code femenino: señoras, procuren tener en la oficina de manera constante una chaqueta discreta (para que no desaparezca) cómoda y polivalente para esos momentos en los que sin duda también tendrán que ceder. Si se les ocurre acudir a la oficina en tirantes y minishort, igual que a jugar un partido de vóley playa, estarán en peligro de muerte inminente. Agarrarse el cuello de la camiseta y expirar aire caliente por dentro del vestido constituirá un alivio momentáneo pero insuficiente; morirán en pocos minutos y lo más importante, estarán incurriendo en una falta de gusto y delicadeza para con sus compañeros que asisten bien trajeados. Una última reflexión ¿es necesario enseñar tanto los dedos de los pies?

6) En casa se hace lo que yo obedezco: Hoy día rara es la vivienda de Madrid hacia el sur que no viene equipada con esas armas de destrucción matrimonial llamadas de nuevo: aire acondicionado. En los hogares, el protocolo es mucho más sencillo que en la oficina, lo primero porque hay menos gente y lo segundo porque se hará lo que diga mamá. Mi marido, que es un marido inteligente lo sabe muy bien: “happy wife, happy life”. No hay más preguntas señoría.

7) En el coche: las discrepancias en el vehículo familiar son similares a las producidas en el interior del hogar e incluso en el interior del lecho y su remedio, exactamente el mismo. Por tanto, les remito al punto 6.

8) En la cama: caballeros, no se les ocurra si quiera introducir la posibilidad de pernoctar con el aire acondicionado puesto, la sola idea es una infamia. Cierto es que el lecho les permitirá ayudar a sus mujeres a recuperar la temperatura de múltiples y económicas formas.

9) En la Iglesia: pues yo me muero de frío; cada domingo regreso a casa con dolor de garganta, y no es que cante la que más ni la que mejor. Lo curioso es que mire a donde mire sólo veo personas disfrutando del verano en manga corta perfectamente reconciliadas con las condiciones atmosféricas. Sólo me queda pedir más fe.

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