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¿Por qué a los niños no les gusta la verdura?

La era de las verduras está en nuestras manos y solo nosotros podemos terminar con este mantra agónico

Si hay un clásico universal en el mundo de la alimentación, éste dicta que a los niños no les gusta la verdura. Un hecho que ha perdurado ad æternum y que parece haberse convertido en una realidad intocable. Sin embargo, se trata de una batalla que tiene fin. La era de las verduras está en nuestras manos y solo nosotros podemos terminar con este mantra agónico que no nos deja ver la luz al final del túnel.

En primer lugar, porque a diferencia de lo que muchos creen, cocinar verdura nunca se nos ha dado bien. Pensemos en la que nos daban nuestros padres y abuelos. Cocida y recocida, toda al mismo tiempo, prácticamente desintegrada y el poco verde restante, tornado en un color más gris que el cemento. ¿A quién le puede gustar esa verdura triste y monocromática? A nadie, ni a los niños, ni a los adultos.

Y es que nosotros consumimos verdura porque debemos hacerlo, ya que nos han dicho, por activa y por pasiva, que es necesario para nuestra salud. No obstante, los niños se encuentran en una etapa vital carente de consciencia sobre lo que es o no es conveniente, por lo que comer eso no tiene ningún beneficio aparente y se torna en una obligación desagradable.

Así pues, desde la visión de un niño, cualquier frase que suene a orden, tiende a ser desobedecida de forma inmediata. Es por ello, que si queremos que coma verdura, no se lo presentaremos como una obligación. Porque al final, si las cocemos en su justa medida permitiendo así que cada elemento tenga el sabor que debe dejará de ser visto como una tortura.

Por ejemplo, en culturas como la japonesa en la que cada verdura se trata por separado y se le confiere su tiempo justo de cocción, tanto niños como adultos la incorporan a su dieta diaria como un alimento más. Y lo mejor de todo ¡les gusta! Además de tener mejor textura y sabor, mantiene mucho más sus propiedades nutritivas, por lo que resulta todavía más saludable.

En definitiva, las verduras no son un monstruo ni deberían ser vistas así si las presentamos como tal. Se acabaron los disfraces en forma de pasta de colores, ni los premios de compensación por haberlas comido. La verdura no es un villano contra el que luchar, por mucho que nuestra herencia cultural nos lo haya enseñado así.